Vivimos en un tiempo donde todo exige propósito, rendimiento, retorno.
Si no produces, no sirve.
Si no escalas, no vales.
Pero la vida no siempre funciona así.
A veces uno simplemente necesita detenerse y pensar. Es por esto que hablo muy a menudo de la idea de “aburrirse a propósito”.
De caminar a todos los sitios sin podcast, sin videos, sin música, sin móvil, sin distracciones.
Dejar que la mente se aire.
Esto junto a tener el horario totalmente abierto después de la siesta. No tocar a penas nada de mis proyectos.
Esto hace que las primeras horas del día tenga que entrar en estado de flow sí o sí.
En hacer ese querido deep work, pero algo que me dije hace unos años, es que ya no quería volver a ser esclavo de todo esto.
Mirad, cada día, las redes nos muestran a gente joven logrando cosas que antes estaban reservadas a estrellas de cine o deportistas de élite.
Nos repiten que todo es posible si trabajas duro, si no te rindes, si persistes lo suficiente. Y cuando no lo consigues, te dicen que la culpa es tuya por no haberlo deseado más.
De no haber hecho más.
Estoy harto de ver recomendaciones de Alex Hormozi. Un tío que hace como $100 millones al año, pero que sólo vive trabajando (dicho por él mismo).
No hace nada más que no sea trabajar.
Y no me malinterpretéis. Me encanta trabajar pero… ¿solo trabajar?
El mensaje de este señor y toda la cultura hustle es simple y a la vez cruel: si no eres exitoso, es porque no hiciste más.
Y como no hiciste más, no tuviste éxito y por lo tanto fallaste.
Detrás de esa narrativa, lo que no se muestra es la fatiga, la ansiedad y el vacío que deja perseguir una vida que quizá nunca quisimos en primera instancia
Muchos de esos gurús que predican la libertad financiera no viven en libertad.
Dependen de mantener el relato vivo, de venderte el curso, de repetir una fórmula que ni ellos entienden del todo.
Saben que tarde o temprano el ciclo se agota, y por eso prolongan la ilusión.
Ese es su trabajo.
Pero no todos tenemos las mismas condiciones.
Algunos dependemos de otros, otros dependen de nosotros.
Algunos aún están estudiando, construyendo, formándose. Y es necesario decirlo claro: si estáis en esa etapa, continua. No te preocupes porque la vida te dará espacio suficiente para hacer dinero más tarde.
Para mí, es como estar jugando una partida de ajedrez y cuando ya ha sido tu turno, vuelves a mover pieza una segunda vez.
Algo va a salir mal, porque así no es como funciona.
Más de lo mismo con la vida.
Porque la vida es una combinación perfecta de caos y linealidad.
Está hecha para que lleguen a ti etapas que no conocías y que tendrás que abrazar. Como capítulos inevitables…
Pero a la vez hay el caos de tropezarse, equivocarse y hasta de perder el tiempo.
Algo que miramos con malos ojos pero que en el fondo es totalmente necesario para poner orden mental, emocional y psicológico tanto al caos como a las etapas.
Quien intenta saltarse los pasos solo consigue vaciar de sentido el recorrido, y es por esto que quiero haceros una recomendación importante…
Leeros o mirad un resumen en video o escuchad el audio antes de ir a dormir sobre la La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han.
Hablaba de una sociedad agotada por el exceso de positividad, donde la autoexigencia se ha convertido en la nueva forma de dominación.
El lema contemporáneo no es “puedes hacerlo”, sino “debes hacerlo”.
Si no lo haces, eres tú el problema.
Si no prosperas, es que no trabajas lo suficiente.
Y esa presión nos lleva al límite: no a la mansión de nuestros sueños, sino al agotamiento.
Nos venden la ilusión del progreso personal como cura universal, pero en realidad lo que cultivamos es frustración.
Vivimos en medio de un espejismo donde la promesa del éxito sustituye a la experiencia de vivir.
A veces, lo más sano es detenerse.
Apreciar lo que tenemos, sin confundirlo con conformismo.
Apreciar el simple hecho de estar vivos, de tener un momento de calma, incluso cuando parece que “no estamos haciendo nada”…
Cuando de hecho no lo estamos haciendo.
¿Y si el mayor logro quizá no sea producir más, sino disfrutar de lo inútil?
Hacer algo que no aporte absolutamente nada y, aun así, sentirnos vivos.
No puedo evitar recordar esa imagen/ilustración/comic de un perro y su dueño. Sentados en un lago mirando al horizonte.

En la ilustración se ve la nube de pensamiento del dueño. Como está pensando en su trabajo, relaciones, dinero y mil cosas más.
Pero también hay la nube de pensamiento del perro, y en esa nube se ilustra exactamente la misma ilustración que estamos viendo nosotros.
Para reflejar esa sensación de presencia en algo que podemos etiquetar de “inútil”.
Ese dueño adoptó un perro seguramente con la intención de estar menos solo que nunca y tener un compañero sin agendas.
Pero en algún momento perdió el sentido de por qué lo había adoptado.
Ahora sacarlo a pasear es una tarea que tiene que sacarse de encima.
¿Por el perro? Los tres mejores momentos del día.
Fijaros en una cosa..
Siempre estoy haciendo analogías de la vida como un videojuego, y es porque me di cuenta de las horas y más horas que estaba pasando en el Lineage II.
Hay arte en distraerse, pero sin pasarse, claro.
Yo sin duda me estaba pasando.
Pero si digo que podemos sacar algo bueno de perder el tiempo es precisamente porque me di cuenta de todos los aprendizajes subconscientes que el Lineage II me había dado.
En las últimas semanas antes de dejar de jugar para siempre (al menos hasta el día de hoy), lo abría ya no para pasarme misiones de clases o luchar contra otros jugadores.
Era para ver el amanecer virtual, coger mi montura e irme por ahí, y ver paisajes que no tenían ningún motivo por existir pero que los desarrolladores habían puesto por ahí igualmente.
Sobretodo en el último par de años he estado haciendo exactamente lo mismo pero en mi vida real.
He estado caminando 18.000 pasos al día, ya no para sentirme productivo, sino por tener unas horas en las que no me preocupo por el móvil y lo que pasa dentro de las pantallas, pero sí en lo que pasa en mi mente.
A veces pienso en negocios o proyectos.
A veces en personas.
A veces en tonterías.
Da igual.
Ese aburrimiento termina siendo la fórmula del orden y la calma.
De coherencia y aclaración.
Seguro que os habéis encontrado que vais de vacaciones, o a la montaña/naturaleza, o ya ni algo tan “grande”, sino hasta esos micromomentos en la ducha donde se está tan bien.
En un lugar donde podéis desconectar…
Las mejores ideas o las más locas siempre vienen ahí.
No en la rutina de la eficiencia, sino en la pausa del ocio que viene la claridad en todos los ámbitos de nuestra vida.
Para mí los videojuegos eran refugio.
Mi rutina de mañana productiva con trabajo y café para mí es refugio.
Pero ya intenté de hacer toda mi vida así, y me encontré que también era refugio mi ocio.
El ir a caminar, ir a entrenar, quedar con gente…
No por evasión, sino por equilibrio.
No son la vida, pero tampoco lo contrario. Son ese espacio donde podemos ser sin rendir cuentas.
Obviamente, como todo exceso, el abuso no es sano. Pero aprender a estar sin producir, sin competir, sin rendir, es una forma profunda de salud mental bajo mi opinión…
Porque no todos partimos desde el mismo punto.
No todos tenemos las mismas oportunidades pero todos podemos encontrar belleza en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo que no genera nada más que satisfacción…
Y paradójicamente ahí está la satisfacción.
Quizá este boletín llegue a pocos, y está bien.
Que llegue a quien tenga que llegar.
Si os encontráis en un momento de duda, si os sentís cansados de no llegar a lo prometido, recordad que a veces basta con existir. Con ser.
En pausa. Parados.
Jugando a hacer lo que sea que queremos hacer. O tumbados sin hacer nada (cuando digo nada, es nada).
Para mí no tiene sentido ni conformarme, pero tampoco castigarme.
Porque al final del día lo que importa es como manejamos nuestra expectativas, y nadie puede tener una expectativa tan baja, como aquel que no espera nada porque disfruta lo mínimo.
Es por esto que cuando creé la agenda de productividad no fue con evidencia científico para hacer más, más y más.
Sino para hacer mejor.
Para tener presente que dedicaré al menos la mitad de mi tiempo a hacer cosas que no son productivas como tal, por esto tengo que hacer que el tiempo que sí dedico a mi crecimiento de proyectos y negocio, valga lo máximo que pueda.
Por qué la disciplina puede darnos libertad: cumplir lo que nos prometemos, dejar de aplazar y actuar sin esperar a tener ganas.
Pero también de descansar y empezar pequeño, porque ser constante no consiste en vivir agotados.
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Tu jefe te pide algo y lo haces. Tú te prometes algo y encuentras una excusa.
¿Quién está decidiendo lo que merece tu esfuerzo?
Ahí es donde relaciono la disciplina con la libertad: poder llevar a la práctica lo que eliges, incluso cuando la comodidad tira hacia otro lado.
Jocko Willink me hizo pensar en esa relación. Al principio parece contradictoria, porque asociamos disciplinarnos con imponernos límites.
Pero también nos limitan las tareas que evitamos y las decisiones que dejamos en manos de las ganas del momento.
Para mí, la disciplina pone orden en ese caos emocional que alimenta tantas excusas.
No consiste simplemente en obedecer. Alguien puede exigirte un resultado, pero el compromiso de cumplir contigo tiene que salir de ti.
Y creo que ahí se construye buena parte de nuestra confianza: cuando lo que hacemos empieza a corresponderse con lo que nos habíamos prometido.
Aunque hoy no estemos motivados.
Porque las ganas fluctúan, mi propuesta es actuar sin esperar a tenerlas todas a favor. El interés por lo que haces también importa, más allá del premio que puedas recibir.
Empezar no significa acumular horas sin prestar atención.
La práctica deliberada pide concentración y continuidad; cambiar de tarea con cada distracción dificulta sumergirte en lo que estás haciendo.
Estar centrado puede parecer una pérdida de libertad. Pero elegir dónde pones tu atención también forma parte de ser libre.
Con la procrastinación, propongo empezar por una acción pequeña antes de que el retraso siga sumando culpa.
Algo que puedas hacer ahora, sin esperar a que las condiciones sean perfectas.
Madrugar no compensa dormir poco.
Si queremos sostener nuestros compromisos, el descanso también forma parte del esfuerzo, igual que cuidar la alimentación y mantenernos activos.
Por experiencia, me resulta más fácil ser constante cuando me encuentro bien y tengo propósito.
El estrés merece la misma distinción: la presión puntual de una tarea no es lo mismo que vivir acumulando tensión. Podemos afrontar los retos como ocasiones para practicar resiliencia, sin convertir estar desbordados en un objetivo.
Una dificultad no tiene por qué ser una condena permanente.
La disciplina se desarrolla mediante acciones repetidas que van formando hábitos; por eso admiro la constancia detrás del trabajo de un emprendedor o un atleta.
Empezar pequeño sirve para practicar esa continuidad, aunque el primer resultado sea modesto.
No necesitas esperar a sentirte una persona disciplinada para actuar. Puedes empezar por cumplir uno de tus compromisos.
Y volver a cumplir mañana.
El trabajo duro supera al talento cuando el talento no trabaja duro.
¿Qué tiene de verdad esta cita? ¿Qué es lo que hace que algunas personas sean tan amas y señoras de lo que hacen?
La ciencia ha podido responder a esta pregunta recientemente.
Me da igual si estamos hablando de un escalador, pianista, trader, gimnasta, escritor… siempre pensamos, que sí, se lo han currado, pero que hay este gen o don o talento detrás, que es lo que les ha hecho despuntar a ciertas personas.
En el libro Peak (número uno) el autor Anders Ericsson revelaba con estudios y datos si hay un supuesto gen detrás de esta gente que llegan a sus picos en sus disciplinas.

Número uno: Secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos (Conecta)

Peak: Unleashing Your Inner Champion Through Revolutionary Methods for Skill Acquisition and…
El original
Para intentar arrojar algo de luz a la divergencia que hay entre talento y habilidad.
Para arrojar luz a si el talento es innato, o adquirido.
Como te puedes imaginar querido ninja de la vida, sus resultados extraordinarios poco tienen que ver con un talento innato que los separe de la media de humanos…
Mirando a los estudios nos damos cuenta que quizás estos atletas, artistas o empresarios sí tienen una especie de don, pero no el don que la mayoría cree. El talento innato.
Me explico.
Por ejemplo piensa en esas personas que tienen un tono/oído perfecto, son esas personas que saben cuál nota es cada sonido sin ninguna referencia musical, también se pensaba que era un talento innato. Con el que se nacía…
Hasta que más tarde algunos estudios confirmaron como se podía entrenar este perfect pitch.1
Entonces se argumenta que el verdadero don, es en realidad la habilidad de desarrollar lo que algunos confunden con «el don», el arte, el talento que crees que alguien tiene.
Desde los 90 los científicos se han ido dando cuenta que el cerebro, incluso los cerebros adultos, son mucho más flexibles de lo que nos creíamos inicialmente.
Que todos tenemos el don de la adaptabilidad, como humanos que somos. Aprender a aprender (#454).
Aprender lo que sea, no es una manera de conseguir el potencial de cada uno sino más bien una manera de desarrollar este don.
De crear nuestro propio potencial.
O bueno, en este caso, nuestro multipotencial.
La pregunta es: entonces, ¿cómo potenciamos el don de la habilidad?
Lo que parece un don o un talento por el resto de los mortales… Esas habilidades que parecen mágicas o que vienen directamente de Narnia, se convierten en totalmente creíbles cuando cambiamos el enfoque de la lupa.
Se cuenta la historia del compositor y violinista italiano Paganini, que murió sobre el año 1840.
Una de las historias más increíbles que se cuenta de su «talento» es que se ve que tocaba melodías increíbles incluso hasta cuando 3 de sus 4 cuerdas se habían roto de improvisto.
Dirás, «bua… menudo talento innato. No cualquier músico, ni siquiera profesional, podría hacer algo así».
Estoy de acuerdo. De hecho, ni él mismo podía hacer algo así.
Y es que décadas más tarde se reveló, que el muy zorrudo componía piezas secretas con una sola cuerda y después rompía las cuerdas a propósito sólo para dar un show de alto nivel a los que iban a sus conciertos.
O también piensa en Mozart. Pensamos en él como un músico increíble, pero se omite la influencia de su padre. Un músico muy ambicioso.
Jeff Bezos empezó Amazon en el garaje de sus padres… Pero ese garaje formaba parte de una casa de 6 millones de dólares porque su padre ya era un emprendedor multimillonario que además invirtió contundentemente en el proyecto de su hijo.2
Lo que Peak nos viene a decir es que en el fondo el talento innato no existe, o más bien dicho, no crea una diferencia substancial.
Al menos cerebralmente hablando.
Quizás te motivas más si de buenas a primeras ya se te da bien y esto es lo que te hace practicar más. O practicar de forma diferente cuando llegas a una meseta.
Esto es lo que te lleva a afilar una habilidad hasta el punto que todo Dios te dice que tienes un talento innato, pero en el fondo:
Los sabios desarrollan sus habilidades debido a un interés obsesivo por las cosas, no a un gen innato.
La razón por la que la mayoría de personas que no cantan, pues «no cantan», es simplemente porque nunca han practicado de una forma que les lleve a desarrollar la habilidad de cantar.
Siendo una de las habilidades que más se cree que está 100% relacionado con un talento innato.
También pensamos que tener un coeficiente intelectual alto te ayuda a aprender rápido al principio, pero no es ningún seguro de que terminarás petándolo a la vida.
En absoluto.
¿Por qué? Pues porque el coeficiente intelectual sólo mide el potencial de éxito académico.
Lo mismo ocurre con las habilidades visuoespaciales. La capacidad de poder manipular, representar o analizar con la mente los objetos.
Por esto en algunos test de IQ hay preguntas en las que te enseñan por ejemplo un cubo que está abierto/diseccionado. Con distintos números o letras y entonces, visuoespacialmente, tienes que deducir cómo quedará cada cara si lo doblas y lo vuelves cubo.
No poder hacerlo, ¿definiría que no puedas petarlo en la vida? El punto del libro es que:
Nadie nunca en la historia ha podido descubrir cómo identificar personas con talento innato.
Un experimento que el bueno de Ericsson hizo con un estudiante universitario del montón, refleja esta idea muy bien.
Le hizo memorizar montones de secuencias de números hasta darse cuenta que cada vez que este chico, Steve, llegaba a un techo de memoria del que se pensaba que no podía sobrepasar, siempre encontraba una manera de sobrepasarlo.
Se ve que cada vez que llegaba a esta meseta, el estudiante desarrollaba otro manera de acordarse. De metodología. De sistema.
Si nos lo paramos a pensar, es muy raro encontrar algo de evidencia, en cualquier campo, que nos pudiera indicar que una persona ha llegado a un techo, a una meseta potencial intelectual.
Me refiero a que normalmente las personas lo que hacemos, no es que llegamos a un techo confirmado, sino que paramos de intentarlo. Dejamos de intentar volvernos mejores.
Porque al llegar al techo piensas que «hast aquí», pero que en el fondo, es algo emocional y psicológico, porque cualquiera que decidiera dedicarse a X superando sus techos, lo podría conseguir.
Eso sí, y es vital: siempre que encontrara la metodología adecuada, claro.
Y sobretodo, a seguir practicando esta metodología.
Entonces una de las claves es preguntarnos: ¿qué nos motiva para querer superar esta meseta y seguir practicando? Porque
En el 99% de las veces, abandonamos porque la metodología que usábamos nos deja de funcionar.
Lo primero es una retroalimentación positiva.
Puedes ser externa, alguien que nos anima, o también funciona muy bien con la que me nutro yo personalmente, que es la interna.
Una retroalimentación positiva interna es reforzada por el orgullo o incluso el ego de querer mejorarme a mí mismo como persona a través de ir mejorando en este proyecto con el que estoy actualmente.
No es casualidad que para entrar y alcanzar el estado de flow (#483, #486), esta retroalimentación sea vital. Porque necesitamos un estado emocional positivo retroalimentado para seguir avanzando.
Digo que esa retroalimentación es vital porque nos ayuda a evaluar lo que estamos haciendo. Si estamos progresando adecuadamente o no.
Como en la primaria.
Por esto se vio que cuando los científicos probaron el mismo experimento de memorización pero con otro estudiante, este no recordó tan bien como Steve. ¿Por qué? Por un motivo interesante.
Y es que el bueno de Steve tenía una estructura de recuperación.
¿Qué significa esto? No es ningún talento especial, sino un sistema.
Steve decidía con antelación qué método para retener mejor la información (#588) iba a usar para memorizar las secuencias de números que se le daban en el experimento.
Porque intentarlo no es suficiente.
Trabajar duro para sobrepasar los límites, no era suficiente.
Con este experimento lo que se quería probar era que los sujetos que no sobrepasaban sus límites, no era porque no lo intentaran mucho y con muchas ganas, sino porque no lo intentaban de una forma diferente.
O sea que cuidado con proponerse una cosa con obstinación, porque el hecho de poner visión de burro, es lo que puede hacer que nos haga hacer círculos en ese techo, esa meseta en la que no queremos estar.
Esto es porque nuestro cerebro se adapta al entrenamiento y la práctica de la misma forma que lo hacen los músculos.
De hecho en algunos principios como la metodología de greasing the groove en la fuerza (#362), veíamos y confirmábamos como la fuerza es una habilidad porque empieza en las conexiones neuronales que tenemos antes que en los músculos.
Haciendo esas conexiones más eficientes, somos potencialmente más fuertes sin tener que recurrir a la parte física de la musculatura.
Es el cerebro que se adapta al entorno y a la práctica al que le sometemos. Algo que también veíamos en:
Porque cuando practicamos algo lo suficiente, el cerebro reclutará las neuronas para ayudarnos a hacer el trabajo más eficientemente.
Es parte del ADN humano: la adaptabilidad y resiliencia al entorno.
Es esta plasticidad neuronal, neuroplasticidad, que significa que ni la estructura cerebral ni tampoco su función, están fijas.
No lo están.
Porque cambian en respuesta al uso que le damos.
Por esto vemos como el ejercicio físico no sólo nos cambia físicamente sino también neuronalmente por el deseo del cuerpo de llegar a esta homeostasis.4
Que es cuando empujas a tu cuerpo durante una actividad difícil, más allá de lo que los mecanismos homeostáticos, el estado de equilibrio del cuerpo, que no puedes compensar.
Entonces, ¿qué sucede? La naturaleza humana saca a relucir su activo más valioso: la adaptabilidad.
Las células activan distintos genes del ADN y te cambian. Para que ese sobreesfuerzo vaya siendo más fácil de hacer.
Eso de «el ejercicio me ha cambiado», es una expresión que podemos tomar como literal.
Es por esto que en los círculos de desarrollo personal se dice tanto esto de salir de la zona de confort.
En el 99% de los casos los influencers lo repiten porque dicen que esto te hace mentalmente más fuerte o algo así, pero en realidad es por el mecanismo biológico de la homeostasis.
Porque aprender cualquier habilidad nueva es mucho más efectivo a restructurar el cerebro que el simple hecho de practicar una habilidad que ya conoces.
A esta idea de neuroplasticidad se le llama el efecto de la ramita doblada (bent-twig effect), en el que si doblamos una rama cuando es joven y aún está creciendo, se doblará. En cambio si es una rama adulta no se verá tan afectada.
Pues lo mismo ocurre con el cerebro humano.
Más difícil, sí. Pero se puede hacer perfectamente.
Es un poco yendo en contra de la educación y el aprendizaje tradicional, porque no se trata de desafiar a la homeostasis: la búsqueda de balance del cuerpo.
Lo digo porque la educación tradicional cree que hay que potenciar el talento innato de cada uno en vez de hacernos salir de nuestra zona de confort intelectual para que se produzcan estos cambios de los que hemos hablado hoy.
De impulsarnos a probar distintas metodologías, para confirmar(nos) que las mesetas, los techos intelectuales o artísticos pueden ser superados, cuando se camba el sistema o la metodología.
Imaginaros a niños descubriendo, que su potencial en cualquier cosa, puede convertirles en alguien con talento adquirido. En vez de ser dicho «no vales para esto», o «tienes que encontrar una disciplina no que te guste, sino que te encaje».
Haciendo posibles ciertas acciones y éxitos que antes eran imposibles. Especialmente psicológicamente.
Porque en realidad, la práctica de aquello que ponemos atención con propósito, lo que hará, no es ayudarnos a alcanzar nuestro potencial, sino construirlo.
El dolor que sentimos cuando hacemos lo que no queremos hacer, pero que nos dijimos que queríamos hacer cuando no tocaba hacerlo, siempre es menor que el dolor que terminamos creando alargando ese umbral de acción.
O en otras palabras…
Que el dolor del arrepentimiento que vendrá de no haberlo hecho, de no haber cumplido la promesa que nos hicimos a nosotros mismos, duele mucho más que ese hábito que nos acercaría a la promesa, pero el problema…
Es que todo esto, no importa en el momento de la verdad.
En el momento de tomar la acción, porque…
No son estas citas o frases motivacionales de productividad las que nos pasan por la cabeza cuando llega el momento de hacer lo que dijimos que haríamos, y es que mirad…
Me gusta hacer cosas que me gusta hacer.
Obvio, pero…
Si tengo que forzarme a hacer algo que no quiero hacer cada día… Sé que no voy a ser capaz de seguir haciéndolo durante mucho tiempo.
Que terminaré no manteniéndolo, a menos….
Que tenga un “por qué” lo suficientemente grande para hacerlo.
Si tienes una pistola apuntándote la cabeza, estoy convencido que terminarás haciendo aquello que inicialmente no querías hacer… porque ahora de pronto, sí lo quieres hacer, porque si no, te aprietan el gatillo.
O sea que en el fondo…
La disciplina es el compromiso a un objetivo más grande.
Si hemos identificado una meta más grande que nuestras ganas de no hacer algo, y esto que tenemos en el medio, que no queremos hacer, nos acercará más a eso que tenemos tantas ganas de conseguir, entonces de pronto sí quieres sacártelo del medio lo antes posible.
En mi forma de verlo es cuando quieres subir el nivel de tu personaje del videojuego.
Quieres ya tener ese nivel y ser capaz de equiparte la armadura potente y cara de la que ya tienes el dinero virtual para comprar, pero que no te puedes poner porque no tienes el nivel.
Así que… ¿qué haces?
Te vas a farmear.
A matar jabalís, o conejos, o zombies con un montón de ganas porque estás super cerca de ese nivel y sabes que si matas 200 tendrás la experiencia de personaje que necesitas para llegar a ese nivel y por lo tanto poder equipártelo y tener peleas de PvP super sangrientas que es lo que te motiva del juego…
Lo interesante aquí es que te pones a farmear NPCs, personajes automáticos del juego, con muchas ganas a pesar de ser algo que en otras circunstancias verías como aburrido….
Pero en cambio ahora sabes, que en el momento que hayas subido de nivel y te hayas puesto esa armadura o espada, inmediatamente no querrás volver a farmear. Te parecerá aburrido otra vez porque ahora tu objetivo será usar esos items para pegar a otros jugadores online.
Está claro que cada “por qué”, cada razón para conseguir algo, o hacer algo, es subjetivo. Totalmente individual, pero da igual porque mirad…
Ahora que hablábamos de videojuego…
Hay un juego al que algunos nos gusta jugar y subir de nivel.
Es un juego infinito, lo que hace que algunos lo etiqueten de tontería mientras que otros dicen que el hecho que sea infinito es el mejor motivo para dedicarle tiempo y recursos en aumentar puntos de vida, experiencia, y es….
El juego infinito de cuidar a nuestro cuerpo.
Hacerlo más fuerte, hacerlo más sano, hacerlo más resistente, hacer que tenga más energía…
Por esto tengo el proyecto de Biopotencial, con podcast y videos, que algunos ya conocéis, en los que hablo exclusivamente de entreno y dieta.
A pesar de que ahora ya he adoptado el entreno y dieta como mi identidad, hubo un tiempo en que esto no era para nada así.
De hecho ni siquiera me preocupaba mi salud, de niño siempre le decía a mi madre que cuando fuera adulto compraría todos los bollos que quisiera porque ella no me compraba, y mirad como he terminado, haciendo todo lo contrario que aquel Pau pequeño.
Pero cuando era adolescente lo único que me empezó a preocupar, es que pesaba 55kg.
Que era un tirillas de manual.
A medida que la atención de las chicas iban importándome cada vez más, la meta/el objetivo de ganar unos cuantos quilos de músculo iba cogiendo cada vez más importancia, hasta el punto que el hecho de no entrenar se convertía en un dolor inquebrantable porque mi anti-visión, no mi visión de ganar músculo, sino el dolor de seguir siendo cuerpo escombro, cada vez me pesaba más.
Por esto entrenar, cada vez cobraba más importancia.
Si hubiese podido tomar una pastilla que lo hiciera por mí lo hubiera hecho, pero no fue el caso, porque no existe.
Entonces mi mente no le quedó otra cosa que alienarse con ese objetivo.
Por lo tanto quería/no-quería entrenar.
Sacando a relucir que en el fondo…
Ya no era un caso de disciplina, sino un tema de claridad.
De tener claro que quería, o no quería.
Si no sabes cuál es tu objetivo entonces te convencerás que no quieres hacer la tarea que requiere de disciplina.
Algo que podemos aplicar en cualquier ámbito de la vida…
¿Estudiar? El objetivo en el 99,9% de casos es titularte, o convertirte en la profesión que siempre quisiste ser y que requiere de ese título… O estudiar esas oposiciones para convertirte en funcionario para tener un trabajo “de por vida” y vivir la vida padre con el sueldo del Estado, me da igual.
La mayoría de gente no quiere estudiar cuando se levanta por la mañana, pero entonces sólo tienes dos opciones en este ejemplo…
¿Quieres conseguir ese objetivo con unas ganas que te duelen en el pecho si no lo consigues por el resultado final? → Sí.
Entonces quieres estudiar.
¿Quieres conseguir ese objetivo pero tampoco pasa nada si no lo consigues? → No, porque quizás no lo tienes clara o en el fondo no es lo que deseas.
Entonces no quieres estudiar.
Así que lo que os diría es que si nos encontramos haciendo algo pero 5 de cada 10 veces en realidad no tenemos nada de nada de nada de ganas de hacerlo…
¿Sabéis que nos da esto como resultado?
Pues que…
La disciplina = la importancia de la meta, nuestro “por qué”, + el disfrute de la búsqueda.
De las acciones que estamos tomando para llegar a ese “por qué” que nos importa tanto.
En el sentido de que si cogemos cualquier área/dominio/potencialidad/tema que dices que te importa pero que sientes que no estás siendo suficiente disciplinado…
Probad de escribirlo en una lista con una puntuación del nivel de fricción, no de lo bien o mal que lo haces, sino de lo mucho que te cuesta hacer las acciones/hábitos que son tan necesarias de hacer, por ejemplo en mi caso:
Queremos llevar esa fricción lo más cercana al cero que podamos.
Si dentro de cada temática podemos alinearlo con un objetivo que tengamos, una identidad que nos queremos hacer nuestra o algo que queramos conseguir pero que nos hemos convencido que no queremos hacer…
Entonces quizás sí queremos hacerlo, pero necesitamos más claridad en el “por qué” detrás de la actividad.
Ninjas de la vida, la teoría del establecimiento de metas sale en la década de los 80 por Locke & Latham.1
Basándose en la primicia que las metas conscientes que hacemos en nuestra vida, nos afectan a las acciones y a como vivimos. Que el comportamiento consciente de nuestro día a día está altamente determinado y regulado por las metas del individuo.
Hablando en plata, que los humanos decidimos qué es beneficioso para nuestro propio bienestar y establecer metas en consecuencia.
Tomando acciones que nos guiarán en esa dirección.
Pero, ¿por qué algunas personas tienen más éxito y terminan llegando a ellas y por qué otras no?
En los 70 los investigadores ya concluyeron que si varias personas tienen una habilidad y conocimiento similar, y aún así sólo algunos llegarán a sus metas, significa que tener objetivos, o más bien dicho, lograrlos, es puramente motivacional.2
Fue en los años 30 que Cecil Alec Mace hizo el primer estudio empírico sobre las metas como herramienta para una vida feliz. Concluyó que tenerlas era esencial, por esto estamos aquí.345
Pero cuando durante estas décadas se empezó a estudiar si había un tipo de metas que era más potente que las demás, vieron que sí había unas.
Con ciertas metas había más activación de la corteza, la dopamina y más de esa neuroplasticidad que el cerebro utiliza para reprogramarse y así hacerno enfocar a esas metas más potentes que las demás, que son…
Las emocionales.
Es decir que cuanto más emocional es una meta más cambios dramáticos en la estructura cerebral, para bien.
Estamos hablando de que personas con cerebros dañados veían cambios enormes en ponerse metas cuanto más emocionales eran esas metas.
No sientes lo mismo poniéndote como objetivo ganar 10.000€ al mes porque es una buena cifra, que tener un hijo y ponerte como objetivo ganar 10.000€ al mes para darle la mejor vida que le puedas dar e imaginarte esa vida con tu hijo.
Un ejemplo un poco así… pero nos entendemos.
Las metas que serán emocionales para algunos no lo serán para otros y viceversa, pero la ciencia de lo que nos hace más propensos a llegar a un objetivo, es igual para todo.
Recordatorio de que la mejor agenda de productividad del mercado está basada en la teoría del establecimiento de metas de Locke y la psicología positiva.
Los objetivos o metas son una forma de autorregulación que los humanos adoptamos para lograr objetivos específicos centrando la atención a lo que se quiere conseguir a largo plazo.
«Qué dices Pau…» ¿Una forma de autorregulación? ¿Qué demonios significa esto?
El comportamiento de los otros animales está controlado por mecanismos biológicos pero una de las cosas que hace a los humanos especiales es la flexibilidad.
Los humanos tenemos la capacidad de regular nuestra respuesta más allá de la biología. De los instintos.
Por eso decimos que las metas representan una forma de autorregulación común en nuestra vida diaria. Significa que nos podemos autorregular, ajustar, pivotar más allá de lo que al biología nos dice que hagamos.
Como cuando quieres entrar a una chica desconocida para conocerla (#252), o cuando dices una tontería en público y tu cuerpo, tus hormonas te hacen querer salir corriendo, pero… no lo haces.

Usas tu lógica para luchar contra tus instintos por un futuro que para conseguir necesitarás sacrificar una parte de ti en el presente. Abrazar la incomodidad o hasta el miedo al rechazo.
El ser humano en ti está luchando, hackeando tu cerebro para adiestrar a tu subconsciente en busca de algo que va mucho más allá de la situación inmediata de ese preciso instante.
Aunque la RAE, a nivel lingüístico defina que una meta, un objetivo, una finalidad, un propósito, todos sean sinónimos, no estoy de acuerdo.
Yo separaría un propósito/un fin VS metas y objetivos.
En inglés lo definen mucho mejor. Por ejemplo ellos hablan de: aim, goal, objective y target.
Todo haciendo referencia a metas pero de zoom out a zoom in. Es decir, de más grande a más pequeña.

Pero no vamos a engañar a nadie, porque en el fondo sabemos que usamos la palabra «meta», «objetivo» y todas las demás de forma intercambiable: de hecho durante hoy las voy a tratar como la única cosa.
Para mí está el propósito, que nos suena más transcedente y no las usamos tan a menudo porque sabemos que representa algo más grande, y las metas u objetivos.
Aunque del mismo modo sabemos que sin meta, no hay propósito.
Que necesitamos que esta meta tenga éxito.
Y la psicología tiene algo muy interesante que decir al respecto.
Porque mirad, establecer metas está directamente relacionado con el éxito. Esto es un hecho demostrado científicamente que incluso se ve en otros animales. Y es que los humanos no somos los únicos seres vivos que fijamos objetivos:
Lo que diferencia a los humanos del resto de animales es que no sólo podemos estar trabajando hacia distintas metas simultaneas sino que además nuestros objetivos puede llegar a ser muy largoplacistas.
A cuanto más largo plaza esté una meta, más alta es la recompensa, pero más trabajo y tiempo para llegar ahí, claro.
Por esto nos cuesta tanto llegar, porque requiere ser disciplinado (#322). A más largo plazo, más paciencia y disciplina necesitaremos.
Imagínate un piano.
Si tocamos la teclas en una frecuencia determinada nos sale una canción. Es decir, que nunca dirías que una tecla específica es la canción sino que la tecla no es la canción, pero es totalmente necesaria para que la canción suene como tiene que sonar.
Es exactamente lo mismo las metas en tu cerebro según la ciencia.
Cuando nos proponemos objetivos a los que apuntar, pequeños o grandes, siempre serán los mismos circuitos neuronales que se activarán.
Este mismo circuito lo usamos en todas nuestras metas. Grandes o pequeñas.
Sin importar si se trata de generar miles de euros con tu nueva empresa como de hacer papiroflexia en casa con el niño. Siempre serán las mismas partes del cerebro.
Podríamos resumir todo lo que sucede dentro de nuestro cerebro cuando queremos conseguir objetivos en dos únicos procesos:
Estos dos sistemas trabajan juntos para conseguir lo que te propongas.
Para hacerlo entra en juego el juglar de tus circuitos. El que manda mensajes en forma de poema para que les prestes atención. Un neurotramisor que ya conoces llamada… dopamina.
Necesitas dopamina para conseguir metas, porque este neurotransmisor no es sólo el demonio asociado a que mirar demasiado las redes sociales sea malo para la salud.
Queremos dopamina porque también es la mensajera para mandar mensajes entre neuronas.
A la vez también es una hormona.6 que los ninjas que escucháis este podcast hemos rebautizado como la hormona de la expectativa y la sorpresa.
¿Por qué? Pues porque tenemos la máxima sensación de motivación cuando suceden cosas positivas + inesperadas.

También cuando anticipamos que algo pasaría pero entonces la obtenemos en menos grado porque ese algo sucede y entonces al recibir la recompensa hay un poquito más de dopamina.
Es como si pides intereses a tu cerebro: «oye cerebro, esto pasará, así que dame dopamina ahora mismo y ya te pagaré con más dopamina cuando lo consigamos».
Iremos viendo el rol que tienen estas partes a medida que vayamos avanzando para hacer jugar la dopamina a nuestro favor para conseguir metas en la vida.
Lo que se determinó ya en los 90, es que hay 5 pilares que nos hacen más susceptibles a conseguir estas metas.
Empezando por el compromiso, o sea el grado en el que decidimos apegarnos a una meta como tu apegándote a la teta de tu novia. Incluso cuando hay obstáculos.
No hay que ser un lumbreras para concluir lo que Locke y Latham concluyeron: que a más compromiso, más probabilidades de conseguirlas, pero…
Se ve que si eres comprometido y encima la meta es cada vez más difícil, incluso te hace aún más propenso a conseguirla.
Porque se ve que un individuo muy comprometido, cuando ve que lo que hace no es suficiente, aumenta proporcionalmente su esfuerzo y cambia la estrategia.7
En cambio vieron que cuanto más fácil es una meta, menos compromiso y más probabilidades de rendirnos antes.
Por esto se dice eso de «apunta alto».
Además de que hay varios factores que influenciarán a nuestros niveles de compromiso, que según los estudios lo definen como «el deseo y la comprensión integral de lo que se requiere para lograr el objetivo».8
O sea, tener muy claro lo que tenemos que hacer.
Es lo que llamamos claridad, otro de los pilares: saber las acciones específicas que tenemos que hacer.
Cuando una meta es vaga, entonces el valor motivacional se limita.
Por esto en los 70 vieron como la claridad de los objetivos se relaciona positivamente con la motivación y satisifacción en el lugar de trabajo.9
Por esto se utilizan estrategias como la SMART:
Tenemos que ser capaces de medir: ser específicos, claros, precisos, inequívocos.
Por esto los estudios han visto como es de lo más beneficioso para el cerebro escribir a mano nuestras metas (#561).
El mismo acto de escribir algo mejora la memoria al tenerlo físicamente como recordatorio entre muchas otras habilidades cognitivas.10
Pero como hemos visto, no puede ser muy fácil: tiene que ser desafiante… pero alcanzable.
Esto seguro que os suena a la teoría para alcanzar el estado de flow (#483), y es que la teoría del flow está relacionada con el Establecimiento de metas + los libros de la psicología positiva.

En nuestras metas al igual que el estado de flow, buscamos desafíos que reten a nuestras habilidades pero sin pasarse.
A todos nos ha pasado que cuando nuestra destreza no hace match con el reto, nos frustramos.
Nos motivan los logros y la anticipación del logro. Por lo que hemos aprendido a nivel dopamínico, haciendo que entonces nos autoprogramemos para conseguirlo.11
Estudios de 2005 sugirieron que esas acciones para llegar a nuestra meta tiene que ser lo suficiente compleja.
O al menos las acciones que necesitamos realizar para lograrlo.
Por esto el calendario para alcanzar estos objetivos debería ser realista, y aún mejor si el resultado, la retroalimentación es más inmediata.
Eso dicen los estudios, que el establecimiento de objetivos es más eficaz en presencia de retroalimentación instantánea.12
Es decir, saber al momento si lo hemos hecho bien o no porque nos ayuda a determinar el grado en el que se está cumpliendo la meta y si estamos progresando adecuadamente.
Así sabemos si debemos tomar medidas o no, en caso de ser necesario.
Porque cuando tenemos un estándar y este desarrollo cae por debajo, la retroalimentación nos permite reflexionar sobre nuestra capacidad y establecer metas nuevas y más alcanzables.
En cambio cuando la retroalimentación no está presente hasta al cabo de días, semanas meses o años, no podemos evaluar si la efectividad de la estrategia está funcionando.13
No obtenemos una tasa de progreso.
Es por esto que incluso en metas de inversión, hay muchas menos personas que hayan decidido holdear criptomonedas en comparación con otras estrategias mucho más motivantes y largo placistas, como el método de Stan Weinstein.
¿Por qué? Muy sencillo, porque cuando en el Weinstein, cuando inviertes, automáticamente a las pocas semanas ya deberías estar de color verde en cuanto a ganancias.
En cambio con HODL, puedes ir perdiendo valor de tus bitcoin de forma temporal durante un par de años en cualquier mercado bajista.
Cuando percibimos que nuestro progreso hacia una meta es adecuada, nos sentimos capaces de aprender nuevas habilidades y fijarnos metas futuras más desafiantes.
Por esto es relevante.
Aunque desde mi adolescencia me había etiquetado a mi mismo de ateo rotundo, a principios de año sucedió un evento tan impactante en mi vida, que me hizo dar un giro de 180 grados en cuanto a mi fe.
Quizás me atreva a contarlo más adelante, pero lo que sí puedo decir es que aunque hubo un evento “de interruptor”, ya hacía tiempo que empezaba a tener señales.
Como si alguien me hubiese estado preparando/lubricando/engrasando el camino para que pudiera manejarlo emocionalmente/mentalmente cuando el día fatídico llegase.
Durante los últimos años empecé a ver señales a las que no presté demasiada atención…
Pero una señal que sin duda ahora me doy cuenta que pavimentó el camino hacia dejar de ser ateo fue… mi trabajo: la creación de contenido.
A medida que he ido aprendiendo y creando más y más sobre todo lo que me importa (salud, dinero, mente, mundo, sociedad, y ahora fe…) en mis podcast y boletines como este, más y más me he ido sumergiendo en documentarlo.
Y cuanto más he ido documentado, más me he dado cuenta de que incluso el caos más caótico parece tener un motivo de ser.
Cómo si alguien hubiese «creado» ese caos para que yo le pusiera orden.
Me refiero al caos de mi pequeño mundo para que yo fuese un creador que pone orden al mini-mundo que es mi vida.
En el fondo esto es la archivística y documentación, ¿no?
Ordenar.
Pero en el propio orden, se crea una estructura nueva.
Y aquí está la palabra clave: creación.
No creo que haya una creación y de aquí salga la existencia, sino que la existencia y la creación son dos caras de una misma moneda… Como el huevo y la gallina.
No puedo documentar, crear, si antes no ha existido un caos, información y datos sueltos, del que crear.
No es que el carpintero trabaja en el taller y de aquí salga el mueble, sino que el mueble y el carpintero son las dos caras de esa misma moneda.
No hay mueble sin carpintero, pero tampoco hay carpintero si no hay necesidad de crear el mueble….
Bueno…
Como veis, recientemente me he encontrado pensando en la creación más de lo que me gustaría admitir.
No necesariamente de la creación del universo, o de los humanos, que también, pero recientemente mi mente ha estado pensando en este tipo de creación que yo hago.
En el motivo o propósito por el que “creo”, y todos nosotros estamos hechos para crear, en distintos medios, no tiene porque se contenido, porque estamos hecho en la imagen y semejanza de un creador.
Si el creador es “creador” porque “crea” y nosotros estamos hecho a su imagen… entonces nosotros también lo somos, ¿verdad?
Personalmente ha sido a raíz de crear algo, lo que me empezó a hacer dejar de ser ateo.
No es que me convirtiera al cristianismo en el momento de empezar a crear contenido, pero sí que fue en ese punto, y a medida que iba creando y creando, que empecé a dudar sobre esto de no creer en Dios.
Para los que experimentáis el estado de flow de vez en cuando, creo que será más fácil de entender lo que quiero decir.
Porque estar en flow, es estar hiperconcentrado en un espacio donde el tiempo, el presente, el ahora, el pasado, está todo conectado con un reto de creación, haciendo que el tiempo se detenga.
O bueno….Que no exista.
O que percibamos que no exista.
Seguramente eso es lo más parecido que he sentido a tocar la eternidad siendo yo una persona que nunca se había considerado espiritual.
Por eso se me hace difícil intentar explicarlo con lógica.
Os puedo afirmar que ha sido encontrar mi propósito de vida, lo que me ha llevado a esta tangente tan interesante.
Claro que en otras ocasiones estuve súper concentrado, pero no es lo mismo que cuando he estado tan centrado en trabajar en mi propósito todas las mañanas, que he sentido toda esas cascada de espiritualidad que lógicamente no había podido evitar de intentar usar la lógica para interpretarlo.
Pensando que si se nos ha dado la capacidad de llegar en este estado tiene que ser por un motivo de peso.
Una razón de ser.
Y así he empezado a explicar la idea del propósito como conexión a algo eterno relacionado con la creación.
Con nuestra creación.
No con la creación de la Tierra, sino la que somos capaces de hacer nosotros.
Porque mirad…
Como decía…
Si estamos hechos a la imagen de un creador, significa que nosotros somos creadores al igual que lo es él.
Yo hace 10 años he estado escribiendo prácticamente a diario.
Al principio me era casi imposible entrar en un estado de flow porque no sabía sobre qué escribir.
Sentía que tenía ganas y pasión.
No necesariamente por escribir, sino por documentar… Pero claro, al final la novedad y las ideas profundas se acaban, y solo estás tú y lo ordinario. Lo superfluo.
En este estado, ¿para qué molestarme en escribir algo superfluo en primera instancia, no?
Paradójicamente fue gracias a esto que aprendí algo interesante.
Y es que si tomo lo que parece ordinario, porque lo es, y lo llevo a un espacio mental creativo, entonces incluso lo superfluo se puede volver profundo.
Porque hay tres cosas que podemos hacer como humanos. En cualquier entorno, moderno, indígena, lo que sea:
«No hacer nada» es más fácil que «consumir», pero «consumir» es mucho más fácil que «crear».
Por esto nos podríamos preguntar que…
“Si puedo consumir, que es tan fácil, ¿por qué molestarme en crear?”
Pero fijaros como de forma orgánica, el humano siempre termina creando.
Lo quiera, o no.
Se de cuenta, o no.
Y que todo la innovación moderna, y todo lo que hemos desarrollado como sociedad quizás, sí. Ha sido en la búsqueda de la comunidad, pero sobretodo para hacer más fácil la creación.
Haciendo que nuestros recursos se pongan a disposición nuestra para crear en cualquier ámbito que queramos.
Y quizás esto ha sido algo subconsciente que hemos creado como comunidad.
Puedes cocinar, pintar, escribir, trabajar la madera, la caza para crear cortes… Se me ocurren mil y una cosas.
Como si la comodidad de la vida moderna, nos hubiera llevado a un sitio donde todo está a nuestra disposición.
Incluso podríamos alegar a que jugar a videojuegos es «consumir».
Es consumir algo superfluo… Pero que grabar tu reacción y colgarlo en internet en formato streaming, por muy ordinario que sea, es una creación.
Pero incluso aunque no grabes, cuando estás jugando el videojuego estás “creando tu historia”, en el sentido que ningún jugador pasa por exactamente los mismos caminos o píxeles de la historia del personaje al que está jugando.
Cada jugador crea su propio camino incluso cuando hacemos algo superfluo como jugar… a un videojuego que alguien ha creado.
Quizás esa creación no cambia la vida a nadie, o quizás sí, pero esa persona puede palmarla mañana, y dejar durante décadas y potencialmente siglos su creación ordinaria colgada para siempre.
Y esto lo ilustra a la perfección un video espeluznante que vi el otro día por las redes, os explico…
En este vídeo que me dejó los pelos de punta, los del brazo, porque soy calvo, un chico se presentaba: «Me llamo tal, tengo 26 años…»
Estaba grabándose en el espejo y lloraba mientras decía todo esto.
Básicamente explicaba que acababa de tener la epifanía de que era el único miembro de su familia que quedaba vivo.
Que cuando él muriera, su linaje terminaba con él.
Y estaba llorando.
Lo que me llegó a los huesos es la última frase que dijo, porque es algo que llevo pensando un par de años, y es que entre lágrimas soltó algo que me caló:
«Sólo quiero dejar una prueba de que he existido»
Ninjas de la vida, creo que es esta creación que está relacionada con nuestra existencia.
El crear, es dejar atrás algo independiente a nosotros, con un pedacito de nosotros en la Tierra.
No necesariamente que tenga que tener algo, pero es dejar una prueba al mundo de que hemos existido…
Y no necesariamente con la intención de que dure muchos años.
Sino que cada creación, incita a la siguiente persona a seguir creando.
Tengo la sensación que como personas siempre estamos gravitando hacia crear para dejar prueba de existencia pero también para que alguien continue la creación como si fuera una cadena de hechos.
Quizás este es el motivo por el que los emprendedores mega-millonarios siguen creando a pesar de tener la vida resuelta.
O que tienen que escribir un libro.
O que se terminan suicidando porque no son capaces de encontrar más razón para crear, o un propósito que les motive a seguir haciéndolo, porque mirad…
Todo esto son mis especulaciones, pero no es hasta que experimentas algún tipo de creación que siente que «vives» en máxima plenitud.
O quizás en vez de decir «hasta que experimentas» debería decir «vuelves a experimentarlo», porque de niños todos creamos.
Quizás es uno de los motivos por los que decimos que los niños son puros y lo más próximo a un creador.
La paradoja es que a medida que nos vamos haciendo adultos, la sociedad que hemos creado nos aparta de este estado natural de querer crear y experimentar.
Y digo que es paradójico porque quizás esta es la forma que tiene la sociedad moderna de intentar autorregularse de forma subconsciente.
De crear un entorno de distracciones en nombre del «excedente» cómodo, pero que todas estas distracciones te lo vayan poniendo cada vez más fácil para crear.
Porque de adulto tenemos la sensación que crear algo no tiene porque valer la pena porque no añadirá días a nuestros días.
Que depende del oficio o el hobby, pero que visto desde fuera parece una pérdida de tiempo para algunos que no están conectados con tu propósito o con la creación de algo.
Pero no es hasta que encuentras «eso», ese propósito que ves como, aunque sea cierto que:
Crear no añade días a nuestra vida, en realidad crear añade vida a nuestros días.
Por esto digo que esta creación es como intimar con la eternidad.
Donde el flow detiene el tiempo.
Como si tocaras la eternidad al menos por un momento.
Porque no conocemos la naturaleza del tiempo.
Al conocer la historia del libro The Great Divorce, cambié mi percepción de la naturaleza del tiempo cuando escuché a George McDonald describirlo de esa manera, que es que la persona que eres y la persona en la que te estás convirtiendo.
Al mismo tiempo.
Como dos caras de una misma moneda.
No solo eres «eso» ahora mismo, sino que ahora mismo, la acción que tomamos está cambiando el presente, pasado y futuro.
En la película La llegada, el personaje principal y sus compañeros se encuentran con extraterrestres que vienen en naves con forma de huevo.
Pero el quid de la cuestión, la base de la película es su lenguaje.
A menudo pensamos en las cosas como lineales, de la misma manera que una frase y una historia son lineales.
Pero estos alienígenas usan el lenguaje de una manera diferente y es que se comunican en círculos…
Y así, todo se dice a la vez.
No es como principio, medio y final: A, B y C. Sino que todo el pasado, presente y futuro se dice al mismo tiempo.
Por esto, estos extraterrestres conocen el futuro por la forma en que perciben el lenguaje.
A esto me refiero con la percepción del tiempo y la creación, porque en el fondo mirad esto…
La única razón por la que no crearíamos es que no encontramos una razón porque sólo pensamos en qué podremos recibir a cambio.
Qué nos dará «eso» si empiezo a hacerlo. ¿Será una razón suficiente?
Por esto nunca empezamos.
Porque no nos podemos asegurar que no perderemos el tiempo… Que ahora vemos limitado porque no hemos experimentado esta eternidad de presente, ahora y futuro, a la vez.
Nadie nos asegura que llegaremos a la meta.
Porque esa meta tiene un «fin» en el tiempo… porque lo seguimos interpretando así.
Nuestra atención cuando nos planteamos si empezar está en el fruto o resultado final.
Y así es como los humanos, pasamos de ser creadores, a ser cada vez más consumidores, simplemente porque no nos atrevemos a crear.
Porque irónicamente no hemos experimentado un tipo de creación con propósito, que nos haga transcendentes en el tiempo.
Y no importa que lo creado no viva eternamente, porque nosotros sí habremos vivido y experimentado la eternidad al crearlo, durante la creación, no una vez haya sido creado.
Algo que pocas personas podrán entender a nivel subconsciente has que un día te preguntan…
Y tu respondes… «pues no sé».
A los demás les gustará más o menos.
Serás más o menos conocido por ello, pero genuinamente no te importa. No sabes qué responder, porque te sientes conectado con algo más allá del mundo lógico, y por esto lo haces.
Porque no necesitas más motivo que esto.
Que esa actividad te hace entender mejor el mundo, pero también a ti mismo.
Extrañamente no por lo que creas, ni por calidad ni por cantidad, sino por el hecho….
De hacerlo durante la creación.