En esta crónica, Pau vuelve a España con varios proyectos alineándose a la vez. En unos días irá a Valencia, donde un ninja de Sociedad Ninja le deja un Airbnb, pero incluso ese viaje lo vive con el portátil en la mochila: ahora mismo todo parece orbitar alrededor de sus herramientas, agentes y nuevas plataformas.
El episodio gira alrededor de una evolución importante: el sistema operativo agéntico que estaba preparando ya no empezará como algo general para cualquier proyecto tecnológico, sino como un sistema operativo de estrategias de trading. La idea nace del trabajo que ya están haciendo en el club de trading semanal, donde una estrategia basada en Smart Money Concepts empieza a convertirse en panel, puntuaciones, alertas, datos y, quizá más adelante, bots.
No es solo una herramienta de trading. Es otro ejemplo de cómo Pau está intentando transformar ideas grandes en sistemas ejecutables con IA.
El episodio muestra muy bien el punto en el que está Pau: ya no usa IA solo para pedir tareas sueltas, sino para diseñar sistemas completos donde modelos, skills, agentes, reglas y tableros trabajan como una pequeña organización técnica.
Pau empezó queriendo crear un sistema operativo para agentes.
Pero al alejarse un poco, el proyecto encontró una forma más concreta:
un sistema operativo de estrategias.
Trading.
Datos.
Paneles.
Módulos.
Agentes.
Reglas.
Puntuaciones.
Debates entre modelos.
Automatización progresiva.
El vértigo aparece cuando la idea es demasiado grande.
Pero a veces la solución no es forzarla.
Es apartarse, dejar que otros proyectos avancen y descubrir que la arquitectura que parecía abstracta tenía un caso de uso mucho más claro delante de ti.
En esta crónica, Pau vuelve a grabar desde esa fase de obsesión creativa en la que el cuerpo parece despertarle solo. Ya no entre las 5 y las 6, como de costumbre, sino incluso a las 4 de la mañana, sin alarma, con ganas de ponerse a construir.
El episodio empieza hablando de madrugadas, acampadas, swing, portátil y cafetera italiana, pero enseguida entra en el verdadero núcleo: Pau está diseñando una especie de sistema operativo agéntico dentro de sus agentes de Pau Ninja. No un sistema operativo tipo Windows, Linux o Mac, sino una base organizativa para que varios agentes de IA funcionen como un equipo de desarrollo entero.
La idea es ambiciosa: que el usuario explique un proyecto, responda unas pocas preguntas clave y, a partir de ahí, el sistema cree una estructura jerárquica de agentes que trabajen como una empresa de software adaptada a ese proyecto.
Esta crónica no va solo de programar con IA. Va de algo más profundo: pasar de usar agentes sueltos a diseñar una organización completa de agentes, con jerarquía, presupuesto, reglas, validaciones y dirección.
Pau ya no está pensando solo en pedirle cosas a la IA.
Está pensando en diseñar una empresa de IA.
Un usuario como inversor.
Un agente orquestador como CEO.
Departamentos de agentes.
Reglas internas.
Presupuestos de tokens.
Validaciones.
Jerarquías que se expanden o contraen según el proyecto.
La interfaz se puede copiar.
La idea se puede clonar.
Pero el valor real está en cómo está construido por detrás.
En el backstage.
En esas miles de reglas invisibles que hacen que un grupo de agentes no sea solo un montón de prompts, sino una pequeña organización capaz de trabajar para ti.
En esta crónica, Pau vuelve a una idea que ya venía apareciendo en episodios anteriores: se ha quedado sin editor de vídeo, sin ilustradora y sin programador, pero en vez de sentir que el proyecto se queda cojo, nota justo lo contrario. La empresa se ha hecho más pequeña, sí, pero también más rápida, más automatizada y más suya.
La clave, otra vez, es la inteligencia artificial. Pau está convirtiendo problemas operativos en herramientas: un filtro rojo gratuito, un transcriptor propio, su propio “Photoshop”, un hub para podcasters y hasta una plataforma de entrenamiento con agentes especializados que analizan años de datos físicos.
El episodio es una especie de inventario vivo de todo lo que está construyendo: algunas cosas serán gratuitas, otras quizá comercializables, pero todas nacen del mismo sitio: una necesidad real de su propio workflow.
La crónica salta de filtros de luz a dictado, de Photoshop a acampadas, de animaciones de podcast a entrenamiento con IA. Pero el hilo es el mismo: convertir cada fricción en una herramienta propia.
A veces perder equipo te obliga a ver qué parte del sistema dependía demasiado de otros.
Y a veces esa pérdida se convierte en el empujón que necesitabas para construir herramientas mejores.
Un filtro.
Un dictado.
Un editor de fotos.
Un hub de contenido.
Un entrenador con IA.
Nada de esto nace de una estrategia perfecta en una pizarra.
Nace de una fricción concreta, de una necesidad real y de la pregunta que parece estar guiando esta etapa de Pau:
“¿Y si me lo hago yo?”
En esta crónica, Pau vuelve a Estonia antes de lo previsto. La idea inicial era pasar el resto del verano en España, pero el calor le estaba afectando demasiado a la productividad: buscar aire acondicionado, sudar, perder foco y no poder entrar bien en modo creación. Así que decide volver a Estonia cuatro semanas más para trabajar tranquilo.
Pero el episodio no va solo de calor ni de productividad. Va de cómo, en pocas semanas, Pau se queda sin programador, sin ilustradora funcional para su nuevo estilo y también sin editor de vídeo. Algo que podría vivirse como un problema enorme empieza a convertirse en una excusa perfecta para acelerar una idea: automatizar todo su sistema de creación de contenido con IA.
La crónica gira alrededor de una idea muy clara: a veces perder personas no te deja vacío; te obliga a construir sistemas que te hacen más libre.
Este episodio no va de reemplazar personas por deporte. Va de recuperar soberanía cuando las dependencias se rompen todas a la vez.
Perder equipo puede parecer una mala noticia.
Y a veces lo es.
Pero también puede revelar una dependencia que ya tocaba revisar.
Pau no quería necesariamente sustituir a todos por IA. Lo que pasa es que, cuando varias piezas humanas se caen a la vez, aparece una pregunta inevitable:
¿busco otra persona para repetir el mismo sistema o construyo una herramienta que me devuelva control?
Esta vez ha elegido lo segundo.
Menos estructura fija.
Más automatización.
Menos dependencia.
Más libertad.
En esta crónica, Pau parte de una incomodidad muy concreta: siempre le ha parecido raro mandar audios sin ningún tipo de vídeo acompañando lo que cuenta. Había probado con ondas de sonido y después con una ilustradora que dibujaba lo que se iba explicando, pero ese flujo dependía demasiado de personas, tiempos y disponibilidad.
A partir de ahí aparece el giro del episodio: si ya está usando IA para crear proyectos, automatizaciones y herramientas, ¿por qué no usarla también para construir su propio sistema de creación audiovisual? No solo una animación tipo whiteboard, sino un flujo entero que vaya desde la idea, al audio, al vídeo, a los fotogramas, a la publicación.
Y ahí nace la idea más grande: pasar del vibe coding al vibe making. Crear herramientas, productos y sistemas sin tocar una sola línea de código, usando la IA como motor de ejecución y reservándose él la dirección, el gusto y el criterio.
Este episodio no va solo de animaciones. Va de detectar una fricción en el propio proceso creativo y convertirla en software.
Pau no quiere solo hacer vídeos con dibujos.
Quiere convertir cada fricción de su vida creativa en una herramienta.
Primero para él.
Después para los demás.
Y, si tiene sentido, como producto local de pago único.
La clave no es inventar otra suscripción más.
Es crear algo que ahorre tiempo real.
Algo que coja una parte pesada del proceso —ilustrar, animar, montar, publicar— y la convierta en una pieza más de ese nuevo mundo donde ya no solo hacemos vibe coding.
Hacemos vibe making.
En esta crónica, Pau parte de algo muy concreto: se ha quedado sin tokens otra vez. Empezó con una cuenta de Claude de 100 dólares, luego añadió Codex, y ahora está en el máximo de suscripciones de ambas casas… pero aun así se queda seco.
Pero el episodio no va realmente de tokens. Va de algo más profundo: esos días en los que tienes energía, tienes ganas, tienes herramientas, tienes proyectos abiertos… pero no tienes una dirección clara.
Y cuando no hay dirección, la energía se convierte en deriva. Apagas fuegos, saltas entre tareas, haces cosas, pero no sientes que hayas avanzado de verdad.
Esta crónica no habla de falta de energía.
Habla de energía mal dirigida.
De esos días donde haces muchas cosas, pero no la cosa.
No siempre estás cansado.
A veces estás disperso.
Tienes energía.
Tienes ganas.
Tienes herramientas.
Tienes proyectos.
Pero si no sabes cuál es la rana del día, todo se convierte en fuegos, pestañas abiertas y tareas medio conectadas.
La energía sin intención no es productividad.
Es deriva.
Y quizá por eso la mañana empieza la noche anterior: no para levantarte con más motivación, sino para levantarte con una dirección.