Ninjas de la vida, para los que nos importa multipotenciarnos para crecer como personas en las distintas áreas de la vida que nos interesan (#522), no dejamos de ver ejemplos de personas que lo petan en sus campos gracias a un solo factor.
Estas personas alegan que lo único (como si fuera poco) que tuvieron que hacer fue perseverar.
Seguir picando piedra sin pausa hasta que consigas lo que te has propuesto.
Lo que pasa es que analizándolo de cerca podríamos concluir que aparentemente no todo el mundo tiene la capacidad de perseverar durante 10 años de sus vidas porque, claro…
Encima tienes que perseverar correctamente.
Porque ¿y si perseveras pero a los 9 años te das cuenta que estabas equivocado? ¿O que no eras bueno? ¿O que el objetivo es imposible?
En algún momento tendrás que decirte que has perseverado por nada, aceptarlo, y empezar de cero.

Esta es quizás la principal razón por la que muchos dejan sus proyectos al cabo de poco: porque no hay garantías que conseguirán lo que quieren (no necesariamente que sean vagos).
Cuando no hay certeza/garantías de que conseguirás lo que querías, nos asaltan dudas y asunciones tipo: ¿y si hubiera perseverado un poquito más y gracias a esto hubiese llegado al éxito que buscaba a los 10 años en vez dejarlo a los 9 años?
Como esa imagen del hombre que abandona su picada de piedra pero que si hubiera persistido un pelín extra, hubiera llegado a los diamantes que tanto tiempo llevaba buscando.
De aquí nos salen dos preguntas que intentaremos responder hoy:
Hace unos pocos años os hubiera respondido que era totalmente individual. Que «depende de la persona».
Que la gente de éxito que se había hecho a si misma a base de picar piedra, nacían o se hacían con la capacidad de superar la adversidad de forma natural porque esa perseverancia tenía que ser un rasgo de personalidad.
O dicho de otra forma: que la crianza de esas personas era un factor clave que les hace desarrollar este rasgo de personalidad que después le hacen petarlo en la vida.
Y aunque siga pensando lo mismo ahora también me he dado cuenta que la perseverancia no se limita a un rasgo, porque según lo que he estado viviendo y experimentando en los últimos años de mi vida hoy os puedo decir que:
La perseverancia también es una habilidad que podemos desarrollar.
Que no hay que ser un genio o que nos toque la lotería de la mentalidad genética para ser más persistente, sino aplicar las mismas reglas que cuando creamos un hábito para desarrollar cualquier habilidad (#469).
Por esto para adquirir la perseverancia no practicarías la perseverancia, del mismo modo que para adquirir la habilidad de tocar la guitarra no podrías empezar a practicar sino tuvieras una directriz. Unas instrucciones. Una dirección.
Podríamos ser perseverantes simplemente cogiendo una guitarra e intentando aprender 8 horas al día pero todo sabemos que sin unas instrucciones claras sólo estamos haciendo el cafre y perdiendo el tiempo.
Lo mismo con cualquier otra actividad en la que pudieras ser un pesado, ser persistente y disciplinado, pero que a su vez nunca llegues al puerto que te habías dicho que llegarías porque no has tenido ninguna dirección clara.
¿Para qué picar piedra sin parar si ni siquiera te has percatado de que en la mina donde estás picando ni siquiera hay oro ni diamantes que minar?
Vamos a ver cómo diferenciarlo y poder adiestrar la habilidad de la perseverancia.
La perseverancia es la capacidad de mantener esfuerzo y determinación constante para llegar a una meta, a pesar de los obstáculos para conseguirlo.
En lenguaje ninja es: picar piedra. Ser un pesado. No desistir nunca hasta conseguir lo que nos hemos propuesto.
No es lo mismo que resiliencia.
Ser resiliente está más enfocado a la flexibilidad.
A la capacidad de adaptarnos, pivotar, recuperarnos, crecer… Lo que nos da una pista enorme para ver que una persona muy persistente pero que no es resiliente se encontrará delante de una encrucijada.
Es verdad que una persona resiliente que no es perseverante lo pasará fatal, porque por mucho que te adaptes si no eres capaz de seguir entonces terminas siendo como un flubber, como el Pokemon Ditto.
Te moldeas a todo pero no eres duro en ninguna situación, pero la encrucijada es que…
Una persona puramente perseverante sin capacidad de flexibilidad se encontrará que tiene en las manos una arma de doble filo.
Si vas en la dirección correcta + eres bueno + algunos astros están alineados, entonces perseverar es la única cosa que te hará llegar al final del camino.
Pero si te has puesto un objetivo súper ambicioso y a su vez nadie te está garantizando que tengas razón en perseguir ese objetivo, podrías peder décadas de tu vida persiguiendo algo que no estás destinado a conseguir.
Las pelis de Hollywood y Disney han hecho un trabajo maravilloso el eliminar la falta de garantías de la ecuación.
En la vida real, no llegar nunca a conseguir lo propuesto por mucho que perseveremos es un resultado más que realista.
De hecho hay más probabilidades que no lleguemos a puerto por mucho que piquemos piedras que no al revés, porque muchos otros factores/ingredientes se tienen que dar para que consigamos lo que queremos en la sopa del éxito.
Pero tengo buenas noticias, y es que hay un factor clave que nos elimina por completo esta inseguridad y falta de garantías.
Un factor que cuando lo conseguimos hace que la perseverancia venga rodada. De forma totalmente orgánica y sin fallos…
Para saber de qué hablo sólo tenemos que hacer memoria de esas personas que conocemos y han perseverado durante tantos años de su vida pero que han conseguido lo que querían. ¿Cuáles eran sus cualidades?
Os dais cuenta, ¿no?
Los que han perseverado durante 10-20 años en sus negocios o relaciones sanas de pareja o lo que sea, no sólo son perseverantes sino que por alguna extraña razón (ahora veremos porque no es tan extraño) también han desarrollado otros rasgos y habilidades de mentalidad.
Ahora os revelo el factor pero quiero exprimir un poco más vuestras cabezas.
Imaginaros esos casos donde podemos sacar energía, motivación, fuerza, foco y capacidad hasta el punto de llegar a ser sobrehumanos.
Como una madre que terminan levantando coches para rescatar a su hijo. Casos en los que la opción de fallar no existe.
Claro que se le activan la adrenalina y otros factores hormonales y metabólicos de máxima emergencia en el cuerpo, pero lo que vengo a decir es que:
Su capacidad termina siendo directamente proporcional a la urgencia o el poder del objetivo marcado.
Claro que en este ejemplo la meta/objetivo es finito en el tiempo, en el sentido de que cuando haya terminado de levantar el coche, ya no hay necesidad de continuar, pero ¿en qué momento de la vida tenemos todas estas cualidades de perseverancia (energía, motivación, fuerza, foco…) a largo plazo.
¿Qué personas conocéis que cumplen estas características que las hacen tan pesados en lo que sea que quieren conseguir en la vida que no paran hasta conseguirlo?
Muchas veces incluso no «terminan» nunca.
Mueren haciéndolo o persiguiéndolo.
Seguro que ya sabéis a qué me refiero… porque sólo hay un factor que nos convertirá en alguien que nunca jamás se rendirá.
Sólo hay un factor que nos hace obtener tanto el rasgo como la habilidad de ser persistentes de forma orgánica sin ningún tipo de esfuerzo.
Un factor en el que nuestra ética, moral y valores personales se tienen que alinear para que podamos picar piedra hasta el resto de nuestros días sin que cueste nada. Ninjas de la vida…
El factor número uno que nos convierte en persistentes de por vida es… nuestro propósito de vida.
Seremos persistente en lo que hacemos (acciones) y mentalidad si nuestro propósito es firme.
No hay más que esto.
Porque si en vez de propósito, sólo tenemos motivación, entonces las acciones y mentalidad que nos llevan hacia un sitio, es puramente estacional. Es finito.
Yo me imagino la motivación como los remos de un barco, mientras que el propósito son las velas.
Tu fuerza y energía es dependiente y finita, mientras que las velas del barco aprovechan algo superior a ti de lo que ni siquiera tienes el control, pero que da mucha más fuerza, velocidad y además de forma infinita.
Cuando te tomas en serio tu propósito, no necesitas que nadie te diga que no te rindas. O si te dicen que estás loco, lo seguirás haciendo igualmente (ahora entraremos en esto).
Pero cuando tienes claro tu propósito no necesitas motivación para actuar.
Claro que algunos días son duros y tienes ganas de no hacer nada por el motivo que sea (enfermo, cansado, te han roto el corazón o quizás estás distraído mirando el precio de Bitcoin)…
Al fin y al cabo, somos humanos.
Pero persistirás cuando tengas un deseo fuerte, una meta que quieras alcanzar tanto que nada más te importe.
Aunque ya sabemos que no estamos hablando de una meta en el sentido más estricto de la palabra.
Seremos persistentes en la vida, siendo constantes a un propósito sin importar las dificultados cuando esta persistencia sea congruente con nuestros valores personales (#510).
En otras palabras: que si en nuestra jerarquía de valores, por ejemplo el respeto tiene un rango más alto que cualquier acción que te haría ganar dinero, pero esa acción te hace no tener respeto para ti mismo o los demás, entonces no persistiremos.
Porque el propósito está directamente relacionado con estos valores.
No es sólo una meta banal.
Es ahí cuando nos será técnicamente imposible picar piedra en esa aspecto durante años antes de sentirnos totalmente quemados.
Persistimos en la búsqueda y el trabajo de valores, pero no necesariamente con la intención de conseguirlos.
Por esto digo que la perseverancia está alineada con propósito.
Porque hemos alineado valores con acciones que nos vemos haciendo hasta el final de nuestros días.
Al menos en este preciso momento, pero hay un pequeño problema…
El problema con la idea de que debes renunciar cuando algo no vale la pena es que a menudo se utiliza como una racionalización.
La idea de renunciar viene a la mente no sólo cuando el esfuerzo es demasiado difícil o que quizás no tenga sentido a nivel monetario, sino sobretodo porque no sirve al propósito de vida.
«Cuando creas has agotado todas las posibilidades, recuerda esto: no lo has hecho» – Thomas Edison
Si no tienes un deseo enorme de ensuciarte las manos, picar piedra y levantarte cada mañana con unas ganas enormes de sumergirte en lo que sea que estés haciendo, entonces, bajo mi punto de vista, eso no es un propósito.
Quizás tienes una meta. La cual requerirá de persistencia, claro.
Pero tendrás que remar con disciplina para llegar ahí, y una vez llegues ahí, buscarás el siguiente destino al que remar una vez hayas recargado las pilas (algunos no se preocupan de recargarlas y es cuando llevan quemadísimos al cabo de unas cuantas metas).
En cambio si en lo que estás trabajando es tu propósito, sentirás que nunca quieres que el viento deje de soplar, porque disfrutas de ese trayecto en barco. De picar piedra.
Cuando encontramos algo por lo que vale la pena pasar por todo tipo de desafíos y adversidades, entonces estamos delante de una actividad, de algo, que muy probablemente sea similar a un propósito de vida.
El propósito no solo define nuestras acciones para lograr algo, sino que también nos define.
Es decir que el propósito crea nuestra personalidad. Crea quienes somos.
Lo que pretendemos lograr afecta a la persona en la que nos convertimos.
«Son tus metas (y no un conjunto predeterminado de rasgos fijos) lo que dan forma a tu identidad. Con el tiempo, y a través de un comportamiento repetido, tu identidad se convierte en tu personalidad». -Dr. Benjamin Hardy
O sea que el quid de la cuestión para convertirnos en una persona perseverante es…
Identificar nuestro propósito de vida.
¿Qué es lo que realmente quieres lograr? O una mejor pregunta (porque no es una meta) sería: ¿en quién quiero convertirme?
Una vez lo sepas, es imposible no ser persistente por esto podemos llegar aun círculo completo y responder las preguntas que inicialmente nos habíamos planteado al inicio:
Ahora mismo tengo claro que el propósito de vida responde perfectamente cada una de ellas.
Y si me preguntáis cómo puede ser que el propósito también responda la pregunta de cómo saber que no estoy perseverando en vano, es porque aún no habéis experimentado el propósito.
Cuando tienes un propósito no puedes dedicarte a ello en vano.
Me refiero a que es físicamente imposible que te dediques a algo en vano porque la propia meta es el camino (#564).
Quien diga que puedes perder años de vida es porque está trabajando en sus metas/objetivos, no en su propósito.
El propósito tiene inicio (el día que lo descubres y lo ves claro), pero no tiene fin y como tal, por su naturaleza, si no tiene fin significa que no lo puedes hacer en vano.
Pero si os parece, nos preocupamos ya otro día para entender mejor el propósito.
Ya cumpliste metas que dijiste que te harían feliz. Entonces, ¿por qué no lo eres?
La respuesta a esta pregunta la he reiterado una y otra vez: porque la felicidad es el subproducto de nuestro estilo de vida.
Es lo que hacemos en nuestro día a día, que si está en sintonía con nuestros valores personales + objetivos, es entonces cuando nos sentimos felices.
Pero la pregunta es, ¿cómo sentir este estado casi permanente de felicidad diaria?
Tengo la suerte de ser una de esas personas que puede decir con la cabeza bien alta, que cada maldita mañana se levanta de la cama con unas ganas locas de exprimir el día haciendo esas cosas que ayer me dije que tendría que hacer hoy.
¿Cuál es el secreto? Que todas estas tareas, me las he ido autoimpuesto yo. Lo he hecho porque es lo que necesito cumplir, para acercarme a unas metas, que a su vez, me acercan a mi propósito de vida.
Esta es la clave. Que la meta esté directamente relacionada con mi propósito. Algo más grande que yo.
Mis metas han ido cambiando, pero este estado permanente de satisfacción diaria, no lo ha hecho.
Esta es la diferencia con, simplemente establecer metas que no tienen más derrape, llegar a ellas y darte cuenta de que disfrutas el éxito durante un momento, pero entonces necesitas otra meta.
En cambio cuando todas estas metas se alinean en una sola dirección que apuntan al propósito, ahí es cuando ese estado ebrio de felicidad constante se apodera de ti.
Esto es lo que significa que «la meta es el camino».
La meta es el trabajo constante hacia un propósito que te llena… y que muy probablemente no terminarás nunca.
No es el hecho de llegar a algún sitio el motivo por el que sales a caminar por el monte el fin de semana, ¿verdad?
Lo haces porque te gusta la naturaleza, o estar solo, el aire limpio, mover las piernas… Has empezado un camino, que sabes que no va a ningún sitio y que encima vas a volver a repetir el siguiente fin de semana sin mucha novedad.
Pero lo haces igualmente.
Lo haces, por el sólo hecho de caminar y con las metas (aquellas que apuntan a tu propósito) sucede exactamente lo mismo.
Miramos hacia al horizonte, para apuntar a una forma de vivir en la que queremos estar flotando/trabajando de forma permanente.
Es por esto que cuando trabajas por alguien o en algo que no va a ningún sitio, tu sensación de energía mental y física se pone en mínimos.
En comparación cuando trabajas en algo que te llena el alma, parece que sacas energía de cualquier sitio. De la propia alma.
Sólo si las mentas apuntan a tu propósito personal, esas metas se volverán el camino.
Ese camino ilimitado en el que el fondo quieres caminar por el resto de tu vida sin llegar al final. Voluntariamente.
Y sé que a este punto los que no han encontrado (aún) su propósito de vida, no sabrán que quiero decir.
Indagaré en ello más adelante pero por ahora decir que lo que entiendo yo con tener propósito es como tener una meta que sabes que es tan grande para ti, que nunca en tus varias vidas podrías conseguir, pero que a la vez, has asimilado, abrazado, aceptado que esta es la realidad, que no la conseguirás, que no tiene techo, y aún así…
El proceso te llena tanto que se convierte en el propio propósito.
Que nunca llegarás a conseguirlo, pero el trabajo constante (diario) para llegar cada día un poco más cerca de este propósito, es mucho más que satisfactorio para sentir que eres necesario en este vida.
El propósito de vida es como hacerte submarinista.
¿Para qué vas a hacerte submarinista sabiendo que sólo el 5% de los océanos han sido explorados por toda la humanidad? Si sabes que nunca llegarás a nada en el submarinismo.

Pues por la experiencia. Para ver y experimentar lo que puedas. Necesitas ver el fondo del océano, los peces, sentir como flotas, el sonido, el silencio…
Indagaremos más en encontrar propósito, ninjas de la vida, pero hoy me quiero centrar en esta herramienta indispensable (a parte de los hábitos) como son las metas como camino. Como parte de esa dirección sin destino para llegar al nivel 100 de nuestros personajes de vida.
Las metas son las misiones de la vida para acercarte a este propósito vital.
Algo que por cierto he visto que pesa mucho más en los hombres: necesitamos este propósito si o sí para ser felices. Sentirnos que alguien o algo nos necesita. Sentirnos útiles aunque sea para nosotros mismos.
Si el propósito es el nivel 100 al que espiras en tu personaje de la vida, las metas son las misiones secundarias que necesitas ir completando en tu juego de la vida para ir subiendo de habilidades, de nivel e ir acercándote a este juego de la vida.
Queremos trabajar en estas metas, para tener éxito en ellas. Para completar las misiones.
Pero tengas (ya) propósito o no, habrá igualmente cosas que querrás conseguir.
Es verdad, puedes hacer misiones secundarias simplemente por diversión (metas sin propósito), aunque sólo sean esas misiones que trabajan el propósito las que te irán aumentando de nivel.
Por esto no importa si tus metas son para enfocarte a tu propósito o aún no, la psicología del establecimiento de metas será igual en todos los casos.
Una psicología en la que hoy indagamos y que nos hará más propensos al éxito.
Antes de definir los pasos para llegar a una meta según la psicología del establecimiento de metas, tenemos que poder elegir esa meta más grande que se convierta en el camino.
¿No os parece casualidad que las personas que etiquetamos de exitosas, no dejen de tener éxito una y otra vez?
¿Por qué esas personas no dejan de petarlo?
Hace unos años unos investigadores de Texas, queriendo responder a esta pregunta descubrieron como si nuestro cerebro tiene objetivos a los que apuntar, su estructura literalmente cambia para auto-oprimizarse para conseguir esa meta.Stuifbergen AK, Becker H, Timmerman GM, Kullberg V. The use of individualized goal setting to facilitate behavior change in women with multiple sclerosis. J Neurosci Nurs. 2003 Apr;35(2):94-9, 106. doi: 10.1097/01376517-200304000-00005. PMID: 12795036.
Es lo que se llama neuroplasticidad.
Esto significa que una meta literalmente se puede convertir en nuestra identidad.
Estamos hablando de que conviertes tu propósito, esa meta, ese fin sin fin, en algo que dictará quien eres como persona.
Y es por esto que también descubrieron, como no todas las metas crear esta neuroplasticidad.
No. No todas las metas son iguales ni tienen un impacto tan grande para el cerebro hasta el punto de cambiar nuestro circuitos.
El tipo metas que hacen que la neuroplasticidad del cerebro sea aún más dramática, que ese cableado se programe aún con más fuerza para conseguirlas son…
Las metas emocionales.Carson, P. P., Carson, K. D., & Heady, R. B. (1994). Cecil Alec Mace: The man who discovered goal-setting. International Journal of Public Administration, 17, 1679–1708.Locke, E. A. (2002). Setting goals for life and happiness. In C. R. Snyder & S. J. Lopez (Eds.), Handbook of positive psychology (pp. 299–312). New York, NY: Oxford University Press.Locke, E. A. (1968). Toward a theory of task motivation and incentives. Organizational Behavior and Human Performance, 3(2), 157-189.
Cuanto más emocional sea una meta más cambios neuronales hay.
Por esto una meta que esté hecha para trabajar en un propósito de vida tiene mucho más impacto y nos hace más propensos a conseguirla (o al menos en encaminarnos hacia esa dirección) que una que no lo es.
¿Cómo puede ser a pesar de estar cansados de trabajar (físicamente y mentalmente), seamos capaces de sacar energía de nuestro cuerpo de donde no la hay cuando algo nos apasiona?
Son estas metas emocionales.
Haciéndonos decenas de veces más propensos a tomar las acciones pertinentes para conseguirla.
Normal que el 23% de aquellos que se han puesto metas de año nuevo las terminan abandonando la primera semana del año.Norcross JC, Vangarelli DJ. The resolution solution: longitudinal examination of New Year’s change attempts. J Subst Abuse. 1988-1989;1(2):127-34. doi: 10.1016/s0899-3289(88)80016-6. PMID: 2980864.Dickson JM, Moberly NJ, Preece D, Dodd A, Huntley CD. Self-Regulatory Goal Motivational Processes in Sustained New Year Resolution Pursuit and Mental Wellbeing. Int J Environ Res Public Health. 2021 Mar 17;18(6):3084. doi: 10.3390/ijerph18063084. PMID: 33802749; PMCID: PMC8002459.
En psicología se llama «brecha de intención».
Es cuando decimos que vamos a hacer algo pero nuestras acciones dicen lo contrario.
Lo que tiene un impacto para nuestra psicología y propósito mucho más grande de lo que algunos pueden pensar.
Cuando dejas de cumplir lo que has dicho que ibas a hacer (aunque sean propósitos irrisorios sin demasiada importancia), dejas de tomarte en serio.
¿Quieres más confianza y amor propio? Haz lo que te dices que vas a hacer.
No cumplir lo que no habíamos dicho que íbamos a hacer es una discrepancia en nuestro subconsciente es cuando empezamos a perder el respeto por nosotros mismos.
Aunque sea de forma subconsciente.
Y terminas no haciéndolo… Es ahí cuando acostumbras a tu cabeza a no cumplir tu palabra.
Cuando la comodidad te puede (porque todo cambio requiere de esfuerzo emocional), tus acciones no se emparejan con tu intención y es cuando dejas de creer en ti mismo.
Dejas de creer en ti mismo porque si un amigo te dijera que vendrá puntual cada día que quedáis, o que te hará un favor, pero nunca termina haciéndolo… dejarías de creer en la palabra de ese amigo.
Es por esto que dejamos de creer en nosotros. Porque fallamos a nuestra propia palabra.
Para convertir en una meta en nuestro camino, nuestro propósito, lo primero y de lo que nadie habla es en cumplir nuestra palabra por todas las cosas que nos prometemos en el día a día.
Por pequeña que sea.
Una vez nos tomamos a nosotros mismos en serio, es cuando podemos considerar todos los puntos que la psicología ha estudiado de la teoría del establecimiento de metas (goal setting theory), como por ejemplo:
La Asociación Americana de Psicología (APA) sacó un modelo de tres puntos muy claros para definir el ratio de éxito que tendremos en una meta transcendente.Nowack, K. (2017). Facilitating successful behavior change: Beyond goal setting to goal flourishing. Consulting Psychology Journal: Practice and Research, 69(3), 153-171.American Psychological Association. (2017, September 27). Beyond goal setting to goal flourishing. Retrieved.
Según estos psicólogos el objetivo concreto que tengamos en mente tendría que:
Este triángulo creo que funciona porque responde a una pregunta que muchos evidencia de la psicología confirma que deberíamos autorespondernos y es… preguntarnos el «por qué» queremos conseguir eso específicamente.
Los estudios vieron como los que eran constantemente conscientes de «por qué» querían conseguir una meta concreta, tenían 7 veces más probabilidades de llegar a estas metas que los que se obsesionaban con el «cómo».Wieber, Frank, Lisa A. Sezer and Peter M. Gollwitzer. “Asking “why” helps action control by goals but not plans.” Motivation and Emotion 38 (2014): 65-78.Kerns, C. D. (2005). The positive psychology approach to goal management. Graziadio Business Report, 8(3).
Porque recordemos que tanto los propósitos de vida como los objetivos más pequeños pueden ser tanto descubiertos como explorados.
Por esto en un estudio de hace un par de décadas los investigadores se dieron cuentas que si responder este «por qué» estaba en línea con
En los 70 ya se miraba como los sujetos que en el estudio tenían bien definido por qué tenían que cumplir ciertas metas, tenían un ratio más alto de cumplirlo.Yukl, G. A., & Latham, G. P. (1978). Interrelationships among employee participation, individual differences, goal difficulty, goal acceptance, goal instrumentality, and performance. Personnel Psychology, 31(2), 305-323.
Porque las metas, cuando son acompañadas de valores, de transcendencia, de propósitos de vida, son más propensas a ser alacanzadas.
Por esto no es casualidad que nuestro ratio de éxito (cumplir metas más grandes o pequeñas) esté directamente relacionado con la introspección que tenemos sobre nosotros mismos.
Porque sin una visión, unos valores, entonces tu misión, los objetivos que tienes que ponerte, son puro humo.
Por esto no es casualidad todos estos beneficios psicológicos demostrados de cuando escribimos un diario de gratitud correctamente (#555). Que nos hace más propensos a alcanzar nuestras metas y la vida que queremos conseguir.
Ahí salen a relucir nuestros valores, entre las conexiones neuronales que hacemos.
Por esto lo hacemos escribiendo físicamente en papel, porque se ha demostrado que escribir a mano tiene beneficios para el cerebro (#561), y también para nuestros objetivos.
La evidencia ya nos ha enseñado a como escribir objetivos muy grandes a las que aspirar, nos hace más propensos a conseguirlos.
¿Cómo puede ser esto posible? Pues porque nos hace visualizarnos a nosotros mismos consiguiendo lo que sea que queremos conseguir.Cole S, Balcetis E, Zhang S. Visual perception and regulatory conflict: motivation and physiology influence distance perception. J Exp Psychol Gen. 2013 Feb;142(1):18-22. doi: 10.1037/a0027882. Epub 2012 Mar 26. PMID: 22449101.Ranganathan VK, Siemionow V, Liu JZ, Sahgal V, Yue GH. From mental power to muscle power–gaining strength by using the mind. Neuropsychologia. 2004;42(7):944-56. doi: 10.1016/j.neuropsychologia.2003.11.018. PMID: 14998709.
Esto sucede por el simple hecho de que imaginándonos a nosotros mismos con esas metas, se crea una conexión emocional más fuerte con esos objetivos. Y como bien sabéis, somos seres absolutamente emocionales.
Por esto cuanto más emocional sea una meta, más propensos a conseguirlas o acercarnos a ellas.
Mirad el impacto que tiene que me dejó flipado como los sujetos que apuntaban a metas más grandes y más emocionales, su cuerpo se ponía a modo conservación de energía.Becker, L. J. (1978). Joint effect of feedback and goal setting on performance: A field study of residential energy conservation. Journal of Applied Psychology, 63(4), 428–433.
Ahorraban un 20% más de energía que los que ponían metas asequibles para la mayoría.
Unos estudios que ya vienen de muy atrás. En los mismos años 90, Locke fue el pionero en investigar qéué nos hace conseguir y dejar de conseguir ciertas metas.Locke, E. A. (1996). Motivation through conscious goal setting. Applied and Preventive Psychology, 5(2), 117-124.
Una de las cosas que vio es que (a pesar de que la gente no toma acción que sigan lo que se han dicho a ellos mismos que harían):
Los que definían metas más ambiciosas tenían un mejor rendimiento y eran más productivos durante su día en comparación que con los que no lo hicieron.
El hecho de que fueran metas ambiciosas les hacían no sólo más productivos sino más felices.University of California – Riverside. «Ambitious goals equals satisfaction.» ScienceDaily. ScienceDaily, 18 August 2011.
¿Os dais cuenta entonces por qué la mía es la única agenda de productividad del mercado que combina ciencia tanto de Establecimiento de metas como nos enseñan los libros de psicología positiva?
La ambición está totalmente ligada a la felicidad porque valoramos menos las apuestas seguras que las arriesgadas.
Seguramente por el potencial que podamos recibir… A pesar del riesgo.
En los años 60 Locke publicó su llamada «teoría de la motivación e incentivos» dónde concluyó que:Locke, E. A. (1968). Toward a theory of task motivation and incentives. Organizational. Behavior and Human Performance, 3, 157-189. Locke, E. A. (1969).
Mucho más efectivo que ir con la mentalidad de «haré lo que pueda».
Los que estamos metidos en el mundo del desarrollo personal sabemos de buena pasta que cuando nuestros objetivos son claros, o si conocemos a alguien que tiene claro en qué dirección ir, estas metas nos hace tener una visión hacia la vida mucho más positiva.
Percibir fracasos como pequeños contratiempos (esperados) en vez de carencias.
Los estudios demuestran como si entrenamos la mente para que se oriente hacia metas (grandes o pequeñas, profesionales o personales), el cerebro automáticamente se cablea para crear una imagen propia ideal que forme parte de nuestra identidad.
De nuestro «yo» más esencial.
¿Cómo no nos va a ser más fácil tener éxito en lo que nos propongamos si ya nos percibimos como alguien que lo consigue?
En el libro Outliers (fuera de serie, en español) de Malcolm Gladwell, se popularizó la idea de que necesitas 10.000 horas para convertirte en el amo y señor de lo que quieras.
En el libro de Peak en el que se indaga si el talento es innato o adquirido (#600), lo desmiente.
Y es que esta teoría está basada en observaciones subjetivas, no objetivas.
Porque no es verdad que necesitas 10.000 horas para convertirte en un maestro de algo.
No hay nada mágico en la cifra de 10.000 horas, la misma que se usa con los pasos de caminar para adelgazar o estar sano, por cierto.
Es una cifra que no deja de ser la que el autor decidió elegir porque era la media de las horas que los mejores violinistas habían practicado cuando tenían 20 años.
Decidió no elegir las 7.400 horas de media que llevaban a sus espaldas cuando tenían 18, no. Decidió 10.000 horas a los 20 años.
Supongo que porque el número que más bonito que decir «7.400».
Si miramos datos objetivos vemos como los pianistas profesionales internacionales acostumbran a ganar competiciones cuando tienen 30 años de media y han necesitado 20-25 mil horas de práctica.
O sea que en este contexto las 10.000 horas sería sólo la mitad para ellos.
Vamos, que los números cambian de campo a campo.
Estos números y horas de práctica en el fondo no representan horas de práctica deliberada específicamente.
Los Beatles no practicaron tanto como Gladwell dijo en su libro que habían practicado.
De hecho sólo llegaron a un 10% de estas 10.000 horas. Poco más de 1.000 horas.
Además de que actuar o tocar no es lo mismo que practicar.
Y esto sin contar que lo Beatles eran famosos por las canciones que escribían, no por tocar canciones de otra peña.
Eso sí, lo que el autor de Outlier sí tocó bien, ahora que hablamos de tocar, fueron esos años de trabajo duro por los que tienen que pasar los expertos para volverse… bueno. Expertos.
¿La razón verdadera por la que toma tantas horas volverte un experto?
La respuesta es más fácil y de sentido común de lo que os pensáis…
Pues porque estás compitiendo contra los demás expertos, y ellos sí que están dispuestos a dedicar miles de horas.
Me refiero a que la valoración que hacemos de un rendimiento, si somos expertos o no, lo pone la propia sociedad humana.
Si sólo tú supieses tocar el violín, sólo con hacer una escala musical ya serías el experto.
O sea que no existe un punto en el que el rendimiento alcance su máximo y la práctica adicional no conduzca a una mejora adicional.
Las técnicas de entrenamiento se mejoran constantemente y se alcanzan nuevos niveles de logro gracias a la propia naturaleza del gen de competición que tenemos.
Debe ser algo de apareamiento que la naturaleza ha ideado…
Lo que quiero remarcar es que no vale con practicar, sino que hay dos tipos de práctica.
¿Qué se necesita para una práctica con propósito?
En la práctica con propósito, estás centrado… pero en la deliberada hay un estado de flow en si mismo (#483, #486).
Ir más allá de estar centrados y de apretar más de la zona de confort.
Tocar música pop, bailar folclórico y hacer crucigramas no son enfoques de entrenamiento estándar.
Pero en cambio la música clásica, el ballet y las matemáticas tienen métodos de práctica o entrenamiento muy bien desarrollados que convertirán a cualquiera en un experto si ese cualquiera simplemente decide sigue el camino.
Lo que tienen en común estos campos es lo que los hacen interesantes para analizar, y es que tienen:
Claro, ellos mismos tuvieron que pasar por el aro y con cada generación se fue refinando el sistema de esta práctica deliberada.
Si ponemos como ejemplo el piano o el violín vemos como se requieren unos 20 años de práctica constante para tener la oportunidad de llegar a ser de los mejores del mundo.
Porque ya es de estos ámbitos refinados donde el nivel es altísimo. La propia sociedad ha decidido que este es el nivel experto, por una cuestión de lo difícil que es ser mucho mejor que la media. Porque la media lleva aumentando desde hace siglos.
Precisamente en el propio libro de Peak el propio Ericsson reclutó a 20 violinistas para poner todo esto a prueba.
De hecho a propósito pilló: los buenos, los mejores, y los «jefazos amos y señores», para ver qué los diferenciaba.
Vio que de media todos habían empezado sobre los 8 años de edad. Que generalmente tomaron clases una vez a la semana durante una hora, pero que…
Lo que les diferenciaba fueron las horas de práctica que se tomaban en soledad. En su tiempo libre.
Y uno de los factores que confieso que me sorprendió de primeras de ver, pero no de segundas fue que…
Ninguno de los profesionales dijo que amaba practicar en casa.
Alegaban que se les hacía difícil practicar en el sentido de que era todo un reto.
No hubo violinistas a quienes les encantara ensayar o necesitar menos motivación.
Entonces la única diferencia entre los 3 grupos fueron las horas de práctica en solitario.
Y cuando Ericsson estudió los bailarines encontró el mismo patrón.
El único factor significativo en la habilidad de los bailarines fueron las horas de práctica.
Los mejores bailarines llevaban a sus espaldas una media de más de 10.000 horas a la edad de 20 años.
Esta práctica deliberada es diferente de otras prácticas intencionadas.
Pensemos en campos bien desarrollado, música, danza, ajedrez, ciertos deportes como la gimnasia, el buceo, el patinaje artístico.
Que por cierto, en estas profesiones no hay una competencia interna directa y muchos de los trabajos laborales actuales no entran en esta categoría.
Por ejemplo, profesor, ingeniero, consultor, jardinero, etc…
Básicamente porque no existen criterios objetivos para pasar un techo de petarlo.
Llegas a un punto y de allí ya no puedes pasar.
Por esto la práctica deliberada que es distinta a la práctica con propósito porque en la deliberada también es informada. Es decir:
Por esto en ciertos círculos se habla de aprender las habilidades más fundamentales desde el principio para no tener que volver a atrás a aprenderlas si no las has aprendido o has aprendido mal.
Como cuando te sacas el carnet de coche y el instructor te hace tanto énfasis en no pillar ningún tic raro al conducir.
Para así dejar las bases bien sólidas para más adelante.
Dentro del libro se habla de como es mentira que:
Y una de las mentiras más grandes debe ser el disfrute constante…
Recordemos que el estado de flow, para entrar en él se necesita una parte de reto e incomodidad.

El disfrutar o no hacerlo es otra de las partes de la práctica deliberada, porque sé que muchos de vosotros pensaréis que os diré que hay que disfrutar.
Al final es lo que nos han vendido muchos círculos de desarrollo personal, ¿no?
En realidad la práctica deliberada implica ser muy consciente de lo que estamos haciendo en este momento.
Lo vemos en los cantantes novatos, que salen de clases de canto sintiéndose felices… Pero en cambio no sucede lo mismo con los profesionales, porque se están centrando un montón en cada maldito detalle.
Les quema la cabeza.
Lo mismo con los corredores amateur, que se tienen que buscar trucos para distraer la mente mientras corren, en cambio los profesionales están en sintonía con su cuerpo.
Cualquier actividad en los límites de nuestra habilidad requerirá de nuestra máxima concentración y esfuerzo.
Por esto supongo que el bueno de Ericsson encontró como los estudiantes de violín, también tocaban entre sesiones de ensayo porque estaban ya tan enfocados, tan en flow, que les era más natural seguir ensayando entre ensayos que no dejarlo.
Supongo que por esto lo llamamos flow al fin y al cabo.
Fijaros como el foco tradicional de aprendizaje es con simplemente darnos información.
En cambio la práctica deliberada está centrada sólo en mejorar el desempeño, no la información.
La habilidad es mejor que la pura información. Porque de hecho en la práctica deliberada ya hay la información.
Incluso aunque mires porrones de vídeos para aprender una habilidad, podemos perder los detalles o coger ticks.
Por esto el hecho de tener un profesor lo cambia todo, claro que no todo el mundo tiene esta oportunidad.
Yo mismo me enseñé inglés a mi mismo utilizando la técnica shadowing para actuar lo que decían en inglés en mis series favoritas y para después memorizar las palabras que no entendía creando flashcards.
Incluso antes de la era de internet, Ben Franklin se autoenseñó a escribir imitando artículos de The Spectator.1
Oportunidades para fabricar nuestras propias oportunidades hay de sobras.
No necesitamos que el profesor o el mentor sea una persona física como tal. Muchas personas han aprendido todo lo que han querido saber siempre utilizando internet o libros o cursos.
El proceso sería estar enfocado > tener algún tipo de retroalimentación > arreglar el resultado de esa retroalimentación.
No es casualidad que los artistas aprendan copiando, imitando.
Porque sólo podemos crear nuestras formas de representación mental cuando intentamos reproducir lo que pueden hacer los expertos.
Entonces fallamos e intentamos entender porque hemos fallado.
Lo volvemos a intentar.
Volvemos a fallar… Y así una y otra vez.
Vamos que las representaciones mentales que tienen éxito están totalmente ligadas a las acciones.
Y cuando llegamos a esa meseta, a ese techo del que sentimos que no podemos salir, lo que necesitamos hacer es retarnos de forma distinta.
Variar de rutinas o patrones con distintos tipos de ejercicios.
Pero esta variación tendría que venir de entrada, antes de llegar a la meseta en primera instancia para, de este modo, no llegar nunca al techo.
Por ejemplo jugar contra un oponente distinto continuamente, hacerlo en menos tiempo, intentar entender que es lo que te retiene el nivel que no te deja avanzar…
Con esto entonces practicar técnicas que estén centradas a mejorar nuestras debilidades, porque son lo que siempre nos tiran.
Supongo que por esto la práctica solitaria es la que ayuda a la gente a mejorar, aunque a nadie le gusta.
¿Qué motiva a la gente a practicar de forma deliberada durante tanto tiempo y encima hacerlo en soledad? Pues antes que nada…
Hay muy poca evidencia científica que indica que existe la fuerza de voluntad en general.
Me refiero a que la fuerza de voluntad es un atributo muy centrado an situaciones específicas.
La gente acostumbra a encontrar mucho más fácil empujarse a si misma en algunos áreas antes que otras.
Pero tanto el talento como la fuerza de voluntad se asignan a las personas «después de hacer», pero no hay evidencia científica de que exista.
La motivación por su lado es distinta que la fuerza de voluntad.
Para mantener esta motivación, o bien reforzamos las razones que tenemos para continuar, o la otra estrategia es debilitar las razones para dejarlo.
Lógicamente la mejor manera es aplicar ambas.
Pero cualquier persona que quiera mejorar una habilidad, debería dedicarse una hora o más cada día a practicar eso a lo que pueda dedicarse con máxima concentración.
Si adquirimos el hábito de fijarnos el tiempo de práctica, entonces reducimos las razones para dejarlo.
Debe ser por esto que los profesionales se programan con mucha antelación pero a la vez practican en sesiones cortas que no acostumbran a sobrepasar la hora.
Es por esto que una vez hemos practicado y vemos resultados, la propia habilidad en si se vuelve motivante.
Esto es porque nuestra sensación de identidad cambia y la práctica se vuelve más una inversión que un gasto.
¿Cómo no perder motivación?
Pues dividir la habilidad en distintos niveles, como si fuera un videojuego.
Incluso esas habilidades que parecen o son arbitrarias tienen que ser divididas en niveles.
La mayoría de nosotros ahora mismo estamos en campos donde se permite la práctica deliberada, ¿no?
Algo de entrenamiento, el trading, el aprendizaje de algo…
Si estamos en un campo que lo permite, lo único que necesitamos es usar el tiempo, pero en Peak también se hace hincapié en como ser aún más eficientes que simplemente usar el tiempo:
Entonces en esta identificación de quienes son los mejores se nos habla de utilizar una medida objetivo.
Claro que puede ser muy difícil encontrar esta media si tus referentes son médicos, pilotos, empresarios, pero hay otros sectores donde es mucho más fácil: cuanto ha ganado un trader, cuánto ha publicado un escritor, podcaster o editor…
Es importante buscar esas puntuaciones, valoraciones, notas, porque son más objetivas que los juicios subjetivos, donde entran a jugar montones de sesgos.
Supongo que con esto es cómo nos venden tantísimos cursos de personas con dudable reputación. Sólo porque los hemos visto anunciados en Instagram.
Por eso hay que prestar tanta atención a los medidores objetivos de los considerados «expertos».
No subjetivos.
Una medida objetiva de un asesor financiero sería demostrar cuanta rentabilidad has ganado.
Si no has pasado del 100% este año, entonces no me interesa.
Ahora bien, ¿cuál es la dificultad?
Pensad que la calidad de las representaciones mentales distingue a las mejores, pero son invisibles.
Es decir que no directamente observables.
Por esto la parte de hablar con artistas o expertos, de nuevo, objetivos, de verdad, es indispensable para ver cómo abordan lo que ellos hacen.
Su arte.
Te pongo un ejemplo para que lo entiendas bien.
En los años 1920 y 1930, el corredor finlandés Paavo Nurmi estableció 22 récords mundiales.
Si tú hubieses sido su competencia directa, ¿qué hubieses hecho?
H0DER, pues preguntarte qué está haciendo diferente este Paavo.
Vieron que lo que estaba haciendo no era tener un mejor talento, sino un mejor sistema.
El señor Nurmi marchaba al ritmo con un cronómetro. También usaba el entrenamiento a intervalos para aumentar la velocidad. Seguía un régimen de un año para estar siempre entrenando… etc.
Los otros corredores simplemente adoptaron estas técnicas, y todo el campo del running elevó el nivel.
Las marcas subieron para todo el mundo al adoptar un mejor sistema.
Vivimos en un tiempo donde todo exige propósito, rendimiento, retorno.
Si no produces, no sirve.
Si no escalas, no vales.
Pero la vida no siempre funciona así.
A veces uno simplemente necesita detenerse y pensar. Es por esto que hablo muy a menudo de la idea de “aburrirse a propósito”.
De caminar a todos los sitios sin podcast, sin videos, sin música, sin móvil, sin distracciones.
Dejar que la mente se aire.
Esto junto a tener el horario totalmente abierto después de la siesta. No tocar a penas nada de mis proyectos.
Esto hace que las primeras horas del día tenga que entrar en estado de flow sí o sí.
En hacer ese querido deep work, pero algo que me dije hace unos años, es que ya no quería volver a ser esclavo de todo esto.
Mirad, cada día, las redes nos muestran a gente joven logrando cosas que antes estaban reservadas a estrellas de cine o deportistas de élite.
Nos repiten que todo es posible si trabajas duro, si no te rindes, si persistes lo suficiente. Y cuando no lo consigues, te dicen que la culpa es tuya por no haberlo deseado más.
De no haber hecho más.
Estoy harto de ver recomendaciones de Alex Hormozi. Un tío que hace como $100 millones al año, pero que sólo vive trabajando (dicho por él mismo).
No hace nada más que no sea trabajar.
Y no me malinterpretéis. Me encanta trabajar pero… ¿solo trabajar?
El mensaje de este señor y toda la cultura hustle es simple y a la vez cruel: si no eres exitoso, es porque no hiciste más.
Y como no hiciste más, no tuviste éxito y por lo tanto fallaste.
Detrás de esa narrativa, lo que no se muestra es la fatiga, la ansiedad y el vacío que deja perseguir una vida que quizá nunca quisimos en primera instancia
Muchos de esos gurús que predican la libertad financiera no viven en libertad.
Dependen de mantener el relato vivo, de venderte el curso, de repetir una fórmula que ni ellos entienden del todo.
Saben que tarde o temprano el ciclo se agota, y por eso prolongan la ilusión.
Ese es su trabajo.
Pero no todos tenemos las mismas condiciones.
Algunos dependemos de otros, otros dependen de nosotros.
Algunos aún están estudiando, construyendo, formándose. Y es necesario decirlo claro: si estáis en esa etapa, continua. No te preocupes porque la vida te dará espacio suficiente para hacer dinero más tarde.
Para mí, es como estar jugando una partida de ajedrez y cuando ya ha sido tu turno, vuelves a mover pieza una segunda vez.
Algo va a salir mal, porque así no es como funciona.
Más de lo mismo con la vida.
Porque la vida es una combinación perfecta de caos y linealidad.
Está hecha para que lleguen a ti etapas que no conocías y que tendrás que abrazar. Como capítulos inevitables…
Pero a la vez hay el caos de tropezarse, equivocarse y hasta de perder el tiempo.
Algo que miramos con malos ojos pero que en el fondo es totalmente necesario para poner orden mental, emocional y psicológico tanto al caos como a las etapas.
Quien intenta saltarse los pasos solo consigue vaciar de sentido el recorrido, y es por esto que quiero haceros una recomendación importante…
Leeros o mirad un resumen en video o escuchad el audio antes de ir a dormir sobre la La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han.
Hablaba de una sociedad agotada por el exceso de positividad, donde la autoexigencia se ha convertido en la nueva forma de dominación.
El lema contemporáneo no es “puedes hacerlo”, sino “debes hacerlo”.
Si no lo haces, eres tú el problema.
Si no prosperas, es que no trabajas lo suficiente.
Y esa presión nos lleva al límite: no a la mansión de nuestros sueños, sino al agotamiento.
Nos venden la ilusión del progreso personal como cura universal, pero en realidad lo que cultivamos es frustración.
Vivimos en medio de un espejismo donde la promesa del éxito sustituye a la experiencia de vivir.
A veces, lo más sano es detenerse.
Apreciar lo que tenemos, sin confundirlo con conformismo.
Apreciar el simple hecho de estar vivos, de tener un momento de calma, incluso cuando parece que “no estamos haciendo nada”…
Cuando de hecho no lo estamos haciendo.
¿Y si el mayor logro quizá no sea producir más, sino disfrutar de lo inútil?
Hacer algo que no aporte absolutamente nada y, aun así, sentirnos vivos.
No puedo evitar recordar esa imagen/ilustración/comic de un perro y su dueño. Sentados en un lago mirando al horizonte.

En la ilustración se ve la nube de pensamiento del dueño. Como está pensando en su trabajo, relaciones, dinero y mil cosas más.
Pero también hay la nube de pensamiento del perro, y en esa nube se ilustra exactamente la misma ilustración que estamos viendo nosotros.
Para reflejar esa sensación de presencia en algo que podemos etiquetar de “inútil”.
Ese dueño adoptó un perro seguramente con la intención de estar menos solo que nunca y tener un compañero sin agendas.
Pero en algún momento perdió el sentido de por qué lo había adoptado.
Ahora sacarlo a pasear es una tarea que tiene que sacarse de encima.
¿Por el perro? Los tres mejores momentos del día.
Fijaros en una cosa..
Siempre estoy haciendo analogías de la vida como un videojuego, y es porque me di cuenta de las horas y más horas que estaba pasando en el Lineage II.
Hay arte en distraerse, pero sin pasarse, claro.
Yo sin duda me estaba pasando.
Pero si digo que podemos sacar algo bueno de perder el tiempo es precisamente porque me di cuenta de todos los aprendizajes subconscientes que el Lineage II me había dado.
En las últimas semanas antes de dejar de jugar para siempre (al menos hasta el día de hoy), lo abría ya no para pasarme misiones de clases o luchar contra otros jugadores.
Era para ver el amanecer virtual, coger mi montura e irme por ahí, y ver paisajes que no tenían ningún motivo por existir pero que los desarrolladores habían puesto por ahí igualmente.
Sobretodo en el último par de años he estado haciendo exactamente lo mismo pero en mi vida real.
He estado caminando 18.000 pasos al día, ya no para sentirme productivo, sino por tener unas horas en las que no me preocupo por el móvil y lo que pasa dentro de las pantallas, pero sí en lo que pasa en mi mente.
A veces pienso en negocios o proyectos.
A veces en personas.
A veces en tonterías.
Da igual.
Ese aburrimiento termina siendo la fórmula del orden y la calma.
De coherencia y aclaración.
Seguro que os habéis encontrado que vais de vacaciones, o a la montaña/naturaleza, o ya ni algo tan “grande”, sino hasta esos micromomentos en la ducha donde se está tan bien.
En un lugar donde podéis desconectar…
Las mejores ideas o las más locas siempre vienen ahí.
No en la rutina de la eficiencia, sino en la pausa del ocio que viene la claridad en todos los ámbitos de nuestra vida.
Para mí los videojuegos eran refugio.
Mi rutina de mañana productiva con trabajo y café para mí es refugio.
Pero ya intenté de hacer toda mi vida así, y me encontré que también era refugio mi ocio.
El ir a caminar, ir a entrenar, quedar con gente…
No por evasión, sino por equilibrio.
No son la vida, pero tampoco lo contrario. Son ese espacio donde podemos ser sin rendir cuentas.
Obviamente, como todo exceso, el abuso no es sano. Pero aprender a estar sin producir, sin competir, sin rendir, es una forma profunda de salud mental bajo mi opinión…
Porque no todos partimos desde el mismo punto.
No todos tenemos las mismas oportunidades pero todos podemos encontrar belleza en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo que no genera nada más que satisfacción…
Y paradójicamente ahí está la satisfacción.
Quizá este boletín llegue a pocos, y está bien.
Que llegue a quien tenga que llegar.
Si os encontráis en un momento de duda, si os sentís cansados de no llegar a lo prometido, recordad que a veces basta con existir. Con ser.
En pausa. Parados.
Jugando a hacer lo que sea que queremos hacer. O tumbados sin hacer nada (cuando digo nada, es nada).
Para mí no tiene sentido ni conformarme, pero tampoco castigarme.
Porque al final del día lo que importa es como manejamos nuestra expectativas, y nadie puede tener una expectativa tan baja, como aquel que no espera nada porque disfruta lo mínimo.
Es por esto que cuando creé la agenda de productividad no fue con evidencia científico para hacer más, más y más.
Sino para hacer mejor.
Para tener presente que dedicaré al menos la mitad de mi tiempo a hacer cosas que no son productivas como tal, por esto tengo que hacer que el tiempo que sí dedico a mi crecimiento de proyectos y negocio, valga lo máximo que pueda.
Por qué la disciplina puede darnos libertad: cumplir lo que nos prometemos, dejar de aplazar y actuar sin esperar a tener ganas.
Pero también de descansar y empezar pequeño, porque ser constante no consiste en vivir agotados.
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Tu jefe te pide algo y lo haces. Tú te prometes algo y encuentras una excusa.
¿Quién está decidiendo lo que merece tu esfuerzo?
Ahí es donde relaciono la disciplina con la libertad: poder llevar a la práctica lo que eliges, incluso cuando la comodidad tira hacia otro lado.
Jocko Willink me hizo pensar en esa relación. Al principio parece contradictoria, porque asociamos disciplinarnos con imponernos límites.
Pero también nos limitan las tareas que evitamos y las decisiones que dejamos en manos de las ganas del momento.
Para mí, la disciplina pone orden en ese caos emocional que alimenta tantas excusas.
No consiste simplemente en obedecer. Alguien puede exigirte un resultado, pero el compromiso de cumplir contigo tiene que salir de ti.
Y creo que ahí se construye buena parte de nuestra confianza: cuando lo que hacemos empieza a corresponderse con lo que nos habíamos prometido.
Aunque hoy no estemos motivados.
Porque las ganas fluctúan, mi propuesta es actuar sin esperar a tenerlas todas a favor. El interés por lo que haces también importa, más allá del premio que puedas recibir.
Empezar no significa acumular horas sin prestar atención.
La práctica deliberada pide concentración y continuidad; cambiar de tarea con cada distracción dificulta sumergirte en lo que estás haciendo.
Estar centrado puede parecer una pérdida de libertad. Pero elegir dónde pones tu atención también forma parte de ser libre.
Con la procrastinación, propongo empezar por una acción pequeña antes de que el retraso siga sumando culpa.
Algo que puedas hacer ahora, sin esperar a que las condiciones sean perfectas.
Madrugar no compensa dormir poco.
Si queremos sostener nuestros compromisos, el descanso también forma parte del esfuerzo, igual que cuidar la alimentación y mantenernos activos.
Por experiencia, me resulta más fácil ser constante cuando me encuentro bien y tengo propósito.
El estrés merece la misma distinción: la presión puntual de una tarea no es lo mismo que vivir acumulando tensión. Podemos afrontar los retos como ocasiones para practicar resiliencia, sin convertir estar desbordados en un objetivo.
Una dificultad no tiene por qué ser una condena permanente.
La disciplina se desarrolla mediante acciones repetidas que van formando hábitos; por eso admiro la constancia detrás del trabajo de un emprendedor o un atleta.
Empezar pequeño sirve para practicar esa continuidad, aunque el primer resultado sea modesto.
No necesitas esperar a sentirte una persona disciplinada para actuar. Puedes empezar por cumplir uno de tus compromisos.
Y volver a cumplir mañana.
El trabajo duro supera al talento cuando el talento no trabaja duro.
¿Qué tiene de verdad esta cita? ¿Qué es lo que hace que algunas personas sean tan amas y señoras de lo que hacen?
La ciencia ha podido responder a esta pregunta recientemente.
Me da igual si estamos hablando de un escalador, pianista, trader, gimnasta, escritor… siempre pensamos, que sí, se lo han currado, pero que hay este gen o don o talento detrás, que es lo que les ha hecho despuntar a ciertas personas.
En el libro Peak (número uno) el autor Anders Ericsson revelaba con estudios y datos si hay un supuesto gen detrás de esta gente que llegan a sus picos en sus disciplinas.

Número uno: Secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos (Conecta)

Peak: Unleashing Your Inner Champion Through Revolutionary Methods for Skill Acquisition and…
El original
Para intentar arrojar algo de luz a la divergencia que hay entre talento y habilidad.
Para arrojar luz a si el talento es innato, o adquirido.
Como te puedes imaginar querido ninja de la vida, sus resultados extraordinarios poco tienen que ver con un talento innato que los separe de la media de humanos…
Mirando a los estudios nos damos cuenta que quizás estos atletas, artistas o empresarios sí tienen una especie de don, pero no el don que la mayoría cree. El talento innato.
Me explico.
Por ejemplo piensa en esas personas que tienen un tono/oído perfecto, son esas personas que saben cuál nota es cada sonido sin ninguna referencia musical, también se pensaba que era un talento innato. Con el que se nacía…
Hasta que más tarde algunos estudios confirmaron como se podía entrenar este perfect pitch.1
Entonces se argumenta que el verdadero don, es en realidad la habilidad de desarrollar lo que algunos confunden con «el don», el arte, el talento que crees que alguien tiene.
Desde los 90 los científicos se han ido dando cuenta que el cerebro, incluso los cerebros adultos, son mucho más flexibles de lo que nos creíamos inicialmente.
Que todos tenemos el don de la adaptabilidad, como humanos que somos. Aprender a aprender (#454).
Aprender lo que sea, no es una manera de conseguir el potencial de cada uno sino más bien una manera de desarrollar este don.
De crear nuestro propio potencial.
O bueno, en este caso, nuestro multipotencial.
La pregunta es: entonces, ¿cómo potenciamos el don de la habilidad?
Lo que parece un don o un talento por el resto de los mortales… Esas habilidades que parecen mágicas o que vienen directamente de Narnia, se convierten en totalmente creíbles cuando cambiamos el enfoque de la lupa.
Se cuenta la historia del compositor y violinista italiano Paganini, que murió sobre el año 1840.
Una de las historias más increíbles que se cuenta de su «talento» es que se ve que tocaba melodías increíbles incluso hasta cuando 3 de sus 4 cuerdas se habían roto de improvisto.
Dirás, «bua… menudo talento innato. No cualquier músico, ni siquiera profesional, podría hacer algo así».
Estoy de acuerdo. De hecho, ni él mismo podía hacer algo así.
Y es que décadas más tarde se reveló, que el muy zorrudo componía piezas secretas con una sola cuerda y después rompía las cuerdas a propósito sólo para dar un show de alto nivel a los que iban a sus conciertos.
O también piensa en Mozart. Pensamos en él como un músico increíble, pero se omite la influencia de su padre. Un músico muy ambicioso.
Jeff Bezos empezó Amazon en el garaje de sus padres… Pero ese garaje formaba parte de una casa de 6 millones de dólares porque su padre ya era un emprendedor multimillonario que además invirtió contundentemente en el proyecto de su hijo.2
Lo que Peak nos viene a decir es que en el fondo el talento innato no existe, o más bien dicho, no crea una diferencia substancial.
Al menos cerebralmente hablando.
Quizás te motivas más si de buenas a primeras ya se te da bien y esto es lo que te hace practicar más. O practicar de forma diferente cuando llegas a una meseta.
Esto es lo que te lleva a afilar una habilidad hasta el punto que todo Dios te dice que tienes un talento innato, pero en el fondo:
Los sabios desarrollan sus habilidades debido a un interés obsesivo por las cosas, no a un gen innato.
La razón por la que la mayoría de personas que no cantan, pues «no cantan», es simplemente porque nunca han practicado de una forma que les lleve a desarrollar la habilidad de cantar.
Siendo una de las habilidades que más se cree que está 100% relacionado con un talento innato.
También pensamos que tener un coeficiente intelectual alto te ayuda a aprender rápido al principio, pero no es ningún seguro de que terminarás petándolo a la vida.
En absoluto.
¿Por qué? Pues porque el coeficiente intelectual sólo mide el potencial de éxito académico.
Lo mismo ocurre con las habilidades visuoespaciales. La capacidad de poder manipular, representar o analizar con la mente los objetos.
Por esto en algunos test de IQ hay preguntas en las que te enseñan por ejemplo un cubo que está abierto/diseccionado. Con distintos números o letras y entonces, visuoespacialmente, tienes que deducir cómo quedará cada cara si lo doblas y lo vuelves cubo.
No poder hacerlo, ¿definiría que no puedas petarlo en la vida? El punto del libro es que:
Nadie nunca en la historia ha podido descubrir cómo identificar personas con talento innato.
Un experimento que el bueno de Ericsson hizo con un estudiante universitario del montón, refleja esta idea muy bien.
Le hizo memorizar montones de secuencias de números hasta darse cuenta que cada vez que este chico, Steve, llegaba a un techo de memoria del que se pensaba que no podía sobrepasar, siempre encontraba una manera de sobrepasarlo.
Se ve que cada vez que llegaba a esta meseta, el estudiante desarrollaba otro manera de acordarse. De metodología. De sistema.
Si nos lo paramos a pensar, es muy raro encontrar algo de evidencia, en cualquier campo, que nos pudiera indicar que una persona ha llegado a un techo, a una meseta potencial intelectual.
Me refiero a que normalmente las personas lo que hacemos, no es que llegamos a un techo confirmado, sino que paramos de intentarlo. Dejamos de intentar volvernos mejores.
Porque al llegar al techo piensas que «hast aquí», pero que en el fondo, es algo emocional y psicológico, porque cualquiera que decidiera dedicarse a X superando sus techos, lo podría conseguir.
Eso sí, y es vital: siempre que encontrara la metodología adecuada, claro.
Y sobretodo, a seguir practicando esta metodología.
Entonces una de las claves es preguntarnos: ¿qué nos motiva para querer superar esta meseta y seguir practicando? Porque
En el 99% de las veces, abandonamos porque la metodología que usábamos nos deja de funcionar.
Lo primero es una retroalimentación positiva.
Puedes ser externa, alguien que nos anima, o también funciona muy bien con la que me nutro yo personalmente, que es la interna.
Una retroalimentación positiva interna es reforzada por el orgullo o incluso el ego de querer mejorarme a mí mismo como persona a través de ir mejorando en este proyecto con el que estoy actualmente.
No es casualidad que para entrar y alcanzar el estado de flow (#483, #486), esta retroalimentación sea vital. Porque necesitamos un estado emocional positivo retroalimentado para seguir avanzando.
Digo que esa retroalimentación es vital porque nos ayuda a evaluar lo que estamos haciendo. Si estamos progresando adecuadamente o no.
Como en la primaria.
Por esto se vio que cuando los científicos probaron el mismo experimento de memorización pero con otro estudiante, este no recordó tan bien como Steve. ¿Por qué? Por un motivo interesante.
Y es que el bueno de Steve tenía una estructura de recuperación.
¿Qué significa esto? No es ningún talento especial, sino un sistema.
Steve decidía con antelación qué método para retener mejor la información (#588) iba a usar para memorizar las secuencias de números que se le daban en el experimento.
Porque intentarlo no es suficiente.
Trabajar duro para sobrepasar los límites, no era suficiente.
Con este experimento lo que se quería probar era que los sujetos que no sobrepasaban sus límites, no era porque no lo intentaran mucho y con muchas ganas, sino porque no lo intentaban de una forma diferente.
O sea que cuidado con proponerse una cosa con obstinación, porque el hecho de poner visión de burro, es lo que puede hacer que nos haga hacer círculos en ese techo, esa meseta en la que no queremos estar.
Esto es porque nuestro cerebro se adapta al entrenamiento y la práctica de la misma forma que lo hacen los músculos.
De hecho en algunos principios como la metodología de greasing the groove en la fuerza (#362), veíamos y confirmábamos como la fuerza es una habilidad porque empieza en las conexiones neuronales que tenemos antes que en los músculos.
Haciendo esas conexiones más eficientes, somos potencialmente más fuertes sin tener que recurrir a la parte física de la musculatura.
Es el cerebro que se adapta al entorno y a la práctica al que le sometemos. Algo que también veíamos en:
Porque cuando practicamos algo lo suficiente, el cerebro reclutará las neuronas para ayudarnos a hacer el trabajo más eficientemente.
Es parte del ADN humano: la adaptabilidad y resiliencia al entorno.
Es esta plasticidad neuronal, neuroplasticidad, que significa que ni la estructura cerebral ni tampoco su función, están fijas.
No lo están.
Porque cambian en respuesta al uso que le damos.
Por esto vemos como el ejercicio físico no sólo nos cambia físicamente sino también neuronalmente por el deseo del cuerpo de llegar a esta homeostasis.4
Que es cuando empujas a tu cuerpo durante una actividad difícil, más allá de lo que los mecanismos homeostáticos, el estado de equilibrio del cuerpo, que no puedes compensar.
Entonces, ¿qué sucede? La naturaleza humana saca a relucir su activo más valioso: la adaptabilidad.
Las células activan distintos genes del ADN y te cambian. Para que ese sobreesfuerzo vaya siendo más fácil de hacer.
Eso de «el ejercicio me ha cambiado», es una expresión que podemos tomar como literal.
Es por esto que en los círculos de desarrollo personal se dice tanto esto de salir de la zona de confort.
En el 99% de los casos los influencers lo repiten porque dicen que esto te hace mentalmente más fuerte o algo así, pero en realidad es por el mecanismo biológico de la homeostasis.
Porque aprender cualquier habilidad nueva es mucho más efectivo a restructurar el cerebro que el simple hecho de practicar una habilidad que ya conoces.
A esta idea de neuroplasticidad se le llama el efecto de la ramita doblada (bent-twig effect), en el que si doblamos una rama cuando es joven y aún está creciendo, se doblará. En cambio si es una rama adulta no se verá tan afectada.
Pues lo mismo ocurre con el cerebro humano.
Más difícil, sí. Pero se puede hacer perfectamente.
Es un poco yendo en contra de la educación y el aprendizaje tradicional, porque no se trata de desafiar a la homeostasis: la búsqueda de balance del cuerpo.
Lo digo porque la educación tradicional cree que hay que potenciar el talento innato de cada uno en vez de hacernos salir de nuestra zona de confort intelectual para que se produzcan estos cambios de los que hemos hablado hoy.
De impulsarnos a probar distintas metodologías, para confirmar(nos) que las mesetas, los techos intelectuales o artísticos pueden ser superados, cuando se camba el sistema o la metodología.
Imaginaros a niños descubriendo, que su potencial en cualquier cosa, puede convertirles en alguien con talento adquirido. En vez de ser dicho «no vales para esto», o «tienes que encontrar una disciplina no que te guste, sino que te encaje».
Haciendo posibles ciertas acciones y éxitos que antes eran imposibles. Especialmente psicológicamente.
Porque en realidad, la práctica de aquello que ponemos atención con propósito, lo que hará, no es ayudarnos a alcanzar nuestro potencial, sino construirlo.