En esta crónica, Pau vuelve a España con varios proyectos alineándose a la vez. En unos días irá a Valencia, donde un ninja de Sociedad Ninja le deja un Airbnb, pero incluso ese viaje lo vive con el portátil en la mochila: ahora mismo todo parece orbitar alrededor de sus herramientas, agentes y nuevas plataformas.
El episodio gira alrededor de una evolución importante: el sistema operativo agéntico que estaba preparando ya no empezará como algo general para cualquier proyecto tecnológico, sino como un sistema operativo de estrategias de trading. La idea nace del trabajo que ya están haciendo en el club de trading semanal, donde una estrategia basada en Smart Money Concepts empieza a convertirse en panel, puntuaciones, alertas, datos y, quizá más adelante, bots.
No es solo una herramienta de trading. Es otro ejemplo de cómo Pau está intentando transformar ideas grandes en sistemas ejecutables con IA.
El episodio muestra muy bien el punto en el que está Pau: ya no usa IA solo para pedir tareas sueltas, sino para diseñar sistemas completos donde modelos, skills, agentes, reglas y tableros trabajan como una pequeña organización técnica.
Pau empezó queriendo crear un sistema operativo para agentes.
Pero al alejarse un poco, el proyecto encontró una forma más concreta:
un sistema operativo de estrategias.
Trading.
Datos.
Paneles.
Módulos.
Agentes.
Reglas.
Puntuaciones.
Debates entre modelos.
Automatización progresiva.
El vértigo aparece cuando la idea es demasiado grande.
Pero a veces la solución no es forzarla.
Es apartarse, dejar que otros proyectos avancen y descubrir que la arquitectura que parecía abstracta tenía un caso de uso mucho más claro delante de ti.
El trabajo duro supera al talento cuando el talento no trabaja duro.
¿Qué tiene de verdad esta cita? ¿Qué es lo que hace que algunas personas sean tan amas y señoras de lo que hacen?
La ciencia ha podido responder a esta pregunta recientemente.
Me da igual si estamos hablando de un escalador, pianista, trader, gimnasta, escritor… siempre pensamos, que sí, se lo han currado, pero que hay este gen o don o talento detrás, que es lo que les ha hecho despuntar a ciertas personas.
En el libro Peak (número uno) el autor Anders Ericsson revelaba con estudios y datos si hay un supuesto gen detrás de esta gente que llegan a sus picos en sus disciplinas.

Número uno: Secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos (Conecta)

Peak: Unleashing Your Inner Champion Through Revolutionary Methods for Skill Acquisition and…
El original
Para intentar arrojar algo de luz a la divergencia que hay entre talento y habilidad.
Para arrojar luz a si el talento es innato, o adquirido.
Como te puedes imaginar querido ninja de la vida, sus resultados extraordinarios poco tienen que ver con un talento innato que los separe de la media de humanos…
Mirando a los estudios nos damos cuenta que quizás estos atletas, artistas o empresarios sí tienen una especie de don, pero no el don que la mayoría cree. El talento innato.
Me explico.
Por ejemplo piensa en esas personas que tienen un tono/oído perfecto, son esas personas que saben cuál nota es cada sonido sin ninguna referencia musical, también se pensaba que era un talento innato. Con el que se nacía…
Hasta que más tarde algunos estudios confirmaron como se podía entrenar este perfect pitch.1
Entonces se argumenta que el verdadero don, es en realidad la habilidad de desarrollar lo que algunos confunden con «el don», el arte, el talento que crees que alguien tiene.
Desde los 90 los científicos se han ido dando cuenta que el cerebro, incluso los cerebros adultos, son mucho más flexibles de lo que nos creíamos inicialmente.
Que todos tenemos el don de la adaptabilidad, como humanos que somos. Aprender a aprender (#454).
Aprender lo que sea, no es una manera de conseguir el potencial de cada uno sino más bien una manera de desarrollar este don.
De crear nuestro propio potencial.
O bueno, en este caso, nuestro multipotencial.
La pregunta es: entonces, ¿cómo potenciamos el don de la habilidad?
Lo que parece un don o un talento por el resto de los mortales… Esas habilidades que parecen mágicas o que vienen directamente de Narnia, se convierten en totalmente creíbles cuando cambiamos el enfoque de la lupa.
Se cuenta la historia del compositor y violinista italiano Paganini, que murió sobre el año 1840.
Una de las historias más increíbles que se cuenta de su «talento» es que se ve que tocaba melodías increíbles incluso hasta cuando 3 de sus 4 cuerdas se habían roto de improvisto.
Dirás, «bua… menudo talento innato. No cualquier músico, ni siquiera profesional, podría hacer algo así».
Estoy de acuerdo. De hecho, ni él mismo podía hacer algo así.
Y es que décadas más tarde se reveló, que el muy zorrudo componía piezas secretas con una sola cuerda y después rompía las cuerdas a propósito sólo para dar un show de alto nivel a los que iban a sus conciertos.
O también piensa en Mozart. Pensamos en él como un músico increíble, pero se omite la influencia de su padre. Un músico muy ambicioso.
Jeff Bezos empezó Amazon en el garaje de sus padres… Pero ese garaje formaba parte de una casa de 6 millones de dólares porque su padre ya era un emprendedor multimillonario que además invirtió contundentemente en el proyecto de su hijo.2
Lo que Peak nos viene a decir es que en el fondo el talento innato no existe, o más bien dicho, no crea una diferencia substancial.
Al menos cerebralmente hablando.
Quizás te motivas más si de buenas a primeras ya se te da bien y esto es lo que te hace practicar más. O practicar de forma diferente cuando llegas a una meseta.
Esto es lo que te lleva a afilar una habilidad hasta el punto que todo Dios te dice que tienes un talento innato, pero en el fondo:
Los sabios desarrollan sus habilidades debido a un interés obsesivo por las cosas, no a un gen innato.
La razón por la que la mayoría de personas que no cantan, pues «no cantan», es simplemente porque nunca han practicado de una forma que les lleve a desarrollar la habilidad de cantar.
Siendo una de las habilidades que más se cree que está 100% relacionado con un talento innato.
También pensamos que tener un coeficiente intelectual alto te ayuda a aprender rápido al principio, pero no es ningún seguro de que terminarás petándolo a la vida.
En absoluto.
¿Por qué? Pues porque el coeficiente intelectual sólo mide el potencial de éxito académico.
Lo mismo ocurre con las habilidades visuoespaciales. La capacidad de poder manipular, representar o analizar con la mente los objetos.
Por esto en algunos test de IQ hay preguntas en las que te enseñan por ejemplo un cubo que está abierto/diseccionado. Con distintos números o letras y entonces, visuoespacialmente, tienes que deducir cómo quedará cada cara si lo doblas y lo vuelves cubo.
No poder hacerlo, ¿definiría que no puedas petarlo en la vida? El punto del libro es que:
Nadie nunca en la historia ha podido descubrir cómo identificar personas con talento innato.
Un experimento que el bueno de Ericsson hizo con un estudiante universitario del montón, refleja esta idea muy bien.
Le hizo memorizar montones de secuencias de números hasta darse cuenta que cada vez que este chico, Steve, llegaba a un techo de memoria del que se pensaba que no podía sobrepasar, siempre encontraba una manera de sobrepasarlo.
Se ve que cada vez que llegaba a esta meseta, el estudiante desarrollaba otro manera de acordarse. De metodología. De sistema.
Si nos lo paramos a pensar, es muy raro encontrar algo de evidencia, en cualquier campo, que nos pudiera indicar que una persona ha llegado a un techo, a una meseta potencial intelectual.
Me refiero a que normalmente las personas lo que hacemos, no es que llegamos a un techo confirmado, sino que paramos de intentarlo. Dejamos de intentar volvernos mejores.
Porque al llegar al techo piensas que «hast aquí», pero que en el fondo, es algo emocional y psicológico, porque cualquiera que decidiera dedicarse a X superando sus techos, lo podría conseguir.
Eso sí, y es vital: siempre que encontrara la metodología adecuada, claro.
Y sobretodo, a seguir practicando esta metodología.
Entonces una de las claves es preguntarnos: ¿qué nos motiva para querer superar esta meseta y seguir practicando? Porque
En el 99% de las veces, abandonamos porque la metodología que usábamos nos deja de funcionar.
Lo primero es una retroalimentación positiva.
Puedes ser externa, alguien que nos anima, o también funciona muy bien con la que me nutro yo personalmente, que es la interna.
Una retroalimentación positiva interna es reforzada por el orgullo o incluso el ego de querer mejorarme a mí mismo como persona a través de ir mejorando en este proyecto con el que estoy actualmente.
No es casualidad que para entrar y alcanzar el estado de flow (#483, #486), esta retroalimentación sea vital. Porque necesitamos un estado emocional positivo retroalimentado para seguir avanzando.
Digo que esa retroalimentación es vital porque nos ayuda a evaluar lo que estamos haciendo. Si estamos progresando adecuadamente o no.
Como en la primaria.
Por esto se vio que cuando los científicos probaron el mismo experimento de memorización pero con otro estudiante, este no recordó tan bien como Steve. ¿Por qué? Por un motivo interesante.
Y es que el bueno de Steve tenía una estructura de recuperación.
¿Qué significa esto? No es ningún talento especial, sino un sistema.
Steve decidía con antelación qué método para retener mejor la información (#588) iba a usar para memorizar las secuencias de números que se le daban en el experimento.
Porque intentarlo no es suficiente.
Trabajar duro para sobrepasar los límites, no era suficiente.
Con este experimento lo que se quería probar era que los sujetos que no sobrepasaban sus límites, no era porque no lo intentaran mucho y con muchas ganas, sino porque no lo intentaban de una forma diferente.
O sea que cuidado con proponerse una cosa con obstinación, porque el hecho de poner visión de burro, es lo que puede hacer que nos haga hacer círculos en ese techo, esa meseta en la que no queremos estar.
Esto es porque nuestro cerebro se adapta al entrenamiento y la práctica de la misma forma que lo hacen los músculos.
De hecho en algunos principios como la metodología de greasing the groove en la fuerza (#362), veíamos y confirmábamos como la fuerza es una habilidad porque empieza en las conexiones neuronales que tenemos antes que en los músculos.
Haciendo esas conexiones más eficientes, somos potencialmente más fuertes sin tener que recurrir a la parte física de la musculatura.
Es el cerebro que se adapta al entorno y a la práctica al que le sometemos. Algo que también veíamos en:
Porque cuando practicamos algo lo suficiente, el cerebro reclutará las neuronas para ayudarnos a hacer el trabajo más eficientemente.
Es parte del ADN humano: la adaptabilidad y resiliencia al entorno.
Es esta plasticidad neuronal, neuroplasticidad, que significa que ni la estructura cerebral ni tampoco su función, están fijas.
No lo están.
Porque cambian en respuesta al uso que le damos.
Por esto vemos como el ejercicio físico no sólo nos cambia físicamente sino también neuronalmente por el deseo del cuerpo de llegar a esta homeostasis.4
Que es cuando empujas a tu cuerpo durante una actividad difícil, más allá de lo que los mecanismos homeostáticos, el estado de equilibrio del cuerpo, que no puedes compensar.
Entonces, ¿qué sucede? La naturaleza humana saca a relucir su activo más valioso: la adaptabilidad.
Las células activan distintos genes del ADN y te cambian. Para que ese sobreesfuerzo vaya siendo más fácil de hacer.
Eso de «el ejercicio me ha cambiado», es una expresión que podemos tomar como literal.
Es por esto que en los círculos de desarrollo personal se dice tanto esto de salir de la zona de confort.
En el 99% de los casos los influencers lo repiten porque dicen que esto te hace mentalmente más fuerte o algo así, pero en realidad es por el mecanismo biológico de la homeostasis.
Porque aprender cualquier habilidad nueva es mucho más efectivo a restructurar el cerebro que el simple hecho de practicar una habilidad que ya conoces.
A esta idea de neuroplasticidad se le llama el efecto de la ramita doblada (bent-twig effect), en el que si doblamos una rama cuando es joven y aún está creciendo, se doblará. En cambio si es una rama adulta no se verá tan afectada.
Pues lo mismo ocurre con el cerebro humano.
Más difícil, sí. Pero se puede hacer perfectamente.
Es un poco yendo en contra de la educación y el aprendizaje tradicional, porque no se trata de desafiar a la homeostasis: la búsqueda de balance del cuerpo.
Lo digo porque la educación tradicional cree que hay que potenciar el talento innato de cada uno en vez de hacernos salir de nuestra zona de confort intelectual para que se produzcan estos cambios de los que hemos hablado hoy.
De impulsarnos a probar distintas metodologías, para confirmar(nos) que las mesetas, los techos intelectuales o artísticos pueden ser superados, cuando se camba el sistema o la metodología.
Imaginaros a niños descubriendo, que su potencial en cualquier cosa, puede convertirles en alguien con talento adquirido. En vez de ser dicho «no vales para esto», o «tienes que encontrar una disciplina no que te guste, sino que te encaje».
Haciendo posibles ciertas acciones y éxitos que antes eran imposibles. Especialmente psicológicamente.
Porque en realidad, la práctica de aquello que ponemos atención con propósito, lo que hará, no es ayudarnos a alcanzar nuestro potencial, sino construirlo.
Siempre se menciona el mercurio y los metales pesados cuando se habla de consumir pescado.
Citándolos como el peor factor de máxima toxicidad que debemos evitar a toda costa.
De hecho se cita a estos metales como la excusa para recomendar no comer pescado…
Pero no estoy de acuerdo.
De hecho, al final os explicaré por qué cambié de opinión recientemente sobre este tema.
Porque antes de tenerle miedo al pescado por estos metales, deberíamos tener en cuenta cuatro cosas muy relevantes.
Primero, la toxicidad basal que se requiere en el cuerpo para causar problemas.
Segundo, diferenciar la ingesta de mercurio que se obtiene a través de la dieta VS. los empastes dentales, que se llaman amalgamas.
Que básicamente son materiales utilizados tradicionalmente para empastes en odontología. Es una mezcla de mercurio elemental, aproximadamente 50%, y una aleación de metales como plata, estaño, cobre y zinc.
Es verdad que en España están en desuso, pero el 75% de la población de +45 años siguen llevando las amalgamas en la boca, algo que hace que vayan liberando mercurio.
En estos casos me preocuparía mucho más de esto, que no cualquier cantidad de pescado que os podáis comer.
El tercer punto es considerar la capacidad del cuerpo para desintoxicarse del mercurio; y también cómo los genes regulan la sensibilidad al mercurio.
Y cuarto, los niveles de mercurio en sangre no necesariamente indican los niveles reales de mercurio en los tejidos porque este mercurio puede ser inorgánico o también orgánico.
Si hay una pequeña cantidad de inorgánico, puede significar que hay mucho en el tejido.
Pues básicamente, los niveles en sangre no necesariamente indican los niveles de mercurio en el tejido corporal.
En cuanto a nutrición tenemos que hablar del némesis contra el mercurio, que irónicamente se encuentra en el propio pescado.
Se trata del selenio.
El selenio es lo que se une al mercurio y lo elimina del cuerpo.
Se une a él como si fuera un guardaespaldas.
Por esto, casualmente solo vemos problemas de mercurio vía pescado en esas poblaciones con deficiencia de selenio.
Pensad que el 99,9 % de los peces contienen suficiente selenio para contrarrestar el mercurio del propio pescado.
Las únicas excepciones son el blanquillo, el pez espada, el tiburón, el calderón común y la caballa real, peces que tienen más mercurio que selenio.
En cambio prácticamente cualquier otro pez en la cadena alimentaria no tiene una cantidad significativa. Tienen un ratio de más selenio contra mercurio.
Lo que se nos ha dicho es que hay que evitar el pescado porque tiene mucho mercurio y metales pesados.
Extrañamente no se nos dice como eliminar los metales, solo que no consumamos pescado.
Y es verdad los niveles de mercurio han aumentado debido a todos los combustibles fósiles que hemos estado usando, y estos peces carnívoros, que han consumido muchísimo pescado a lo largo de su vida, acumulan mercurio en ellos a niveles nunca antes vistos.
Esto es verdad.
Pero el nivel de mercurio en la sangre se correlaciona con la cantidad de pescado consumido en muchos casos, pero no es necesariamente malo si el cuerpo puede procesarlo correctamente.
El problema es que la mayoría tiene 1) destrozadas las vías metabólicas y de reparación de su cuerpo, y 2) no están suficientemente nutridos o tienen muchos excesos de otros factores malos, que nos vuelven a llevar al punto 1 que acabo de mencionar.
Fijaros por ejemplo en los japoneses, que probablemente consumen más mariscos que el resto o tienen una esperanza de vida muy alta.
O los franceses, que también consumen mucho marisco pero tienen las tasas más bajas de enfermedades coronarias.
Además, hay muchos otros contaminantes preocupantes en el pescado pero, además del mercurio, hay montones de toxinas y compuestos orgánicos e inorgánicos que se almacenan en la grasa del pescado y que son definitivamente perjudiciales para nosotros.
Esta es una de las razones por las que dejé de consumir órganos de pescado de supermercado porque sé que el hígado y el tracto digestivo de estos peces contienen muchos contaminantes y probablemente partículas de sustancias que no quiero comer.
Entonces, ¿por qué es tan relevante considerar consumir pescado a pesar de tener mercurio?
Pues porque la gente evita su consumo, a pesar de que los mariscos contiene ácidos grasos omega-3, especialmente EPA y DHA, que posiblemente sean los componentes más importantes en la dieta humana para el desarrollo…
Especialmente en las primeras etapas.
Afectándonos al tamaño del cerebro, la salud y demás.
El pescado es probablemente el alimento más importante que las personas necesitan en su dieta, y lo evitan debido a un poco de mercurio.
Pero podríamos alegar que es más importante consumir pescado que no consumir mercurio.
Ahora bien, es muy difícil obtener estas vitaminas en la dieta porque es necesario consumir tejido cerebral o grasas animales de muy alta calidad, y la gente no las tiene.
Ni siquiera se preocupa de tener acceso.
Nadie compra productos lácteos crudos de animales alimentados con pasto, ni come cerebro de cabra como yo y algunos de nosotros…
Así que la única forma de obtener estos alimentos es a través del pescado.
Pero si no comen pescado, ¿qué les pasa? Simplemente pierden la oportunidad de obtener gran parte del biopotencial de los nutrientes de su dieta.
Entonces, ¿qué hago yo personalmente?
Sigo consumiendo huevas de salmón casi a diario.
Como pescado de menor peso en la cadena alimentaria, más pequeño.
Mientras no tenga más mercurio que selenio, no me preocupa.
Creo que este es uno de los aspectos más importantes de la nutrición que debería dejar de preocuparnos, y también la preocupación por las sobredosis de vitaminas, lo cual me vuelve loco.
Finalmente agradecer a todos los miembros de Sociedad Ninja, donde hablamos mucho de salud.
Cuando el compañero Sergio me mencionó que consume mucho pescado pues tengo que confesar que siempre me ha dado pudor por los metales.
Lo que pasa es que después pensé, que si yo fuera las élites, sin duda no querría que se consumieran super alimentos.
Entonces los contaminaría.
Y si igualmente esa contaminación no fuera suficiente para que el pescado nos diera salud, abriría una campaña de desprestigio contra este super alimento que es el pescado.
La contaminación se puede demostrar, pero no se habla de que el selenio debe ser superior.
Es el ejemplo perfecto de “verdades a medias” o “mentiras a medias”.
Además acordaros que tenemos un suplemento de ácido fúlvico en la tienda, que es un material orgánico natural que ha demostrado eliminar metales pesados en montones de estudios.
¿Dónde podéis encontrarlo?
En la tienda de Pau Ninja, como mis gafas anti-luz azul, sal de manantial, sartén de acero inoxidable.
Es una manera de apoyar a que siga haciendo este contenido de forma independiente y libre.
El dolor que sentimos cuando hacemos lo que no queremos hacer, pero que nos dijimos que queríamos hacer cuando no tocaba hacerlo, siempre es menor que el dolor que terminamos creando alargando ese umbral de acción.
O en otras palabras…
Que el dolor del arrepentimiento que vendrá de no haberlo hecho, de no haber cumplido la promesa que nos hicimos a nosotros mismos, duele mucho más que ese hábito que nos acercaría a la promesa, pero el problema…
Es que todo esto, no importa en el momento de la verdad.
En el momento de tomar la acción, porque…
No son estas citas o frases motivacionales de productividad las que nos pasan por la cabeza cuando llega el momento de hacer lo que dijimos que haríamos, y es que mirad…
Me gusta hacer cosas que me gusta hacer.
Obvio, pero…
Si tengo que forzarme a hacer algo que no quiero hacer cada día… Sé que no voy a ser capaz de seguir haciéndolo durante mucho tiempo.
Que terminaré no manteniéndolo, a menos….
Que tenga un “por qué” lo suficientemente grande para hacerlo.
Si tienes una pistola apuntándote la cabeza, estoy convencido que terminarás haciendo aquello que inicialmente no querías hacer… porque ahora de pronto, sí lo quieres hacer, porque si no, te aprietan el gatillo.
O sea que en el fondo…
La disciplina es el compromiso a un objetivo más grande.
Si hemos identificado una meta más grande que nuestras ganas de no hacer algo, y esto que tenemos en el medio, que no queremos hacer, nos acercará más a eso que tenemos tantas ganas de conseguir, entonces de pronto sí quieres sacártelo del medio lo antes posible.
En mi forma de verlo es cuando quieres subir el nivel de tu personaje del videojuego.
Quieres ya tener ese nivel y ser capaz de equiparte la armadura potente y cara de la que ya tienes el dinero virtual para comprar, pero que no te puedes poner porque no tienes el nivel.
Así que… ¿qué haces?
Te vas a farmear.
A matar jabalís, o conejos, o zombies con un montón de ganas porque estás super cerca de ese nivel y sabes que si matas 200 tendrás la experiencia de personaje que necesitas para llegar a ese nivel y por lo tanto poder equipártelo y tener peleas de PvP super sangrientas que es lo que te motiva del juego…
Lo interesante aquí es que te pones a farmear NPCs, personajes automáticos del juego, con muchas ganas a pesar de ser algo que en otras circunstancias verías como aburrido….
Pero en cambio ahora sabes, que en el momento que hayas subido de nivel y te hayas puesto esa armadura o espada, inmediatamente no querrás volver a farmear. Te parecerá aburrido otra vez porque ahora tu objetivo será usar esos items para pegar a otros jugadores online.
Está claro que cada “por qué”, cada razón para conseguir algo, o hacer algo, es subjetivo. Totalmente individual, pero da igual porque mirad…
Ahora que hablábamos de videojuego…
Hay un juego al que algunos nos gusta jugar y subir de nivel.
Es un juego infinito, lo que hace que algunos lo etiqueten de tontería mientras que otros dicen que el hecho que sea infinito es el mejor motivo para dedicarle tiempo y recursos en aumentar puntos de vida, experiencia, y es….
El juego infinito de cuidar a nuestro cuerpo.
Hacerlo más fuerte, hacerlo más sano, hacerlo más resistente, hacer que tenga más energía…
Por esto tengo el proyecto de Biopotencial, con podcast y videos, que algunos ya conocéis, en los que hablo exclusivamente de entreno y dieta.
A pesar de que ahora ya he adoptado el entreno y dieta como mi identidad, hubo un tiempo en que esto no era para nada así.
De hecho ni siquiera me preocupaba mi salud, de niño siempre le decía a mi madre que cuando fuera adulto compraría todos los bollos que quisiera porque ella no me compraba, y mirad como he terminado, haciendo todo lo contrario que aquel Pau pequeño.
Pero cuando era adolescente lo único que me empezó a preocupar, es que pesaba 55kg.
Que era un tirillas de manual.
A medida que la atención de las chicas iban importándome cada vez más, la meta/el objetivo de ganar unos cuantos quilos de músculo iba cogiendo cada vez más importancia, hasta el punto que el hecho de no entrenar se convertía en un dolor inquebrantable porque mi anti-visión, no mi visión de ganar músculo, sino el dolor de seguir siendo cuerpo escombro, cada vez me pesaba más.
Por esto entrenar, cada vez cobraba más importancia.
Si hubiese podido tomar una pastilla que lo hiciera por mí lo hubiera hecho, pero no fue el caso, porque no existe.
Entonces mi mente no le quedó otra cosa que alienarse con ese objetivo.
Por lo tanto quería/no-quería entrenar.
Sacando a relucir que en el fondo…
Ya no era un caso de disciplina, sino un tema de claridad.
De tener claro que quería, o no quería.
Si no sabes cuál es tu objetivo entonces te convencerás que no quieres hacer la tarea que requiere de disciplina.
Algo que podemos aplicar en cualquier ámbito de la vida…
¿Estudiar? El objetivo en el 99,9% de casos es titularte, o convertirte en la profesión que siempre quisiste ser y que requiere de ese título… O estudiar esas oposiciones para convertirte en funcionario para tener un trabajo “de por vida” y vivir la vida padre con el sueldo del Estado, me da igual.
La mayoría de gente no quiere estudiar cuando se levanta por la mañana, pero entonces sólo tienes dos opciones en este ejemplo…
¿Quieres conseguir ese objetivo con unas ganas que te duelen en el pecho si no lo consigues por el resultado final? → Sí.
Entonces quieres estudiar.
¿Quieres conseguir ese objetivo pero tampoco pasa nada si no lo consigues? → No, porque quizás no lo tienes clara o en el fondo no es lo que deseas.
Entonces no quieres estudiar.
Así que lo que os diría es que si nos encontramos haciendo algo pero 5 de cada 10 veces en realidad no tenemos nada de nada de nada de ganas de hacerlo…
¿Sabéis que nos da esto como resultado?
Pues que…
La disciplina = la importancia de la meta, nuestro “por qué”, + el disfrute de la búsqueda.
De las acciones que estamos tomando para llegar a ese “por qué” que nos importa tanto.
En el sentido de que si cogemos cualquier área/dominio/potencialidad/tema que dices que te importa pero que sientes que no estás siendo suficiente disciplinado…
Probad de escribirlo en una lista con una puntuación del nivel de fricción, no de lo bien o mal que lo haces, sino de lo mucho que te cuesta hacer las acciones/hábitos que son tan necesarias de hacer, por ejemplo en mi caso:
Queremos llevar esa fricción lo más cercana al cero que podamos.
Si dentro de cada temática podemos alinearlo con un objetivo que tengamos, una identidad que nos queremos hacer nuestra o algo que queramos conseguir pero que nos hemos convencido que no queremos hacer…
Entonces quizás sí queremos hacerlo, pero necesitamos más claridad en el “por qué” detrás de la actividad.
En esta crónica, Pau vuelve a grabar desde esa fase de obsesión creativa en la que el cuerpo parece despertarle solo. Ya no entre las 5 y las 6, como de costumbre, sino incluso a las 4 de la mañana, sin alarma, con ganas de ponerse a construir.
El episodio empieza hablando de madrugadas, acampadas, swing, portátil y cafetera italiana, pero enseguida entra en el verdadero núcleo: Pau está diseñando una especie de sistema operativo agéntico dentro de sus agentes de Pau Ninja. No un sistema operativo tipo Windows, Linux o Mac, sino una base organizativa para que varios agentes de IA funcionen como un equipo de desarrollo entero.
La idea es ambiciosa: que el usuario explique un proyecto, responda unas pocas preguntas clave y, a partir de ahí, el sistema cree una estructura jerárquica de agentes que trabajen como una empresa de software adaptada a ese proyecto.
Esta crónica no va solo de programar con IA. Va de algo más profundo: pasar de usar agentes sueltos a diseñar una organización completa de agentes, con jerarquía, presupuesto, reglas, validaciones y dirección.
Pau ya no está pensando solo en pedirle cosas a la IA.
Está pensando en diseñar una empresa de IA.
Un usuario como inversor.
Un agente orquestador como CEO.
Departamentos de agentes.
Reglas internas.
Presupuestos de tokens.
Validaciones.
Jerarquías que se expanden o contraen según el proyecto.
La interfaz se puede copiar.
La idea se puede clonar.
Pero el valor real está en cómo está construido por detrás.
En el backstage.
En esas miles de reglas invisibles que hacen que un grupo de agentes no sea solo un montón de prompts, sino una pequeña organización capaz de trabajar para ti.
En esta crónica, Pau graba desde una acampada en Estonia, con música jazz, gente riendo de fondo, pasos sobre el césped y esa mezcla rara entre naturaleza, café, portátil e inteligencia artificial.
El episodio no va solo de acampar. Va de una imagen muy concreta de la vida que Pau quiere construir: levantarse pronto, caminar descalzo, preparar café en cafetera italiana, abrir el portátil mientras todos duermen, dejar agentes de IA trabajando y luego irse a vivir el día sabiendo que algo sigue avanzando por detrás.
Es una especie de postal de futuro: terreno propio, cabaña, mesa de madera, cuero, portátil, buena mañana, cafés y un taller no solo de manualidades físicas, sino de “manualidades con el teclado”.
Esta crónica no es una defensa técnica de la IA. Es más bien una escena de vida: naturaleza, comunidad, café, agentes, portátil y esa sensación de que el trabajo empieza a parecerse más a preparar una partitura y dejar que la orquesta toque mientras tú sales a vivir.
Pau no está describiendo solo una mañana de acampada.
Está describiendo una forma de vida.
Levantarse pronto.
Preparar café.
Diseñar tareas.
Mandar agentes a trabajar.
Salir a caminar.
Ir a la playa.
Bailar.
Volver y encontrarse cosas hechas.
La IA no le sustituye la creatividad.
Le permite separarla en dos fases: primero pensar, diseñar y ordenar; después dejar que los agentes ejecuten mientras él vive.
Y quizá por eso este episodio tiene algo tan potente:
la sensación de que, por primera vez, puedes seguir creando incluso cuando has cerrado el portátil.