El dolor que sentimos cuando hacemos lo que no queremos hacer, pero que nos dijimos que queríamos hacer cuando no tocaba hacerlo, siempre es menor que el dolor que terminamos creando alargando ese umbral de acción.
O en otras palabras…
Que el dolor del arrepentimiento que vendrá de no haberlo hecho, de no haber cumplido la promesa que nos hicimos a nosotros mismos, duele mucho más que ese hábito que nos acercaría a la promesa, pero el problema…
Es que todo esto, no importa en el momento de la verdad.
En el momento de tomar la acción, porque…
No son estas citas o frases motivacionales de productividad las que nos pasan por la cabeza cuando llega el momento de hacer lo que dijimos que haríamos, y es que mirad…
Me gusta hacer cosas que me gusta hacer.
Obvio, pero…
Si tengo que forzarme a hacer algo que no quiero hacer cada día… Sé que no voy a ser capaz de seguir haciéndolo durante mucho tiempo.
Que terminaré no manteniéndolo, a menos….
Que tenga un “por qué” lo suficientemente grande para hacerlo.
Si tienes una pistola apuntándote la cabeza, estoy convencido que terminarás haciendo aquello que inicialmente no querías hacer… porque ahora de pronto, sí lo quieres hacer, porque si no, te aprietan el gatillo.
O sea que en el fondo…
La disciplina es el compromiso a un objetivo más grande.
Si hemos identificado una meta más grande que nuestras ganas de no hacer algo, y esto que tenemos en el medio, que no queremos hacer, nos acercará más a eso que tenemos tantas ganas de conseguir, entonces de pronto sí quieres sacártelo del medio lo antes posible.
En mi forma de verlo es cuando quieres subir el nivel de tu personaje del videojuego.
Quieres ya tener ese nivel y ser capaz de equiparte la armadura potente y cara de la que ya tienes el dinero virtual para comprar, pero que no te puedes poner porque no tienes el nivel.
Así que… ¿qué haces?
Te vas a farmear.
A matar jabalís, o conejos, o zombies con un montón de ganas porque estás super cerca de ese nivel y sabes que si matas 200 tendrás la experiencia de personaje que necesitas para llegar a ese nivel y por lo tanto poder equipártelo y tener peleas de PvP super sangrientas que es lo que te motiva del juego…
Lo interesante aquí es que te pones a farmear NPCs, personajes automáticos del juego, con muchas ganas a pesar de ser algo que en otras circunstancias verías como aburrido….
Pero en cambio ahora sabes, que en el momento que hayas subido de nivel y te hayas puesto esa armadura o espada, inmediatamente no querrás volver a farmear. Te parecerá aburrido otra vez porque ahora tu objetivo será usar esos items para pegar a otros jugadores online.
Está claro que cada “por qué”, cada razón para conseguir algo, o hacer algo, es subjetivo. Totalmente individual, pero da igual porque mirad…
Ahora que hablábamos de videojuego…
Hay un juego al que algunos nos gusta jugar y subir de nivel.
Es un juego infinito, lo que hace que algunos lo etiqueten de tontería mientras que otros dicen que el hecho que sea infinito es el mejor motivo para dedicarle tiempo y recursos en aumentar puntos de vida, experiencia, y es….
El juego infinito de cuidar a nuestro cuerpo.
Hacerlo más fuerte, hacerlo más sano, hacerlo más resistente, hacer que tenga más energía…
Por esto tengo el proyecto de Biopotencial, con podcast y videos, que algunos ya conocéis, en los que hablo exclusivamente de entreno y dieta.
A pesar de que ahora ya he adoptado el entreno y dieta como mi identidad, hubo un tiempo en que esto no era para nada así.
De hecho ni siquiera me preocupaba mi salud, de niño siempre le decía a mi madre que cuando fuera adulto compraría todos los bollos que quisiera porque ella no me compraba, y mirad como he terminado, haciendo todo lo contrario que aquel Pau pequeño.
Pero cuando era adolescente lo único que me empezó a preocupar, es que pesaba 55kg.
Que era un tirillas de manual.
A medida que la atención de las chicas iban importándome cada vez más, la meta/el objetivo de ganar unos cuantos quilos de músculo iba cogiendo cada vez más importancia, hasta el punto que el hecho de no entrenar se convertía en un dolor inquebrantable porque mi anti-visión, no mi visión de ganar músculo, sino el dolor de seguir siendo cuerpo escombro, cada vez me pesaba más.
Por esto entrenar, cada vez cobraba más importancia.
Si hubiese podido tomar una pastilla que lo hiciera por mí lo hubiera hecho, pero no fue el caso, porque no existe.
Entonces mi mente no le quedó otra cosa que alienarse con ese objetivo.
Por lo tanto quería/no-quería entrenar.
Sacando a relucir que en el fondo…
Ya no era un caso de disciplina, sino un tema de claridad.
De tener claro que quería, o no quería.
Si no sabes cuál es tu objetivo entonces te convencerás que no quieres hacer la tarea que requiere de disciplina.
Algo que podemos aplicar en cualquier ámbito de la vida…
¿Estudiar? El objetivo en el 99,9% de casos es titularte, o convertirte en la profesión que siempre quisiste ser y que requiere de ese título… O estudiar esas oposiciones para convertirte en funcionario para tener un trabajo “de por vida” y vivir la vida padre con el sueldo del Estado, me da igual.
La mayoría de gente no quiere estudiar cuando se levanta por la mañana, pero entonces sólo tienes dos opciones en este ejemplo…
¿Quieres conseguir ese objetivo con unas ganas que te duelen en el pecho si no lo consigues por el resultado final? → Sí.
Entonces quieres estudiar.
¿Quieres conseguir ese objetivo pero tampoco pasa nada si no lo consigues? → No, porque quizás no lo tienes clara o en el fondo no es lo que deseas.
Entonces no quieres estudiar.
Así que lo que os diría es que si nos encontramos haciendo algo pero 5 de cada 10 veces en realidad no tenemos nada de nada de nada de ganas de hacerlo…
¿Sabéis que nos da esto como resultado?
Pues que…
La disciplina = la importancia de la meta, nuestro “por qué”, + el disfrute de la búsqueda.
De las acciones que estamos tomando para llegar a ese “por qué” que nos importa tanto.
En el sentido de que si cogemos cualquier área/dominio/potencialidad/tema que dices que te importa pero que sientes que no estás siendo suficiente disciplinado…
Probad de escribirlo en una lista con una puntuación del nivel de fricción, no de lo bien o mal que lo haces, sino de lo mucho que te cuesta hacer las acciones/hábitos que son tan necesarias de hacer, por ejemplo en mi caso:
Queremos llevar esa fricción lo más cercana al cero que podamos.
Si dentro de cada temática podemos alinearlo con un objetivo que tengamos, una identidad que nos queremos hacer nuestra o algo que queramos conseguir pero que nos hemos convencido que no queremos hacer…
Entonces quizás sí queremos hacerlo, pero necesitamos más claridad en el “por qué” detrás de la actividad.