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  • Aunque desde mi adolescencia me había etiquetado a mi mismo de ateo rotundo, a principios de año sucedió un evento tan impactante en mi vida, que me hizo dar un giro de 180 grados en cuanto a mi fe.

    Quizás me atreva a contarlo más adelante, pero lo que sí puedo decir es que aunque hubo un evento “de interruptor”, ya hacía tiempo que empezaba a tener señales.

    Como si alguien me hubiese estado preparando/lubricando/engrasando el camino para que pudiera manejarlo emocionalmente/mentalmente cuando el día fatídico llegase.

    Durante los últimos años empecé a ver señales a las que no presté demasiada atención…

    Pero una señal que sin duda ahora me doy cuenta que pavimentó el camino hacia dejar de ser ateo fue… mi trabajo: la creación de contenido.

    A medida que he ido aprendiendo y creando más y más sobre todo lo que me importa (salud, dinero, mente, mundo, sociedad, y ahora fe…) en mis podcast y boletines como este, más y más me he ido sumergiendo en documentarlo.

    Y cuanto más he ido documentado, más me he dado cuenta de que incluso el caos más caótico parece tener un motivo de ser.

    Cómo si alguien hubiese «creado» ese caos para que yo le pusiera orden.

    Me refiero al caos de mi pequeño mundo para que yo fuese un creador que pone orden al mini-mundo que es mi vida.

    En el fondo esto es la archivística y documentación, ¿no?

    Ordenar.

    Pero en el propio orden, se crea una estructura nueva.

    Y aquí está la palabra clave: creación.

    No creo que haya una creación y de aquí salga la existencia, sino que la existencia y la creación son dos caras de una misma moneda… Como el huevo y la gallina.

    No puedo documentar, crear, si antes no ha existido un caos, información y datos sueltos, del que crear.

    No es que el carpintero trabaja en el taller y de aquí salga el mueble, sino que el mueble y el carpintero son las dos caras de esa misma moneda.

    No hay mueble sin carpintero, pero tampoco hay carpintero si no hay necesidad de crear el mueble….

    Bueno…

    Como veis, recientemente me he encontrado pensando en la creación más de lo que me gustaría admitir.

    No necesariamente de la creación del universo, o de los humanos, que también, pero recientemente mi mente ha estado pensando en este tipo de creación que yo hago.

    En el motivo o propósito por el que “creo”, y todos nosotros estamos hechos para crear, en distintos medios, no tiene porque se contenido, porque estamos hecho en la imagen y semejanza de un creador.

    Si el creador es “creador” porque “crea” y nosotros estamos hecho a su imagen… entonces nosotros también lo somos, ¿verdad?

    Personalmente ha sido a raíz de crear algo, lo que me empezó a hacer dejar de ser ateo.

    No es que me convirtiera al cristianismo en el momento de empezar a crear contenido, pero sí que fue en ese punto, y a medida que iba creando y creando, que empecé a dudar sobre esto de no creer en Dios.

    Para los que experimentáis el estado de flow de vez en cuando, creo que será más fácil de entender lo que quiero decir.

    Porque estar en flow, es estar hiperconcentrado en un espacio donde el tiempo, el presente, el ahora, el pasado, está todo conectado con un reto de creación, haciendo que el tiempo se detenga.

    O bueno….Que no exista.

    O que percibamos que no exista.

    Seguramente eso es lo más parecido que he sentido a tocar la eternidad siendo yo una persona que nunca se había considerado espiritual.

    Por eso se me hace difícil intentar explicarlo con lógica.

    Os puedo afirmar que ha sido encontrar mi propósito de vida, lo que me ha llevado a esta tangente tan interesante.

    Claro que en otras ocasiones estuve súper concentrado, pero no es lo mismo que cuando he estado tan centrado en trabajar en mi propósito todas las mañanas, que he sentido toda esas cascada de espiritualidad que lógicamente no había podido evitar de intentar usar la lógica para interpretarlo.

    Pensando que si se nos ha dado la capacidad de llegar en este estado tiene que ser por un motivo de peso.

    Una razón de ser.

    Y así he empezado a explicar la idea del propósito como conexión a algo eterno relacionado con la creación.

    Con nuestra creación.

    No con la creación de la Tierra, sino la que somos capaces de hacer nosotros.

    Porque mirad…

    Como decía…

    Eres creador. Dios te hizo a su imagen.

    Si estamos hechos a la imagen de un creador, significa que nosotros somos creadores al igual que lo es él.

    Yo hace 10 años he estado escribiendo prácticamente a diario.

    Al principio me era casi imposible entrar en un estado de flow porque no sabía sobre qué escribir.

    Sentía que tenía ganas y pasión.

    No necesariamente por escribir, sino por documentar… Pero claro, al final la novedad y las ideas profundas se acaban, y solo estás tú y lo ordinario. Lo superfluo.

    En este estado, ¿para qué molestarme en escribir algo superfluo en primera instancia, no?

    Paradójicamente fue gracias a esto que aprendí algo interesante.

    Y es que si tomo lo que parece ordinario, porque lo es, y lo llevo a un espacio mental creativo, entonces incluso lo superfluo se puede volver profundo.

    Porque hay tres cosas que podemos hacer como humanos. En cualquier entorno, moderno, indígena, lo que sea:

    • Crear
    • Consumir
    • No hacer nada

    «No hacer nada» es más fácil que «consumir», pero «consumir» es mucho más fácil que «crear».

    Por esto nos podríamos preguntar que…

    “Si puedo consumir, que es tan fácil, ¿por qué molestarme en crear?”

    Pero fijaros como de forma orgánica, el humano siempre termina creando.

    Lo quiera, o no.

    Se de cuenta, o no.

    Y que todo la innovación moderna, y todo lo que hemos desarrollado como sociedad quizás, sí. Ha sido en la búsqueda de la comunidad, pero sobretodo para hacer más fácil la creación.

    Haciendo que nuestros recursos se pongan a disposición nuestra para crear en cualquier ámbito que queramos.

    Y quizás esto ha sido algo subconsciente que hemos creado como comunidad.

    Puedes cocinar, pintar, escribir, trabajar la madera, la caza para crear cortes… Se me ocurren mil y una cosas.

    Como si la comodidad de la vida moderna, nos hubiera llevado a un sitio donde todo está a nuestra disposición.

    Incluso podríamos alegar a que jugar a videojuegos es «consumir».

    Es consumir algo superfluo… Pero que grabar tu reacción y colgarlo en internet en formato streaming, por muy ordinario que sea, es una creación.

    Pero incluso aunque no grabes, cuando estás jugando el videojuego estás “creando tu historia”, en el sentido que ningún jugador pasa por exactamente los mismos caminos o píxeles de la historia del personaje al que está jugando.

    Cada jugador crea su propio camino incluso cuando hacemos algo superfluo como jugar… a un videojuego que alguien ha creado.

    Quizás esa creación no cambia la vida a nadie, o quizás sí, pero esa persona puede palmarla mañana, y dejar durante décadas y potencialmente siglos su creación ordinaria colgada para siempre.

    Y esto lo ilustra a la perfección un video espeluznante que vi el otro día por las redes, os explico…

    Nunca dejes de crear. Tu obligación es trascender.

    En este vídeo que me dejó los pelos de punta, los del brazo, porque soy calvo, un chico se presentaba: «Me llamo tal, tengo 26 años…»

    Estaba grabándose en el espejo y lloraba mientras decía todo esto.

    Básicamente explicaba que acababa de tener la epifanía de que era el único miembro de su familia que quedaba vivo.

    Que cuando él muriera, su linaje terminaba con él.

    Y estaba llorando.

    Lo que me llegó a los huesos es la última frase que dijo, porque es algo que llevo pensando un par de años, y es que entre lágrimas soltó algo que me caló:

    «Sólo quiero dejar una prueba de que he existido»

    Ninjas de la vida, creo que es esta creación que está relacionada con nuestra existencia.

    El crear, es dejar atrás algo independiente a nosotros, con un pedacito de nosotros en la Tierra.

    No necesariamente que tenga que tener algo, pero es dejar una prueba al mundo de que hemos existido…

    Y no necesariamente con la intención de que dure muchos años.

    Sino que cada creación, incita a la siguiente persona a seguir creando.

    Tengo la sensación que como personas siempre estamos gravitando hacia crear para dejar prueba de existencia pero también para que alguien continue la creación como si fuera una cadena de hechos.

    • En mi caso particular ha sido documentar.
    • Otras personas tienen ese instinto de ser padres ya desde muy jóvenes.
    • Otros que puedan parecer desde fuera unos vagos, y quizás lo sean, terminan creando mierda que muchas veces pasa desapercibida porque no es apreciada, pero es algo.

    Quizás este es el motivo por el que los emprendedores mega-millonarios siguen creando a pesar de tener la vida resuelta.

    O que tienen que escribir un libro.

    O que se terminan suicidando porque no son capaces de encontrar más razón para crear, o un propósito que les motive a seguir haciéndolo, porque mirad…

    Naciste y morirás como creador.

    Todo esto son mis especulaciones, pero no es hasta que experimentas algún tipo de creación que siente que «vives» en máxima plenitud.

    O quizás en vez de decir «hasta que experimentas» debería decir «vuelves a experimentarlo», porque de niños todos creamos.

    Quizás es uno de los motivos por los que decimos que los niños son puros y lo más próximo a un creador.

    La paradoja es que a medida que nos vamos haciendo adultos, la sociedad que hemos creado nos aparta de este estado natural de querer crear y experimentar.

    Y digo que es paradójico porque quizás esta es la forma que tiene la sociedad moderna de intentar autorregularse de forma subconsciente.

    De crear un entorno de distracciones en nombre del «excedente» cómodo, pero que todas estas distracciones te lo vayan poniendo cada vez más fácil para crear.

    Porque de adulto tenemos la sensación que crear algo no tiene porque valer la pena porque no añadirá días a nuestros días.

    Que depende del oficio o el hobby, pero que visto desde fuera parece una pérdida de tiempo para algunos que no están conectados con tu propósito o con la creación de algo.

    Pero no es hasta que encuentras «eso», ese propósito que ves como, aunque sea cierto que:

    Crear no añade días a nuestra vida, en realidad crear añade vida a nuestros días.

    Por esto digo que esta creación es como intimar con la eternidad.

    Donde el flow detiene el tiempo.

    Como si tocaras la eternidad al menos por un momento.

    Porque no conocemos la naturaleza del tiempo.

    Al conocer la historia del libro The Great Divorce, cambié mi percepción de la naturaleza del tiempo cuando escuché a George McDonald describirlo de esa manera, que es que la persona que eres y la persona en la que te estás convirtiendo.

    Al mismo tiempo.

    Como dos caras de una misma moneda.

    No solo eres «eso» ahora mismo, sino que ahora mismo, la acción que tomamos está cambiando el presente, pasado y futuro.

    En la película La llegada, el personaje principal y sus compañeros se encuentran con extraterrestres que vienen en naves con forma de huevo.

    Pero el quid de la cuestión, la base de la película es su lenguaje.

    A menudo pensamos en las cosas como lineales, de la misma manera que una frase y una historia son lineales.

    Pero estos alienígenas usan el lenguaje de una manera diferente y es que se comunican en círculos…

    Y así, todo se dice a la vez.

    No es como principio, medio y final: A, B y C. Sino que todo el pasado, presente y futuro se dice al mismo tiempo.

    Por esto, estos extraterrestres conocen el futuro por la forma en que perciben el lenguaje.

    A esto me refiero con la percepción del tiempo y la creación, porque en el fondo mirad esto…

    ¿Has tocado la eternidad alguna vez?

    La única razón por la que no crearíamos es que no encontramos una razón porque sólo pensamos en qué podremos recibir a cambio.

    Qué nos dará «eso» si empiezo a hacerlo. ¿Será una razón suficiente?

    Por esto nunca empezamos.

    Porque no nos podemos asegurar que no perderemos el tiempo… Que ahora vemos limitado porque no hemos experimentado esta eternidad de presente, ahora y futuro, a la vez.

    Nadie nos asegura que llegaremos a la meta.

    Porque esa meta tiene un «fin» en el tiempo… porque lo seguimos interpretando así.

    Nuestra atención cuando nos planteamos si empezar está en el fruto o resultado final.

    Y así es como los humanos, pasamos de ser creadores, a ser cada vez más consumidores, simplemente porque no nos atrevemos a crear.

    Porque irónicamente no hemos experimentado un tipo de creación con propósito, que nos haga transcendentes en el tiempo.

    Y no importa que lo creado no viva eternamente, porque nosotros sí habremos vivido y experimentado la eternidad al crearlo, durante la creación, no una vez haya sido creado.

    Algo que pocas personas podrán entender a nivel subconsciente has que un día te preguntan…

    • ¿Por qué escribes?
    • ¿Por qué haces muebles?
    • ¿Por qué cantas?
    • ¿Por qué cocinas?

    Y tu respondes… «pues no sé».

    A los demás les gustará más o menos.

    Serás más o menos conocido por ello, pero genuinamente no te importa. No sabes qué responder, porque te sientes conectado con algo más allá del mundo lógico, y por esto lo haces.

    Porque no necesitas más motivo que esto.

    Que esa actividad te hace entender mejor el mundo, pero también a ti mismo.

    Extrañamente no por lo que creas, ni por calidad ni por cantidad, sino por el hecho….

    De hacerlo durante la creación.

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