▼Quien me conoce sabe que me gusta mucho mi rutina de mañana productiva y mi espacio. Mi tiempo para mi. Mis horas. Mi manera de hacer (#466).
Lo que la mayoría desconoce es que no es sólo porque me encanta mi, sino por lo que esta rutina «hace» por mi vida.
Algunos sabréis a lo que me refiero (ahora expandiré).
Pero sobretodo los que tengáis una edad cada vez avanzada, y esto parece ser algo que los hombres experimentamos más profundamente que las mujeres, es que a medida que pasa el tiempo, nuestras formas de hacer las cosas van quedando cada vez más solidificadas…
O quizás me sucede sólo a mí… También es una opción.
El caso es que hipotetizo que el hecho de poder controlar nuestro entorno de esta manera no da tranquilidad emocional porque en un contexto ancestral, un entorno controlado = entorno no peligroso. En cambio, en mi caso particular, lo que encontramos en mis rutinas de mañana:
- El café
- El entreno
- El trabajo ideal
- Las caminatas…
En el fondo el saber qué sucederá próximamente te da una paz increíble en todos los aspectos: físicamente & emocionalmente.
Ahora bien, imagina que decides dejar una franja horaria, un espacio de incertidumbre y aventura a partir del mediodía y la tarde para que así no sientas que vives como un robot…
Y gracias a (o por culpa de) eso, hay personas de esa franja que por esa ranura van entrando y saliendo en tu vida.
Nuevos amigos. Nuevas parejas. Nuevos ligues. Nuevos conocidos.
Quien sea y como sea que los hayas conocido: en tu nuevo hobby tipo baile, en el gimnasio, en el no sé qué, en el no sé cuantos…
¿Qué implica que estas personas vaya entrando en tu vida? Pues que inevitablemente, sus mundos chocarán en más o menor medida contigo. A menos que esas personas sean tu gemelo separado al nacer.
Pero a lo que me refiero es que las realidades, el mundo de los demás, inevitablemente interaccionará con nosotros y tendremos que lidiar con ello:
- O bien nos desentenderemos por completo (no tienen porque ser personas tóxicas, sólo que sus mundos chocan demasiado).
- O bien lo aceptaremos y decidimos lidiar con ese caos emocional que inevitablemente experimentaremos cada vez que la realidad de esa persona nos abofetee la mente.
Quizás querrán hacer algo por las mañanas (cuando tengo mi rutina perfecta), quizás querrán ir a donde sea, cuando tu querías volver a estar en casa a las X de la tarde para hacer los horarios de tus comidas antes de que el sol se fuera (#575).
Nos encontraremos inevitablemente en una encrucijada.
- ¿Quiero eliminar a la mayoría de aperturas de puerta a que alguien interrumpa mi equilibrio, mi paz y tranquilidad?
- ¿O quizás los valores de una persona como yo me hacen cuestionarme en qué tengo que luchar y trabajar cuesta arriba con este caos de los nuevos entornos que van llegando a mi vida (#510)?
La respuesta a esta pregunta no es fácil y no os voy a mentir, queridos ninjas de la vida…
Sigo sin poder dar claramente una respuesta de blanco y negro de qué es lo que quiero.
Una pregunta que podría extrapolar perfectamente al tener una familia en el futuro con este mismo tipo de pregunta:
¿Quiero esta vida que yo etiqueto de perfecta porque está moldeada a lo que quiero o es algo que sacrificaría por tener unos peques (quizás) dando porculo?
¿Quiero paz sin tener que trabajar en factores emocionales que se activan cuando otras realidades chocan conmigo? ¿O estoy dispuesto a que mi mundo se tergiverse a cambio de crecer emocionalmente?
No es ninguna pregunta trampa.
¿Qué elegiríais vosotros? ¿Existen las dos opciones e ir a épocas?
Cuando chocan dos mundos con alguien, a menos que hayas crecido en una familia perfecta, aquí es cuando inevitablemente se despertarían los triggers o detonantes emocionales. Los disparadores.
Eso que nos hace sentir que queremos cortar por lo sano lo que sea que nos hace sentir tan mal y nos descoloca de nuestro balance. De nuestro entorno perfecto.▲▼
Qué son los detonantes emocionales
Un «trigger», detonante o disparador emocional es un estímulo que nos provoca una reacción de emociones intensas que además vienen de forma inmediata. De golpe.
Algo que no necesariamente tiene porque ocurrir por un estímulo externo como un sonido, situación o imagen, sino que también puede ser interno en el sentido que haya un recuerdo o pensamiento que lo desencadene.
Si escuchas el rugido de un león justo detrás tuyo, tendrás un disparador emocional que en este caso será de miedo.
Lo que pasa que cuando hablamos de estos detonantes, hacemos siempre más referencia a las interacciones que tenemos en nuestras relaciones. Especialmente relaciones emocionales, pero pueden ser cualquiera.
Siempre se habla de disparadores emocionales como cuando algo en el presente nos lleva a una reacción emocional muy grande.
Que muchos de nosotros podemos tener a diario, o quizás hasta varias veces al día.
De hecho muchos lo habremos usado como motivo para terminar relaciones románticas o de amistad, porque nos ponen en una situación en guerra.
Similar a si escucháramos el rugido del león justo detrás.
No sienta nada bien, porque actuamos reactivamente.
Y claro, al ser reactivos de inmediato, sentimos que es una falta de control por nuestra parte a lo que sentimos.
Actuando reactivamente en una situación emocional, está siendo el pasado lo que dicta qué hacemos y como nos sentimos en este preciso momento. ¿A qué me refiero con esto? Pues mirad…▲▼
Por qué suceden los detonantes emocionales
Estos detonantes suceden por asociación, condicionamientos o respuestas automáticas.
Lógicamente si escuchas el sonido de un león que viene a por ti, no te sentarías de brazos cruzados a esperar cuál es el motivo lógico de que haya un sonido de león, sino que el sistema límbico, particularmente la amígdala, activaría nuestro sistema de huida y lucha.
Pues también reaccionamos de forma automática con otras asociaciones o condicionamientos.
No necesariamente de forma adrenalínica, pero si negativa para ayudarnos a sobrevivir un entorno emocional que nos reta.
En el fondo, como todo lo que hace el cuerpo y la mente, nos intenta proteger de los demás o a veces de nosotros mismos.
Las emociones negativas que vienen en forma detonante están relacionadas con esos traumas. Porque asociamos o nos condicionamos para pensar así.
Y es que el motivo por el que nuestra reacción es tan grande es porque típicamente a lo que estamos reaccionando en ese preciso momento es mucho más que lo que realmente está sucediendo en el momento.
Me refiero a que un observador externo pasaría por ahí, te vería y pensaría que estás actuando exageradamente o que estás teniendo una reacción de niño pequeño.
Pero lo que sucede no es que reaccionamos así porque sí, sino porque es algo que arrastramos (emocionalmente hablando) de:
- Experiencias pasadas
- Dolor del pasado
- Necesidades no satisfechas
En las que usamos para filtrar la experiencia en la que nos encontramos ahora mismo.
Es decir que sea lo que sea que está sucediendo en este preciso instante, tenemos las gafas puestas de estas experiencias pasadas que nos afectaron de una manera bien remarcada.
Por esto si observador externo tuviera la mismas gafas puestas o conociera tu historia del pasado porque él vivió algo similar, es mucho más fácil que entienda porque hemos reaccionado de una forma tan dramática… ¿Cómo llevamos esto a la sociedad moderna?▲▼
Ejemplos de detonantes emocionales
Si eres alguien que ha sido abandonad@ en el pasado y lo que está sucediendo ahora está hurgando en esta herida, entonces la mayoría entendería porque reaccionamos con estos disparadores. De una forma tan emocional, que no puede ser entendido por otras personas que no hayan vivido lo mismo que nosotros en el pasado.
No estás viviendo sólo la sensación de abandono de ese preciso momento, sino que salen a relucir todas las otras veces de golpe. O sea que en el fondo todas estas emociones son tan reales como válidas.
- Alguien comenta X de tu trabajo e inmediatamente te pones a la defensiva.
- Tu novia te dice que laves más e inmediatamente te planteas si la relación tiene futuro.
- Vuelves al pueblo de toda la vida y un sentimiento de melancolía invade tu alma.
Aunque es verdad que lo que acostumbramos a prestar más atención no son a esos detonantes que suscitan emociones positivas, o melancólicas, etc, sino a las que son emociones negativas.
Recordemos que tenemos ese sesgo de negatividad emocional que nos ayudaría a sobrevivir en la naturaleza.1Baumeister, R. F., Bratslavsky, E., Finkenauer, C., & Vohs, K. D. (2001). Bad is stronger than good. Review of General Psychology, 5(4), 323-370. https://doi.org/10.1037/1089-2680.5.4.3232Rozin, P., & Royzman, E. B. (2001). Negativity bias, negativity dominance, and contagion. Personality and Social Psychology Review, 5(4), 296-320. https://doi.org/10.1207/S15327957PSPR0504_23Carretié, L., Mercado, F., Tapia, M., & Hinojosa, J. A. (2001). Emotion, attention, and the ‘negativity bias’, studied through event-related potentials. International Journal of Psychophysiology, 41(1), 75-85. https://doi.org/10.1016/S0167-8760(00)00195-1
Porque si hubieses sobrevivido al león que ruge, quizás igualmente hubieses visto como gente de tu tribu como familiares y amigos, no tenían tanta suerte o rapidez, y morían en las garras del león.
Entonces tu cuerpo, con el afán de automatizar esta supervivencia, activa mecanismos similares, que nos llevan a recordar (subconscientemente) estas experiencias del pasado.▲▼
La maestría de los detonantes emocionales
Por esto podríamos definir a estos desencadenante como mentores o maestros.
Porque muchos justificamos las reacciones emocionales que tenemos con los demás, pensando antes que nada, que esa persona molesta muchísimo, o que te enfada tantísimo cuando esta persona hace X.
Lo intentamos racionalizar y darnos excusas para no volverlo a vivir. No queremos escuchar al león rugir y por eso queremos crear un entorno seguro en el que no haya ni posibilidad de enfrentarse al león.
Porque no hay ningún entorno más seguro que aquel que somos capaces de crear.
Este es un argumento.
El otro es que en teoría tendría que ser una oportunidad de aprendizaje, para que estos triggers fueran nuestros maestros.
Si algo puede tener este efecto en mí -cuando me siento bien, y luego algo/alguien me hace reaccionar de esa manera tan reactiva-, dice más de mí que de la persona o situación que me desencadenó.
Estos detonantes nos demuestran donde tenemos que crecer aún.
Si ves a una persona súper mazada y lo primero que te vienen a la mente son excusas o maneras de juzgar a esa persona por el cuerpo que tiene en vez de admirarla, nos podría estar indicando que es un desencadenante en el que podríamos trabajar.
Sabemos que podríamos tener mejor aspecto, sentirnos mejor o cuidarnos más. Aunque acostumbra a suceder a un nivel subconcente y muy incómodo.
Nos sentimos así porque estamos reconociendo inconscientemente que no lo estamos haciendo, por esto se nos dispara algo dentro de nosotros, el quid de la cuestión es qué hacer… pues mirad.▲▼
Usa los detonantes para curar heridas emocionales del pasado
Desde una perspectiva objetiva de autodesarrollo, los desencadenantes te muestran lo que aún tienes que curar.
Pero, por ejemplo, si alguien ha sido víctima de la violencia y oye a alguien glorificando la violencia, esa reacción es comprensible. En esos casos, no podemos culpar a alguien por sentirse desencadenado.
De todos modos, y hablando en general, los detonantes emocionales son una oportunidad para ver dónde hay un margen de crecimiento.
Cuando algo te molesta de otra persona, vale la pena preguntarse: «¿Qué dice esto de mí?». ¿Tengo este comportamiento? ¿Tengo miedo de hacer lo que ellos hacen?
A veces es sólo una cuestión de valores personales (#510).
Puede que sientas algo negativo hacia alguien porque realmente está siendo un imbécil, pero a menudo se trata más bien de nuestras propias inseguridades, por esto traigo mi propio ejemplo para vosotros, y es que…▲▼
Hace años tenía un amigo que inicialmente me intrigaba, pero a la vez notaba que me molestaba de mala manera.
Yo pensaba ¿tiene que estar chulenado así cada día? ¿Tiene que hablar así?
Era seguramente la persona más disciplinada que conocía (#322), además era muy directo con las personas.
Era un imán de xo-xe-tes, y claro, en el fondo lo admiraba pero yo mismo no lo quería admitir porque estaba proyectando mis inseguridades en él porque el tipo era, todo lo que yo no era…
Entonces me di cuenta.
Me sentía provocado porque él me aventajaba en muchos aspectos.
Su disciplina, su físico, su confianza…
En el fondo no es que solo que yo quisiera eso, sino que sacaba a relucir que a mí me faltaban estas cosas.
Me hacía acordarme que me faltaban todas estas cosas.
Seguramente muchos hombres de aquí hubiesen sentido lo mismo (o quizás no porque estamos más crecidos que el Pau de esa época).
El caso es que me di cuenta de que mi enfado no tenía que ver con él, sino con mis propias inseguridades.
No es bonito, pero si nos disparamos con experiencias de hace tantos años durante toda nuestra vida, es por un buen motivo.
Nos enseña donde necesitamos crecer, lo que es relevante para aquellos que como yo decimos (y ojalá accionemos) que el crecimiento es uno de nuestros valores personales principales.
Igualmente ahora, para mí, que me considero más crecido que ese Pau de entonces, necesito dar un paso atrás de vez en cuando.
Algo que es especialmente cierto en las relaciones también.
Cuando nos estamos trabajando a alguien también nos estamos trabajando a nosotros mismos.
Porque allí es cuando hay montones de desencadenantes que salen a relucir. Sacándome la oportunidad de dar un paso atrás y observar que es lo que me hace sentir así, y sobretodo… Si quiero crecer en este sentido, porque hay que aceptar algo muy importante, y es…▲
Cómo curar heridas emocionales del pasado
¿Queremos vivir en paz? ¿O queremos crecer? Es muy fácil no querer hacerlo porque es más incómodo que los baños de hielo.
Entiendo perfectamente que en esa búsqueda de paz, este no sea un factor que queramos trabajar, porque el trabajo y la mejora que nos da es «sólo» emocional, y no monetaria o lógica.
Como hombres queremos tocar lo que podemos mejorar.
Es muy esotérico…
Pero si tenemos muchos de estos disparadores, tiene sentido que queramos entender cómo los podemos manejar, superarlos, arreglarlos… Depende del contexto o del trabajo que quieras darle a los triggers o que quieras darte a ti mismo.▼
Para superar estas heridas, experiencias, dolores o necesidades no cubiertas que nos llevan a dispararnos emocionalmente, y que se nos enciendan todas las alarmas, es encarándonos al león.
Ninguno de nosotros puede volver al pasado (al menos por ahora).
Entonces la única manera es ir a buscar al león, para que cuando ruja, aunque todas nuestras alamas suenen para que salgamos corriendo, hacer un par de pasos, pero pararnos y hacer exactamente lo mimo, que harías delante del león que con la novia que te está sacando de quicio.
Respira
Lo primero sería la respiración que pasa totalmente infravalorada en una situación de disparadores emocionales.
A lo que me refiero es que cuando reaccionamos emocionalmente con uno de estos detonantes, estamos teniendo una respuesta del sistema nervioso.
Es por esto que no sienta para nada bien sentirse así. Es como si te estresaran (o estresaras) en todo momento.
Estamos entrando en esa respuesta ancestral de «lucha o huida».
Por esto el sistema nervioso está reaccionando.
Cuando entramos en este estado o bien dejamos de respirar, o bien nuestro patrón de respiración cambia.
Lo que pasa es que también podemos aliviar todo esto haciendo el proceso a la inversa, es decir, cambiando primero la respiración de forma consciente usando esa respiración de la barriga.
Respiración típica de cuando te intentas relajar.
Mano en la barriga contamos hasta 3 y dejamos ir el aire también lentamente.
Este será seguramente el paso más importante a esta reacción fisiológica.
Que por cierto la respiración, ya no «esta», sino en general, es un arte en si misma y es demasiado aventurado que tengamos que esperar a encontrarnos en situaciones donde el león o nuestras alarmas emocionales saltan por todo los sitios para intentar respirar bien.
Creo que es algo en lo que personalmente tendría que adentrarme mucho más: en la respiración.
Pero bueno para el tema de hoy que veáis que es el pilar número uno que menciono como respuesta a intentar gestionar esta respuesta de lucha o huida del cuerpo, pero el pilar número dos…▲
Observa
El segundo pilar para empezar a gestionar los disparadores emocionales es convirtiéndonos en «la persona observadora» que hemos puesto de ejemplo un par de veces.
Igual que esa tercera persona que podría observarte y juzgarte o entenderte desde fuera, lo que intentaremos aquí será convertirnos por un rato en ese observador.
Me refiero a convertirnos en el testimonio de la historia que nuestro ego nos está contando que somos.
Algo que suena mucho más fácil de decir que de hacer, claro.
Bibliografía: fuentes, referencias y notas
¿Te aviso cuando publique?
Conviértete en un ninja de la vida
Si te gustan mis publicaciones abiertas, te encantará ser miembro:
- Únete a 1.000 ninjas
- Recursos exclusivos
- Podcast privado
- Boletín cerrado
Accede inmediatamente a mi contenido cancelado por los medios sobre ideas, datos y corrientes sobre salud ancestral, estrategia de inversión, mi cartera personal, mentalidad, psicologa, impuestos y estilo de vida.
Pau Ninja
