En esta crónica, Pau reconoce que vuelve a estar completamente obsesionado con las estrategias de trading y la inteligencia artificial. Lleva semanas probando indicadores, cruzando datos, recuperando libros antiguos y utilizando sus agentes para encontrar patrones de mercado que antes habría sido incapaz de investigar por su cuenta.
Pero la obsesión también tiene su lado complicado. Pau ha llegado a organizar su vida alrededor de los agentes, dejando tareas ejecutándose mientras duerme, sale a caminar o se va a una cafetería. Por eso ha trasladado su sistema a un servidor y ha encontrado en su reciente fe cristiana una forma de frenar esa ansiedad productiva.
El episodio mezcla trading, automatización, espiritualidad, sueños y experimentos personales, pero acaba girando alrededor de una idea: la IA puede multiplicar nuestras capacidades, pero sigue necesitando una idea humana que le marque el camino.
Esta crónica muestra dos facetas que están cobrando mucha fuerza en Pau: por un lado, la necesidad casi compulsiva de investigar, construir y optimizar estrategias mediante inteligencia artificial; por otro, una nueva espiritualidad que le está ayudando a no convertir toda su vida en una carrera permanente de productividad.
Y en medio aparece un aprendizaje importante sobre la propia IA: no sustituye necesariamente la intuición ni el criterio. Para Pau, sus mejores resultados aparecen cuando parte de una hipótesis propia y utiliza los modelos para investigar, probar y desarrollar aquello que ha imaginado.
Pau tiene más capacidad que nunca para construir.
Agentes trabajando de madrugada.
Servidores ejecutando tareas.
Indicadores analizando mercados.
Modelos cruzando hipótesis.
Estrategias sometidas a backtesting.
Pero cuanto más puede hacer, más difícil le resulta dejar de pensar en todo lo que podría estar haciendo.
Por eso está encontrando cierto equilibrio en dos cosas aparentemente muy distintas:
La creatividad humana para dirigir la inteligencia artificial y la fe para recordar que la productividad no lo es todo.
Porque quizá el verdadero avance no consista en tener agentes trabajando las 24 horas.
Sino en poder cerrar el ordenador, salir a caminar y disfrutar del día sin sentir que estás desperdiciando el tiempo.
Pau abre esta crónica con una cifra bastante clara: el mes pasado gastó unos 1.300 € en suscripciones de inteligencia artificial, principalmente en Claude y Codex, además de Grok y Gemini. Es mucho dinero, pero él lo compara con lo que antes destinaba a ilustración, edición de vídeo y programación. Desde ese punto de vista, siente que la IA no solo le sale más barata, sino que le está permitiendo construir herramientas que, dentro de unos meses, deberían reducir todavía más su carga de trabajo.
El objetivo final empieza a tomar forma: crear un workflow casi completamente automatizado alrededor de Pau Ninja. Que él siga haciendo la parte humana —pensar, hablar, experimentar y grabar— y que todo lo demás pueda ocurrir prácticamente solo: títulos, miniaturas, descripciones, clips, publicación y distribución.
El episodio también mezcla esta etapa de productividad extrema con otros experimentos personales: un móvil de tinta electrónica para reducir consumo compulsivo, luz roja mientras trabaja, lectura de la Biblia y un nuevo proyecto donde quiere combinar IA, estudio bíblico y búsqueda de pequeños misterios o conexiones.
Todo el episodio refleja bastante bien la fase actual de Pau: gastar mucho en IA ahora para intentar construir una infraestructura que le permita hacer cada vez menos trabajo mecánico después.
Pero el objetivo no es automatizarse a sí mismo. Es automatizar todo lo que hay alrededor para poder dedicar más tiempo precisamente a la parte que no quiere delegar: pensar, experimentar, aprender, hablar y crear contenido desde experiencias reales.
Pau está gastando 1.000 o 1.300 € al mes en inteligencia artificial.
Pero no para que la IA sea Pau.
La está usando para construir la maquinaria que trabaja alrededor de Pau.
Títulos.
Miniaturas.
Clips.
Publicaciones.
Descripciones.
Agentes.
Herramientas.
Automatizaciones.
Cuanto más pueda hacer la máquina, más primitiva puede seguir siendo la parte importante:
una persona teniendo una experiencia, procesándola con su propia cabeza y encendiendo un micrófono para contarla.
Quizá ese sea precisamente el verdadero uso de la IA para Pau:
no crear contenido menos humano, sino eliminar todo lo demás para que pueda permitirse hacerlo todavía más humano.
En esta crónica, Pau vuelve a España con varios proyectos alineándose a la vez. En unos días irá a Valencia, donde un ninja de Sociedad Ninja le deja un Airbnb, pero incluso ese viaje lo vive con el portátil en la mochila: ahora mismo todo parece orbitar alrededor de sus herramientas, agentes y nuevas plataformas.
El episodio gira alrededor de una evolución importante: el sistema operativo agéntico que estaba preparando ya no empezará como algo general para cualquier proyecto tecnológico, sino como un sistema operativo de estrategias de trading. La idea nace del trabajo que ya están haciendo en el club de trading semanal, donde una estrategia basada en Smart Money Concepts empieza a convertirse en panel, puntuaciones, alertas, datos y, quizá más adelante, bots.
No es solo una herramienta de trading. Es otro ejemplo de cómo Pau está intentando transformar ideas grandes en sistemas ejecutables con IA.
El episodio muestra muy bien el punto en el que está Pau: ya no usa IA solo para pedir tareas sueltas, sino para diseñar sistemas completos donde modelos, skills, agentes, reglas y tableros trabajan como una pequeña organización técnica.
Pau empezó queriendo crear un sistema operativo para agentes.
Pero al alejarse un poco, el proyecto encontró una forma más concreta:
un sistema operativo de estrategias.
Trading.
Datos.
Paneles.
Módulos.
Agentes.
Reglas.
Puntuaciones.
Debates entre modelos.
Automatización progresiva.
El vértigo aparece cuando la idea es demasiado grande.
Pero a veces la solución no es forzarla.
Es apartarse, dejar que otros proyectos avancen y descubrir que la arquitectura que parecía abstracta tenía un caso de uso mucho más claro delante de ti.
En esta crónica, Pau vuelve a grabar desde esa fase de obsesión creativa en la que el cuerpo parece despertarle solo. Ya no entre las 5 y las 6, como de costumbre, sino incluso a las 4 de la mañana, sin alarma, con ganas de ponerse a construir.
El episodio empieza hablando de madrugadas, acampadas, swing, portátil y cafetera italiana, pero enseguida entra en el verdadero núcleo: Pau está diseñando una especie de sistema operativo agéntico dentro de sus agentes de Pau Ninja. No un sistema operativo tipo Windows, Linux o Mac, sino una base organizativa para que varios agentes de IA funcionen como un equipo de desarrollo entero.
La idea es ambiciosa: que el usuario explique un proyecto, responda unas pocas preguntas clave y, a partir de ahí, el sistema cree una estructura jerárquica de agentes que trabajen como una empresa de software adaptada a ese proyecto.
Esta crónica no va solo de programar con IA. Va de algo más profundo: pasar de usar agentes sueltos a diseñar una organización completa de agentes, con jerarquía, presupuesto, reglas, validaciones y dirección.
Pau ya no está pensando solo en pedirle cosas a la IA.
Está pensando en diseñar una empresa de IA.
Un usuario como inversor.
Un agente orquestador como CEO.
Departamentos de agentes.
Reglas internas.
Presupuestos de tokens.
Validaciones.
Jerarquías que se expanden o contraen según el proyecto.
La interfaz se puede copiar.
La idea se puede clonar.
Pero el valor real está en cómo está construido por detrás.
En el backstage.
En esas miles de reglas invisibles que hacen que un grupo de agentes no sea solo un montón de prompts, sino una pequeña organización capaz de trabajar para ti.
En esta crónica, Pau vuelve a una idea que ya venía apareciendo en episodios anteriores: se ha quedado sin editor de vídeo, sin ilustradora y sin programador, pero en vez de sentir que el proyecto se queda cojo, nota justo lo contrario. La empresa se ha hecho más pequeña, sí, pero también más rápida, más automatizada y más suya.
La clave, otra vez, es la inteligencia artificial. Pau está convirtiendo problemas operativos en herramientas: un filtro rojo gratuito, un transcriptor propio, su propio “Photoshop”, un hub para podcasters y hasta una plataforma de entrenamiento con agentes especializados que analizan años de datos físicos.
El episodio es una especie de inventario vivo de todo lo que está construyendo: algunas cosas serán gratuitas, otras quizá comercializables, pero todas nacen del mismo sitio: una necesidad real de su propio workflow.
La crónica salta de filtros de luz a dictado, de Photoshop a acampadas, de animaciones de podcast a entrenamiento con IA. Pero el hilo es el mismo: convertir cada fricción en una herramienta propia.
A veces perder equipo te obliga a ver qué parte del sistema dependía demasiado de otros.
Y a veces esa pérdida se convierte en el empujón que necesitabas para construir herramientas mejores.
Un filtro.
Un dictado.
Un editor de fotos.
Un hub de contenido.
Un entrenador con IA.
Nada de esto nace de una estrategia perfecta en una pizarra.
Nace de una fricción concreta, de una necesidad real y de la pregunta que parece estar guiando esta etapa de Pau:
“¿Y si me lo hago yo?”
En esta crónica, Pau vuelve a Estonia antes de lo previsto. La idea inicial era pasar el resto del verano en España, pero el calor le estaba afectando demasiado a la productividad: buscar aire acondicionado, sudar, perder foco y no poder entrar bien en modo creación. Así que decide volver a Estonia cuatro semanas más para trabajar tranquilo.
Pero el episodio no va solo de calor ni de productividad. Va de cómo, en pocas semanas, Pau se queda sin programador, sin ilustradora funcional para su nuevo estilo y también sin editor de vídeo. Algo que podría vivirse como un problema enorme empieza a convertirse en una excusa perfecta para acelerar una idea: automatizar todo su sistema de creación de contenido con IA.
La crónica gira alrededor de una idea muy clara: a veces perder personas no te deja vacío; te obliga a construir sistemas que te hacen más libre.
Este episodio no va de reemplazar personas por deporte. Va de recuperar soberanía cuando las dependencias se rompen todas a la vez.
Perder equipo puede parecer una mala noticia.
Y a veces lo es.
Pero también puede revelar una dependencia que ya tocaba revisar.
Pau no quería necesariamente sustituir a todos por IA. Lo que pasa es que, cuando varias piezas humanas se caen a la vez, aparece una pregunta inevitable:
¿busco otra persona para repetir el mismo sistema o construyo una herramienta que me devuelva control?
Esta vez ha elegido lo segundo.
Menos estructura fija.
Más automatización.
Menos dependencia.
Más libertad.