Aunque desde mi adolescencia me había etiquetado a mi mismo de ateo rotundo, a principios de año sucedió un evento tan impactante en mi vida, que me hizo dar un giro de 180 grados en cuanto a mi fe.
Quizás me atreva a contarlo más adelante, pero lo que sí puedo decir es que aunque hubo un evento “de interruptor”, ya hacía tiempo que empezaba a tener señales.
Como si alguien me hubiese estado preparando/lubricando/engrasando el camino para que pudiera manejarlo emocionalmente/mentalmente cuando el día fatídico llegase.
Durante los últimos años empecé a ver señales a las que no presté demasiada atención…
Pero una señal que sin duda ahora me doy cuenta que pavimentó el camino hacia dejar de ser ateo fue… mi trabajo: la creación de contenido.
A medida que he ido aprendiendo y creando más y más sobre todo lo que me importa (salud, dinero, mente, mundo, sociedad, y ahora fe…) en mis podcast y boletines como este, más y más me he ido sumergiendo en documentarlo.
Y cuanto más he ido documentado, más me he dado cuenta de que incluso el caos más caótico parece tener un motivo de ser.
Cómo si alguien hubiese «creado» ese caos para que yo le pusiera orden.
Me refiero al caos de mi pequeño mundo para que yo fuese un creador que pone orden al mini-mundo que es mi vida.
En el fondo esto es la archivística y documentación, ¿no?
Ordenar.
Pero en el propio orden, se crea una estructura nueva.
Y aquí está la palabra clave: creación.
No creo que haya una creación y de aquí salga la existencia, sino que la existencia y la creación son dos caras de una misma moneda… Como el huevo y la gallina.
No puedo documentar, crear, si antes no ha existido un caos, información y datos sueltos, del que crear.
No es que el carpintero trabaja en el taller y de aquí salga el mueble, sino que el mueble y el carpintero son las dos caras de esa misma moneda.
No hay mueble sin carpintero, pero tampoco hay carpintero si no hay necesidad de crear el mueble….
Bueno…
Como veis, recientemente me he encontrado pensando en la creación más de lo que me gustaría admitir.
No necesariamente de la creación del universo, o de los humanos, que también, pero recientemente mi mente ha estado pensando en este tipo de creación que yo hago.
En el motivo o propósito por el que “creo”, y todos nosotros estamos hechos para crear, en distintos medios, no tiene porque se contenido, porque estamos hecho en la imagen y semejanza de un creador.
Si el creador es “creador” porque “crea” y nosotros estamos hecho a su imagen… entonces nosotros también lo somos, ¿verdad?
Personalmente ha sido a raíz de crear algo, lo que me empezó a hacer dejar de ser ateo.
No es que me convirtiera al cristianismo en el momento de empezar a crear contenido, pero sí que fue en ese punto, y a medida que iba creando y creando, que empecé a dudar sobre esto de no creer en Dios.
Para los que experimentáis el estado de flow de vez en cuando, creo que será más fácil de entender lo que quiero decir.
Porque estar en flow, es estar hiperconcentrado en un espacio donde el tiempo, el presente, el ahora, el pasado, está todo conectado con un reto de creación, haciendo que el tiempo se detenga.
O bueno….Que no exista.
O que percibamos que no exista.
Seguramente eso es lo más parecido que he sentido a tocar la eternidad siendo yo una persona que nunca se había considerado espiritual.
Por eso se me hace difícil intentar explicarlo con lógica.
Os puedo afirmar que ha sido encontrar mi propósito de vida, lo que me ha llevado a esta tangente tan interesante.
Claro que en otras ocasiones estuve súper concentrado, pero no es lo mismo que cuando he estado tan centrado en trabajar en mi propósito todas las mañanas, que he sentido toda esas cascada de espiritualidad que lógicamente no había podido evitar de intentar usar la lógica para interpretarlo.
Pensando que si se nos ha dado la capacidad de llegar en este estado tiene que ser por un motivo de peso.
Una razón de ser.
Y así he empezado a explicar la idea del propósito como conexión a algo eterno relacionado con la creación.
Con nuestra creación.
No con la creación de la Tierra, sino la que somos capaces de hacer nosotros.
Porque mirad…
Como decía…
Si estamos hechos a la imagen de un creador, significa que nosotros somos creadores al igual que lo es él.
Yo hace 10 años he estado escribiendo prácticamente a diario.
Al principio me era casi imposible entrar en un estado de flow porque no sabía sobre qué escribir.
Sentía que tenía ganas y pasión.
No necesariamente por escribir, sino por documentar… Pero claro, al final la novedad y las ideas profundas se acaban, y solo estás tú y lo ordinario. Lo superfluo.
En este estado, ¿para qué molestarme en escribir algo superfluo en primera instancia, no?
Paradójicamente fue gracias a esto que aprendí algo interesante.
Y es que si tomo lo que parece ordinario, porque lo es, y lo llevo a un espacio mental creativo, entonces incluso lo superfluo se puede volver profundo.
Porque hay tres cosas que podemos hacer como humanos. En cualquier entorno, moderno, indígena, lo que sea:
«No hacer nada» es más fácil que «consumir», pero «consumir» es mucho más fácil que «crear».
Por esto nos podríamos preguntar que…
“Si puedo consumir, que es tan fácil, ¿por qué molestarme en crear?”
Pero fijaros como de forma orgánica, el humano siempre termina creando.
Lo quiera, o no.
Se de cuenta, o no.
Y que todo la innovación moderna, y todo lo que hemos desarrollado como sociedad quizás, sí. Ha sido en la búsqueda de la comunidad, pero sobretodo para hacer más fácil la creación.
Haciendo que nuestros recursos se pongan a disposición nuestra para crear en cualquier ámbito que queramos.
Y quizás esto ha sido algo subconsciente que hemos creado como comunidad.
Puedes cocinar, pintar, escribir, trabajar la madera, la caza para crear cortes… Se me ocurren mil y una cosas.
Como si la comodidad de la vida moderna, nos hubiera llevado a un sitio donde todo está a nuestra disposición.
Incluso podríamos alegar a que jugar a videojuegos es «consumir».
Es consumir algo superfluo… Pero que grabar tu reacción y colgarlo en internet en formato streaming, por muy ordinario que sea, es una creación.
Pero incluso aunque no grabes, cuando estás jugando el videojuego estás “creando tu historia”, en el sentido que ningún jugador pasa por exactamente los mismos caminos o píxeles de la historia del personaje al que está jugando.
Cada jugador crea su propio camino incluso cuando hacemos algo superfluo como jugar… a un videojuego que alguien ha creado.
Quizás esa creación no cambia la vida a nadie, o quizás sí, pero esa persona puede palmarla mañana, y dejar durante décadas y potencialmente siglos su creación ordinaria colgada para siempre.
Y esto lo ilustra a la perfección un video espeluznante que vi el otro día por las redes, os explico…
En este vídeo que me dejó los pelos de punta, los del brazo, porque soy calvo, un chico se presentaba: «Me llamo tal, tengo 26 años…»
Estaba grabándose en el espejo y lloraba mientras decía todo esto.
Básicamente explicaba que acababa de tener la epifanía de que era el único miembro de su familia que quedaba vivo.
Que cuando él muriera, su linaje terminaba con él.
Y estaba llorando.
Lo que me llegó a los huesos es la última frase que dijo, porque es algo que llevo pensando un par de años, y es que entre lágrimas soltó algo que me caló:
«Sólo quiero dejar una prueba de que he existido»
Ninjas de la vida, creo que es esta creación que está relacionada con nuestra existencia.
El crear, es dejar atrás algo independiente a nosotros, con un pedacito de nosotros en la Tierra.
No necesariamente que tenga que tener algo, pero es dejar una prueba al mundo de que hemos existido…
Y no necesariamente con la intención de que dure muchos años.
Sino que cada creación, incita a la siguiente persona a seguir creando.
Tengo la sensación que como personas siempre estamos gravitando hacia crear para dejar prueba de existencia pero también para que alguien continue la creación como si fuera una cadena de hechos.
Quizás este es el motivo por el que los emprendedores mega-millonarios siguen creando a pesar de tener la vida resuelta.
O que tienen que escribir un libro.
O que se terminan suicidando porque no son capaces de encontrar más razón para crear, o un propósito que les motive a seguir haciéndolo, porque mirad…
Todo esto son mis especulaciones, pero no es hasta que experimentas algún tipo de creación que siente que «vives» en máxima plenitud.
O quizás en vez de decir «hasta que experimentas» debería decir «vuelves a experimentarlo», porque de niños todos creamos.
Quizás es uno de los motivos por los que decimos que los niños son puros y lo más próximo a un creador.
La paradoja es que a medida que nos vamos haciendo adultos, la sociedad que hemos creado nos aparta de este estado natural de querer crear y experimentar.
Y digo que es paradójico porque quizás esta es la forma que tiene la sociedad moderna de intentar autorregularse de forma subconsciente.
De crear un entorno de distracciones en nombre del «excedente» cómodo, pero que todas estas distracciones te lo vayan poniendo cada vez más fácil para crear.
Porque de adulto tenemos la sensación que crear algo no tiene porque valer la pena porque no añadirá días a nuestros días.
Que depende del oficio o el hobby, pero que visto desde fuera parece una pérdida de tiempo para algunos que no están conectados con tu propósito o con la creación de algo.
Pero no es hasta que encuentras «eso», ese propósito que ves como, aunque sea cierto que:
Crear no añade días a nuestra vida, en realidad crear añade vida a nuestros días.
Por esto digo que esta creación es como intimar con la eternidad.
Donde el flow detiene el tiempo.
Como si tocaras la eternidad al menos por un momento.
Porque no conocemos la naturaleza del tiempo.
Al conocer la historia del libro The Great Divorce, cambié mi percepción de la naturaleza del tiempo cuando escuché a George McDonald describirlo de esa manera, que es que la persona que eres y la persona en la que te estás convirtiendo.
Al mismo tiempo.
Como dos caras de una misma moneda.
No solo eres «eso» ahora mismo, sino que ahora mismo, la acción que tomamos está cambiando el presente, pasado y futuro.
En la película La llegada, el personaje principal y sus compañeros se encuentran con extraterrestres que vienen en naves con forma de huevo.
Pero el quid de la cuestión, la base de la película es su lenguaje.
A menudo pensamos en las cosas como lineales, de la misma manera que una frase y una historia son lineales.
Pero estos alienígenas usan el lenguaje de una manera diferente y es que se comunican en círculos…
Y así, todo se dice a la vez.
No es como principio, medio y final: A, B y C. Sino que todo el pasado, presente y futuro se dice al mismo tiempo.
Por esto, estos extraterrestres conocen el futuro por la forma en que perciben el lenguaje.
A esto me refiero con la percepción del tiempo y la creación, porque en el fondo mirad esto…
La única razón por la que no crearíamos es que no encontramos una razón porque sólo pensamos en qué podremos recibir a cambio.
Qué nos dará «eso» si empiezo a hacerlo. ¿Será una razón suficiente?
Por esto nunca empezamos.
Porque no nos podemos asegurar que no perderemos el tiempo… Que ahora vemos limitado porque no hemos experimentado esta eternidad de presente, ahora y futuro, a la vez.
Nadie nos asegura que llegaremos a la meta.
Porque esa meta tiene un «fin» en el tiempo… porque lo seguimos interpretando así.
Nuestra atención cuando nos planteamos si empezar está en el fruto o resultado final.
Y así es como los humanos, pasamos de ser creadores, a ser cada vez más consumidores, simplemente porque no nos atrevemos a crear.
Porque irónicamente no hemos experimentado un tipo de creación con propósito, que nos haga transcendentes en el tiempo.
Y no importa que lo creado no viva eternamente, porque nosotros sí habremos vivido y experimentado la eternidad al crearlo, durante la creación, no una vez haya sido creado.
Algo que pocas personas podrán entender a nivel subconsciente has que un día te preguntan…
Y tu respondes… «pues no sé».
A los demás les gustará más o menos.
Serás más o menos conocido por ello, pero genuinamente no te importa. No sabes qué responder, porque te sientes conectado con algo más allá del mundo lógico, y por esto lo haces.
Porque no necesitas más motivo que esto.
Que esa actividad te hace entender mejor el mundo, pero también a ti mismo.
Extrañamente no por lo que creas, ni por calidad ni por cantidad, sino por el hecho….
De hacerlo durante la creación.
La teoría del Establecimiento de metas (goal setting theory) nos enseña la explicación más simple de por qué algunas personas son más propensas a llegar a sus metas en comparación con otras.
El motivo es que tener una meta y llegar a conseguirla implica establecer y ajustar objetivos.
O en otras palabras, esas personas tienen un plan.
No significa necesariamente que lo tengan todo trazado con un mapa de meta, porque pueden ser personas caóticas pero que sin a penas darse cuenta van subiendo peldaño tras peldaño y de bote pronto se encuentran a la cima sin haber tenido la sensación de haber trazado un plan.
Nuestras metas sólo pueden alcanzarse a través de un plan, en el que debemos creer fervientemente y sobre el cual debemos actuar vigorosamente. No hay otro camino hacia el éxito.
Esto nos decía Pablo Picasso, pero más allá de las palabras bonitas, citas y filosofía, por suerte tenemos la ciencia de nuestro lado.
La psicología ya llevaba estudiando las teorías del establecimiento de metas desde los años 30, y hoy, en vez de hablar tanto de teoría, giramos la página hacia al pragmatismo.
Ahora que tenemos establecidos los procesos, podemos empezar a ser lo pragmáticos que nos gusta ser a los ninjas de la vida.▼
Según la «Teoría de los Cuatro Fogones» no podemos dedicarnos al 100% a todas la áreas de la vida (#522).
No podemos estar a tope a la vez con la familia, al trabajo, a los amigos o a perfeccionar la salud al mismo tiempo.1
Tenemos que limitarnos a una o dos opciones si queremos realmente dedicar tiempo y atención a metas que sean largoplacistas.

Seguro que más de uno lo habréis experimentado, que cuando divides tu atención en 5 proyectos distintos, no terminas ninguno…
En cambio cuando somos capaces de hacer foco en una sola cosa (eat a frog), las probabilidades de terminarlas aumentan enormemente.
Así que lo primero es saber poner el foco en una sola cosa. Por esto para los que han decidido comprar la agenda de productividad veis como esta única cosa, coge un rol centrar en las páginas diarias.
En los 60 el trabajo del psicólogo Locke se centró en diseccionar las metas. Hacer los objetivos más pequeños para poder conseguirlos.2
Algo que toma mucha relevancia por la dopamina y la corteza porque los hitos adecuados + un nivel de dopamina correcto o el miedo de que no los alcances, la amígdala entra al campo, ayudarán a que seamos más propensos a ejecutar la meta que ahora está dividida en cosas más pequeñas.
Vale. Entonces tenemos que para conseguir una meta somos más probables de alcanzar al hacer foco en una cosa, hacerla más pequeña y después cambiar los resultados por intenciones.
En estudios de los 90 miraron lo que se llama «brecha de intención», que hace referencia a esto.
Separaron los participantes para que dividieron sus objetivo según su intención.3
Terminaron con dos grupos según el tipo de intención que tenían que intentar resolver:
La meta es la misma, pero con la intención de implementación ha sido increíblemente más específico.
La diferencia en los resultados fue enorme.456
Haciendo a los que convirtieron el resultado de la meta su implementación y no su recompensa fueran mucho más propensos a conseguirla.
¿Por qué sucede esto? Un estudio de Stanford podía tener la respuesta.▲▼
En Stanford vieron que las tareas con instrucciones más específicas, más detalladas eran un 75% más probable de que se completaran.
Lo mismo con otros psicólogos que han estudiado «la teoría de la mentalidad» llegando a porcentajes diferentes pero igualmente altos: si eres específico, tienes más probabilidades de conseguirlo.7 Un truquito es usar el acrónimo LEMA.
En realidad el acrónimo original es SMART.9 pero he hecho esta maravillosa adaptación al español.
El bueno del Dr. Gail Matthews decidió hacer un experimento de más de 260 personas para ver si lo que se decía de Stanford era cierto pero además para mirar otros factores.10
¿Qué hizo? Puedes dividirlos en 5 grupos.
El que lo petó fue el último grupo, que de hecho consiguió cumplir significativamente más que todos los otro grupos.
Ni más ni menos que un 42% más.
Revelando, claro, otros factores que también se llevaban estudiando de forma independiente…
La toma de responsabilidad tanto interna como externa.
Hay una pequeña acción que hace que te sea más probable conseguir tus objetivos y es…▲
Escribirlo en papel.▼
Cada estudio da un porcentaje distinto sobre cuanto efectivo fue para los participantes escribir sus objetivos en papel en comparación con no hacerlo.11
En un estudio encontraron que el 91% de los querían hacer ejercicio y escribieron en papel cuándo lo harían, terminaron cumpliéndolo en comparación con los que no lo hicieron.12
Mientras que otros estudios similares dan un 42% del resultado, que no es tan dramático pero igualmente substancial.13
¿Sabéis por qué sucede esto?
Tenemos una parte de nuestro cerebro que se llama Sistema de Activación Reticular, SAR, que juega un papel vital en definir las acciones para alcanzar metas.
Este grupo de células procesa toda la información y canales sensoriales relacionados con las cosas que necesitan de nuestra atención ahora mismo.
Lo interesante es que el SAR… nos da señales.14
Por ejemplo si tu objetivo es comprar un Lamborghini, tu SAR hará que sólo veas Lamborghinis a tus alrededores.
Si lo que buscas es empezar una familia, tu cabeza hará que sólo veas parejas y niños ahí donde vayas.
Es como tu asistente personal.
Como una inteligencia (no)artificial.
Pues bien, el SAR se activa por el simple hecho de escribir tus metas en papel y lápiz.
Ver el objetivo escrito delante nuestro, el hecho de sentir el peso del lápiz en tus dedos, comprometerte en un proceso de pensamiento de escribir tu meta activa el SAR para empezar a cablearse.
Esto sucede porque somos criaturas visuales.
Las visualizaciones, la imaginación es una arma muy poderosa.
Me pasó que hace unos años quería apuntarme a baile, y el hecho de anotarlo y decírmelo hizo que al día siguiente viera un cartel medio estropeado del tipo de baile al que quería ir.
Había pasado por ese cartel al menos una decena de veces y nunca me había fijado pero esta vez, el SAR me hizo una asistencia para empezarme a fijar.
Algo había hecho clic.
Los que imploran de manera divina La Ley De La Atracción no están hablando con el universo para que todo les suceda en la vida.
En realidad lo que están haciendo es hablando con su SAR. No con el universo.
La visualización, el verlo representado, está demostrado que crea una mayor activación cerebral.15
Imaginar el éxito consiguiendo esta meta nos hace acordarnos de nuestra meta estimulando el SAR repetidamente.16
Los neurólogos ya nos confirmaban como el cerebro no puede distinguir entre realidad e imaginación.
Algo que a veces nos hace p-u-t-a-d-a-s, como cuando te viene ansiedad sólo de pensar que quieres entrarle a la chica desconocida atractiva, pero que podemos dar la vuelta para jugar a nuestro favor.
Es como en al anime Kengan Ashura cuando el protagonista en vez de entrenar físicamente tiene sesiones de entreno meditativo.
El notas se sienta y entra en un estado profundo en el que se ve a si mismo luchando contra los oponentes.
Cuando alimentamos a nuestro cerebro de la imagen, de la meta que queremos conseguir, la mente empieza a pensar que es real haciendo que finalmente la cabeza nos lleve a tomar acción.17▲▼
Es genial que el 91% de los que escribieron sus metas en papel terminaron siendo un 91% más propensos a cumplir sus metas.
Este es el poder de los beneficios de escribir a mano para el cerebro (#561), pero lo que más me peta la cabeza, es que en el mismo estudio había dos grupos más: un de control y el grupo de motivación.

Esperarías que al grupo de motivación, al que se «alimentó» de material motivacional para que cumplieran sus metas, fue incluso menos propenso a terminar tomando acción en sus metas que el grupo de control.
La diferencia fue mínima pero lo que quiero remarcar es que no hubo virtualmente nada de diferencia en las acciones que tomaron después para hacer ejercicio en comparación con el grupo de control.18
La motivación, que si incrementó, no tuvo ningún impacto en el resultado al final del estudio.
Algo que remarca lo que muchos ninjas de la vida ya saben.
La motivación procede de la acción.

Primero viene la acción, tengas o no ganas, y cuando estás en el meollo de la cuestión, de pronto, y siempre, viene la motivación.
¿Por qué?
Porque tenemos feedback constante.
En estudios se ha visto como las rachas consecutivas de éxito son claves para los que siguen petándolo constantemente.
En realidad, los que tienen éxito sin parar en sus objetivos se centran más en «no cag-gar-la» para no parar la bola de nieve de éxitos que lleva un buen impulso, más que ir subiendo una pendiente de éxito.
Por esto alguien que consigue sus objetivos a menudo es más propenso a seguir cumpliéndolos de forma continuada. Es el momentum psicológico.19
Como en todo en la vida, el primer paso puede ser súper simple, pero acostumbra ser el que cuesta más, pero es indispensable aunque sea una cuesta.
Porque al haber llegado a la meseta después de pasar la cuesta, la bajada será fácil y vendrá… rodada. Como nuestra bola de nieve.
Igual que cuando quieres hablar con una desconocida que no conoces, es el momento que dices «hola» que ya has ganado. Después bajo tu sorpresa ves como la conversación empieza a fluir.
Esta toma de responsabilidad puede tomar todas las formas que el estudio mostraba:
La responsabilidad interna que tomamos a modo personal, individual no es moco de pavo.
La psicóloga Emily VanSonnenberg concluyó en su estudio que los que se preguntaban preguntas del tipo:20
Compartir la meta con otras personas es como Voldemort separando su alma en 7 horrocruxes.
Se hace más llevadero.
Así lo confirman papers de investigación se vio correlación positiva entre ser un participante de una comunidad digital como Sociedad Ninja y cumplir objetivos.21
Le mandamos un abrazo a Sahu, un miembro que rema barquitas en equipo, ¿por qué?
Pues porque he pensado en él cuando he visto un estudio con equipos de remo que demuestran como el hecho de tener objetivos en equipo hace que su umbral de dolor se eleve.22
Que puedan soportar más dolor durante competición que si remaran solos.
Harvard hizo un estudio comparando la mentalidad de dos tipos de personas:▲
¿Que vieron los de Harvard preguntando a todas estas personas?
Los de mentalidad fija aseguraban que una vez encuentras tu pasión, debería llegar con facilidad y con una motivación ilimitada.2324
En cambio los de mentalidad de crecimiento eran más propensos a pensar que perseguir una pasión implicaría incomodidades y dificultades.
Si os digo con cuál mentalidad os identificáis más, me apuesto un huevo a que el 100% del ninja medio dirá con mentalidad de crecimiento.
Me gusta pensar que estáis aprendiendo algo con lo que digo.
▼Hace ya casi una década que después de dejar mi trabajo me encerré en una casa familiar a construir mi negocio online.
Catorce horas diarias durante un año con tal cantidad de preocupación sobre el futuro que me levantaba a las 4 de la mañana con taquicardias.
Y aún así lo repetiría todo exactamente igual.
Estoy orgulloso de la habilidad de toma de decisiones del Pau de hace 10 años porque este aislamiento temporal supuso un antes y un después en mi vida.
Sin haber vivido esa época, abrazando sólo una área concreta de mi vida, no estaríais consumiendo este contenido, ni habría conocido a la gente que hoy conozco, ni tendría la libertad que hoy tengo.
Por esto, como buena persona multipotencial no soy muy fan de la frase de Paulo Coelho de «puedes hacer cualquier cosa… pero no todo», prefiero la cita célebre de Pau Ninja:
Puedes hacerlo y tenerlo todo… pero no todo a la vez.
La vida son épocas. Son áreas. Son focos.
¿A caso estarías pensando en priorizar el trabajo o de quedar con los amigos cuando acaba de nacer tu hijo?
El 50% de la felicidad consiste en estar conforme con lo que no tienes, y la otra mitad no solo en disfrutar en qué dedicas tu energía sino entender por qué es importante para ti.
Porque el famoso balance está en boca de todos, pero en manos de pocos.
El balance es tan poco realista como poco práctico.
Piénsalo.
Imagina que tu vida está representada por uno de esos fogones de los de antes.
No de los eléctricos que tenemos ahora para cocinar la comida mientras nos cocinamos el cerebro con ondas electromagnéticas sino los fogones de antes. De los que iban con una bombona de butano o propano.
¿Te acuerdas que sucedía si querías poner varias sartenes para cocinar a la vez?
Exacto.
Que esos fogones no tenían suficiente potencia.
Si sólo cocinabas en sólo uno de los fogones exclusivamente no había problemas. Podías poner tanto gas como quisieras. Tanta llama como te diera la sana gana.
El problema sólo venía cuando querías distribuir el gas limitado que te daba la bombona. No podías meterle el máximo de llama a todos los fogones. Tenías que manejar como querías gestionar el gas.
Pues la vida puede ser representada así.
Eso dice la teoría de los cuatro fogones, en la que cada uno de estos fogones representa áreas de la vida.1

Aspectos que suponen el reto de saber gestionar o manejar con la llama, la intensidad de nuestro cuerpo y energía requiera de nosotros en ese momento.
Estos cuatro fogones tendrán las mismas áreas para la mayoría.
Del rollo que son aspectos de nuestras vidas que sabemos que necesitamos para ser felices:
Si estás soltero podrías cambiar el área de «amigos» por «relaciones» en general e incluir la área romántica también, por ejemplo. Pero lo que prima aquí no es tanto las áreas sino como las gestionamos eficientemente.
La teoría de los cuatro fogones nos enseña que para tener éxito potenciando una área de tu vida, tienes que bajar el grado de uno de los otros fogones.
Que si encima quieres quemar al máximo esa área, seguramente tendrás que bajar la intensidad de las otras áreas.
¿Y si eres un amante del hustle y quieres hackear el sistema para saltarte el límite de gas de la bombona de butano? Quizás hay alguna manera de saltárselo y trampear al sistema con tanta destreza como queremos saltarnos a Hacienda…
O quizás es una de las peores ideas porque al igual que Hacienda, te pillarán por los huevos.
Veámoslo.▲▼
El famoso concepto de intentar balancear tu trabajo con tu vida personal ha hecho más daño que bien.
A veces el cuerpo te pide que te centres al máximo.
Tu mente, tu energía, tu todo está perfectamente en sintonía con un nuevo proyecto de trabajo, o quizás en una relación, o quizás en mejorar tu salud.
En poner más huevos de la cuenta en una misma cesta que en las otras…
¿Por qué tendrías que desaprovechar esta sintonía para buscar el famoso «balance» que la sociedad no deja de repetirte?
Me recuerda a los que no dejan de repetir que hay que comer balanceado. Un consejo basado en absolutamente nada.
En el fondo decimos que queremos balance porque tenemos miedo a equivocarnos.
Tenemos miedo que desatender demasiado ciertas áreas y enfocarnos en alcanzar metas personales puede llevarnos a fallar. A cagarla en ese proyecto en el que hemos puesto demasiado energía.
Balancear las distintas áreas de la vida no deja de ser una defensa emocional.
Es como tener miedo a dejar demasiado espacio a tu novia. Tener miedo a que se de cuenta de que en realidad no le gusta tanto pasar demasiado tiempo contigo… O que le gusta pasar más gente a esa otra persona.
Y de aquí sale el estar necesitado.
No queremos dejar demasiado minimizados nuestra familia, amigos, salud y trabajo para enfocarnos en una sola cosa porque tenemos miedo de perder ciertos hábitos que después se nos vuelvan irrecuperables.
Nos volvemos igual de necesitados.
Pero, ¿qué vas a hacer si el cuerpo te pide que abraces una nueva etapa de tu vida? ¿Vas a forzar el balance? ¿Vas a forzar el equilibrio?
¿O vas a aprender a desprenderte de la codependencia de esa área igual que tuviste que aprender a dejar de ser necesitado de tu ex?
El primer instinto para que nada se resienta puede ser ajustar todos los fogones para que la llama queda más o menos dividida a partes iguales, pero entonces simplemente nos tocará aceptar que no podemos potenciarlas.
No tendremos ni tiempo ni energía para mantener o crear los hábitos que necesitamos en todas las áreas. No podemos ni apalancarlos (#469).

A efectos prácticos lo que esto significa es que estamos forzados a elegir.
No hay otra, queridos ninjas de la vida.
Nos vemos obligado a responder a la pregunta de:
¿Prefiero vivir una vida desequilibrado pero petándolo en una área determinada? ¿O quiero vivir una vida balanceada pero sentir que nunca estoy exprimiendo mi máximo potencial?
No creo que sea casualidad que esos famosos que lo petan, los directivos de empresa o los emprendedores con negocios que cambian el mundo… tengan una vida amorosa tan desastrosa.
Alguno habrá que ha podido mantener ambos, pero a costa de los otros fogones: salud y amigos.
Aceptemos de una vez por todas que no podemos estar al máximo en todas las área de tu vida.
Que no podemos petarlo en todo.
Nuestro tiempo y energía son limitados, lo que hace que cada elección tenga un coste.
Un coste que será de uno de estos dos componentes: de tiempo y/o de energía.
Física o mental. No importa. Todo es energía.
James Clear, el autor de Hábitos Atómicos mencionaba tres estrategias. No para saltarnos el intercambio de llama en cada uno de los fogones, claro. Sino estrategias para abrazar esta gestión. La llama que le queremos dar a cada uno.▲
Delegar pequeños aspectos de la vida.
Lo hacemos constantemente.
Le pedimos a otras personas que nos dejen un poco de su gas. Como cuando juntas dos cerillas para que la llama sea un poco más grande.
Los emprendedores delegan partes del proyecto a un equipo a sueldo para que como emprendedor puedan:
Los padres dejan a sus hijos a la guardería o los llevan a la escuela a pasar 6 horas diarias.
Que sí.
Que lo hacen para que aprendan y tal, pero todo el mundo acepta que parte para hacerlo es liberar espacio del día de los padres para que ellos puedan ir a trabajar.
Delegar suena genial, pero estamos dando el poder del gas, de la llama a terceras partes.
Ya sabemos lo que esto significa en los ejemplos que he dado.
Los padres removiéndose de la ecuación para liberar tiempo de su día mientras el hijo es enseñado, educado y domado por el Estado tiene sus riesgos.
O imaginemos a un emprendedor, creador o artista que ha decidido crear su proyecto ideal precisamente para canalizar una sensación de propósito o transcendencia.
La delegación tiene su sentido de ser, pero hay que ir con pies de plomo para no delegar la esencia o lo más importante. Fijaros que:▼
La atención que ponemos importa más que el tiempo que tenemos.
Todos tenemos las mismas 24 horas diarias, pero pocos tienen la capacidad de atención para aprovecharlas.
En vez de estar ahí deseando que tuviéramos más tiempo, tiene más sentido simplemente aprovechar este tiempo al máximo.
O en otras palabras: aceptar el número limitado de naranjas que tenemos, pero apretarlas más para que saquemos más jugo.
Tener una visión en la que primero estamos aceptando las restricciones logísticas para, una vez aceptadas, preguntarnos como podemos ser lo más efectivos posibles.
Básicamente estamos apartando la frustración de desear más tiempo para maximizar lo que sí podemos manipular: el uso efectivo de nuestros recursos, como es la atención.
Sabemos de buena pasta que las limitaciones nos ayudan a ser más productivos.
Ya sean autoimpuestas o no.
Algo que demuestra la Ley de Parkinson, donde se ve como nuestras fechas de entrega se expanden tanto como tiempo tenemos para entregarlo.

Es decir, que si tienes 2 semanas para hacer algo, por estadística lo más probable es que lo termines cerca del final de estas dos semanas que no al principio.
¿Existe una parte negativa? Pues claro.
Imagina dos personas que son exactamente igual de efectivas pero una tiene 10 horas al día para hacer algo y la otra 2 horas… Lógicamente quien se adelantará en ese campo va a ser el que tiene más tiempo.
Claro que la persona que tiene 10 horas es porque ha decidido, conscientemente o inconscientemente, minimizar las otras llamas de sus fogones.
Quizás temporalmente, que es precisamente la otra estrategia de cómo aprender a gestionar estos fogones:▲▼
Abrazar la estación de la vida en la que te encuentres.
Del mismo modo que aprovechas la estación de invierno para ir a Andorra a esquiar y el verano para ir a la playa, abrazar una época de la vida según te pide el cuerpo es una estrategia digna de una persona multipotencial.
No tiene maldito sentido que quieras abrazar la estación de ser padre cuando tengas 20 años, en cambio a tus 30 o 40 años, en los primeros años de vida de tus hijos tiene todo el sentido del mundo.
Cuando seas padre, cuando tu familia, hijo y mujer te necesiten más, sería una bofetada a la vida que dijeras «pues ahora me pongo 12 horas al día en mi proyecto».
Lo interesante es que parece ser la propia vida la que nos pone en nuestro lugar.
Algunas veces me he encontrado con la pareja ideal sin buscarla. Cuando llevaba meses centrándome en mis proyectos, y cuando viene algo así de una forma tan orgánica, el propio cuerpo te dice que te entregues en cuerpo y alma a regar algo que puede crecer hasta convertirse en un árbol centenario.
A poner las raíces en el momento que más le hace falta, que es… al principio.
No tenemos que abandonar nuestros sueños para siempre, sino que los podemos poner en pausa temporalmente.
La mayoría de veces seguirán esperándonos, pero las épocas de la vida no.
Épocas, estaciones que te pedirán que enciendas al máximo la llama del fogón mientras reduces dos de los otros fogones.
Esta es una de las estrategias que me gusta más. Supongo que porque es la que me ha funcionado mejor.

Cuando he respirado y vivido mi emprendimiento, me ha hecho avanzar tanto, que cuando siento que la época de la vida me pide que equilibre todos los fuegos, mi «modo mantenimiento» en algunas áreas hace que sean unas llamas contundentes.
Por mucho que pueda ser frustrante que tenga que estar una época sin potenciarla.
Me gustan los extremos temporales.
Abrazar una época para después pausarla, no pararla, cambiándola por otra.
Fijaros que sí. Los ámbitos de los cuatro fogones son representados por llamas, pero muchas veces ponemos el foco en las llamas de cada fogón sin ni siquiera darnos cuenta de que vamos por la vida con la bombona de butano vacía.
Se centran en querer gestionar el gas, la llama de cada uno de sus fogones fijándose en la ruedecita a ver si ponen el gas al 1, al 2, al 3, o al 4, cuando en realidad… no hay llama que hacer crecer.
Nuestro primer trabajo en cada uno de estos ámbitos es en haber almacenado suficiente gas para poder administrarlo bien.
Me parece perfecto que estés dispuesto a balancear la llama de tus relaciones para combinarla con otros aspectos de tu vida, ¿pero tienes buenas relaciones de entrada?
Es muy bonito decir que quieres una relación sana de pareja para poderla combinar bien con el trabajo, los amigos y todo el rollo. Pero asegúrate de haberla cultivado antes.
La teoría de los cuatro fogones sirve para entender cómo manejamos los activos emocionales de nuestra vida que ya tenemos.▲
Empezando por las relaciones ya no románticas, sino en general, amigos, familia, pareja… es el área que tiene más impacto en nuestras vidas.
El estudio más largo sobre la felicidad de la mano de Harvard siguió a más de 700 hombres durante 80 años para terminar concluyendo que eran las relaciones.2
Que las relaciones no sólo nos afectaban tanto a nivel felicidad, sino incluso a la longevidad.
Se acostumbran a separar las relaciones en los «fogones» porque como la evidencia nos confirma, las amistades y el amor no son mutuamente excluyentes.
En un estudio de hace un par de décadas se vio como las personas casadas entre 22 y 79 años que reportaban tener al menos dos amigos cercanos, es decir, al menos uno más a parte de su pareja, tenían niveles más altos de satisfacción con la vida, más autoestima y menos niveles de depresión que los que sólo consideraban a su pareja la única amiga.3
No es la ausencia de amor sino la ausencia de amistad lo que hace infelices a los matrimonios. – El bueno de Friedrich Nietzsche
Es una buena frase que además está respaldada por evidencia, pero no nos hace falta mencionar que Nietzsche nunca se casó y que varias mujeres rechazaron sus propuestas de matrimonio…
Te entiendo, compañero.
Lo que no entiendo tanto es la poca importancia que le ponemos a la salud, como uno de los fogones más descuidados de todos.
Para mí, si no tenemos salud, no tienes absolutamente nada.
Hablo de la física, pero también de la psicológica. Aunque si tenemos consciencia de las intensidades de nuestros fogones se nos será casi imposible tener días malos.
Pero esta salud generalizada no sólo la entiendo como mover el cuerpo de forma intensa con un buen plan de entrenamiento… no.
Estoy hablando de caminar, por ejemplo.
No sabéis las veces que me han salvado las caminadas para ordenar los pensamientos en momentos de carga emocional.
Se me carga la bombona de butano en el gimnasio con la música pop-punk que me pone de buen humor, pero a veces se me carga tanto o más con paseos que me organizan los pensamientos.
Si no camino, es como ir dejando la ropa limpia y sucia encima de la cama y no dignarme a ordenarla nunca.
Y finalmente el trabajo, que ha recibido tanta mala reputación en los últimos años.
Normal.
Si la gente odia lo que hace, lejos de encontrar su trabajo ideal.
Lo he dicho más de una vez por aquí: quiero seguir haciendo lo mismo que estoy haciendo ahora cuando tenga +100 años.
Mi trabajo se ha convertido en mi propósito, en algo que siento que es una parte importante de mí. Transcendente, sin techo, y que me hace crecer, al menos, un 1% diario.
La vida son etapas y si estás disfrutando como un niño lo que estás haciendo 8 horas al día, ¿para qué te tendrías que sentir culpable de ello?
El balance sólo se vuelve necesario cuando no tienes suficiente fuego dentro tuyo.
El objetivo no debería saber ajustar la intensidad de la llama de tu trabajo… porqué al fin y al cabo no tendrías suficiente llama para darle más gas.
En absoluto.
El objetivo actualmente para algunos debería ser rellenar esa bombona de butano.
Para poder, entonces sí, hacer que tu trabajo sea ajustar la llama de cada ámbito de tu vida según la etapa o época en la que sientas que quieras cocinar.
▼¿Y si tu ansiedad es simplemente tu interior intentándose resistir a unos plazos de los que nunca tuviste el control en primera instancia?
Hay algo casi salvaje sobre la vida que solo te das cuenta una vez dejas de esforzarte tanto.
No estoy hablando de “dejar de hacer”. De no hacer nada, sino de pensar que sólo tu tienes el control de los resultados.
El momento en que sueltas, todo lo que tú estabas persiguiendo empieza a encontrarte a ti.
Hay una razón por la que la última etapa del duelo es la aceptación.
No es magia. No es suerte. Es cómo funciona la energía y cómo fluye realmente la vida debajo de todo el ruido que creamos en nuestras mentes.
Fijaros, cuando estamos cogiendo demasiado fuerte (necesitando que algo pase) tu energía se endurece. Empiezas a bloquear precisamente lo que quieres que entre.
Es como intentar atrapar un río con los puños.
Cuanto más aprietas, más se escurre el agua entre los dedos.
Yo pienso en todas las veces que estaba desesperado por algo. Amor, éxito, respuestas… y cuanto más empujaba, más lejos se alejaba de mí.
Pero cuando me cansé, cuando dijiste “pase lo que pase, que pase”… De repente, las puertas se abrieron. Aparecieron oportunidades. Llegó gente a mi vida. Más resultados. Más liberación.
Y no creo que sea coincidencia.
Cuando sueltas la necesidad de algo, tu energía cambia de escasez a confianza. Y la vida siempre responde mejor a la confianza que al miedo.
Porque “necesitar” dice: “No lo tengo. Y no confío en que alguna vez lo tendré.”
Mientras que “soltar” dice: “Ya estoy completo. Y si viene, genial. Si no, sigo completo.”
Y ese cambio sutil es lo que le da la vuelta entera al juego de la vida.
La mayoría de la gente no se da cuenta de que soltar no es rendirse. Es apartarse del camino el tiempo suficiente para que la vida trabaje a nuestro favor en lugar de en nuestra contra.
Cuando estás constantemente intentando controlar cada resultado, te estás moviendo desde el miedo. Miedo a que no pase. Miedo a que no seas suficiente. Miedo a que si dejas de intentarlo, todo se derrumbe.
Pero esa es la trampa.
Porque la vida no está construida sobre la fuerza. La vida está construida sobre el flujo.
¿Alguna vez habéis notado cómo las mejores cosas a menudo llegan cuando simplemente estás viviendo? Cuando estás presente, cuando no estás mirando el reloj, cuando no estás apretando el futuro tan fuerte que no puedes respirar.
Pensadlo.
Las amistades que duraron, no las forzaste.
Las oportunidades que cambiaron tu vida, tropezaste con ellas cuando estabas haciendo lo tuyo, no suplicándole al mundo que se fijara en ti.
Los momentos que te hicieron sentir vivo, no fueron planeados ni fabricados. Fueron vividos.
Eso es porque la vida no está respondiendo al esfuerzo. Está respondiendo a la energía.
Y tu energía es más clara, más limpia y más magnética cuando estás en paz contigo mismo.
No necesitado, no desesperado, simplemente confiando.
Porque cuando confiamos, estamos alineados. Y cuando estamos en alineados, es como que las cosas nos buscan a nosotros.
Simplemente… llegan.
¿Os habéis fijado en algo?▲▼
Es como que cuanto más persigues la certeza, más invitas al caos.
Porque necesitar que todo tenga sentido ahora mismo (necesitar cada respuesta inmediatamente) te cierra a los caminos que ni siquiera puedes ver todavía.
La vida tiene una inteligencia más profunda que tus planes.
Está tejiendo posibilidades, oportunidades, encuentros, posibilidades mucho más allá de lo que tu mente puede orquestar.
Pero cuando te aferras fuertemente a una idea de cómo deben desarrollarse las cosas, te vuelves ciego a las mejores formas en que la vida está intentando entregártelas.
¿Conocéis esos momentos cuando algo se desmorona y entras en pánico? Piensas que es lo peor que podría pasar y sin embargo meses después te das cuenta de que fue lo mejor que te pasó.
Eso no es un accidente.
Eso es la vida respondiendo a tus necesidades más profundas, no a tus miedos superficiales.
Cuanto más aflojas tu agarre, cuanto más sueltas la necesidad de un resultado específico en un momento específico, más espacio creas para que algo incluso mejor entre de golpe.
La confianza no es pasiva.
La confianza es poderosa.
La confianza dice: “Estoy apareciendo completamente, pero no estoy desesperado porque esto se vea exactamente como creo que debería.”
Se trata de avanzar sin arrastrar tus expectativas como cadenas pesadas detrás de ti.
Cuando encarnas eso, empiezas a notar que la gente se siente atraída hacia ti de forma diferente. Las oportunidades te encuentran más fácilmente. Y de alguna manera, sin luchar tanto, las cosas por las que antes peleabas empiezan a desarrollarse con menos resistencia y más magia.
Porque la energía de la confianza no es frenética.
Es magnética.
Y la vida siempre responde a la energía con la que lideras.
Y aquí es donde la cosa se pone aún más real, porque mirad…▲▼
La mayoría de la gente no confía en la vida porque han sido entrenados para confiar más en el miedo que en la posibilidad.
Desde el momento en que somos jóvenes, nos enseñan a planificar para el desastre, a esperar la traición, a protegernos de la decepción.
Así que naturalmente, pensamos en confiar como incertidumbre/inseguridad. Imprudente. Lo sentimos como estar de pie al borde de un acantilado sin arnés.
Pero, ¿sabes cuál es la realidad?
Que ya estás de pie en ese acantilado. Siempre lo has estado. Porque la vida nunca fue controlable en primer lugar.
Todos los planes, toda la microgestión, toda la ansiedad… solo crean la ilusión de seguridad.
La seguridad real está en aprender a surfear las olas, no intentar poner un dique al océano.
A confiar en tu habilidad aprendida de surfear, aceptando que el océano nunca dejará de sorprenderte.
Es aprender a estar vivo dentro del caos. No luchando contra él, no suplicándole que se calme, sino moviéndote con él como un baile que siempre has conocido secretamente.
Cuando te inclinas hacia la confianza, no dejas de preocuparte por tus sueños. Simplemente dejas de intentar forzarlos a existir. Dejas de asfixiarlos con presión.
Y ahí te das cuenta de algo muy potente…
Lo que ya está escrito que será para ti, no es frágil… No necesita que lo aprietes más fuerte.
Necesita que lo encuentres a medio camino con las palmas abiertas y el corazón abierto, no con los puños cerrados.
Cada cosa que estás intentando forzar ahora mismo, cada persona que estás persiguiendo, cada meta que estás estrangulando… lo estás bloqueando al agarrarlo con miedo en lugar de encontrarlo con confianza.
Y el momento en que aflojas ese agarre, el momento en que respiras y dices “Confío en que la vida me lleve a donde debo ir”… Todo empieza a moverse más rápido, pero más suave, más fácil, más naturalmente.
Porque ya no estás interponiéndote en tu propio camino… Además hay algo más.▲▼
La mayor parte de la lucha que sientes en la vida no es porque estés haciendo las cosas mal.
Es porque las estás haciendo con tensión, con miedo debajo de la superficie, con esa voz en tu cabeza susurrando “Si no hago que esto pase, lo perderé todo.”
Es este miedo el que te hace coger todo lo que haces más fuerte.
Empiezas a entrar en pánico cuando los resultados no aparecen inmediatamente.
Empiezas a pensar “Quizás estoy fracasando.”
Cuando en realidad, simplemente estás forzando.
La vida no responde a la fuerza. Responde a la alineación. A la coherencia.
Cuando actúas desde el miedo, creas resistencia… pero cuando actúas desde la confianza, creas impulso.
Pensadlo. ¿Alguna vez habéis conocido a alguien que sea magnético sin esfuerzo?
No porque lo esté intentando, no porque esté desesperado, sino porque está relajado, porque confía en sí mismo, confía en su camino, y confía en que la vida le llevará.
Es como si tuvieran un campo de energía diferente a su alrededor.
Y aquí está el secreto.
Todos tenemos el potencial de ser así y de vivir así.
No necesitamos volvernos mejores “per se” o más fuertes o más impresionantes.
Necesitamos volvernos más… ligeros.
Necesitas recordar que ya eres suficiente sin necesitar exprimir la vida en una línea temporal perfecta.
Porque el momento en que dejas de intentar controlar cada resultado, los resultados que quieres empiezan a fluir hacia ti naturalmente. Como un río que finalmente encuentra su curso cuando las rocas son apartadas.
Cuanto menos pánico, más te abres. Cuanto menos persigues, más atraes. Cuanto menos agarras, más creces.
No se trata de hacer menos. Se trata de ser diferente.
Te conviertes en una versión más calmada y más sabia de ti mismo. No porque lo forzaste, sino porque confiaste en ti mismo lo suficiente como para permitirlo.
Porque… ¿te has fijado en algo?▲▼
Cuanto más aflojas tu agarre, más fuertes se vuelven tus resultados.
Suena casi injusto, ¿verdad?
Trabajas tan duro, te esfuerzas, machacas, controlas cada detalle, y de alguna manera las cosas se escurren entre tus dedos.
Pero el momento en que aflojas, las oportunidades correctas, las personas correctas, los momentos correctos… empiezan a caer justo en tu regazo.
No es magia. Es energía.
Cuando estás desesperado, la gente lo siente. Incluso si sonríes, incluso si dices las palabras correctas, pueden sentir la tensión debajo. Esa energía de “por favor que funcione” aleja las cosas.
Pero cuando dejas de depender del resultado para definirte, te mueves diferente. Hablas diferente. Entras en las habitaciones diferente.
Ya no necesitas que las cosas pasen. Eliges que pasen desde un lugar de fuerza en lugar de supervivencia.
Y ese pequeño cambio interno lo cambia todo.
Porque la vida, curiosamente, refleja tu estado interior.
Si estás constantemente dudando, la vida seguirá lanzándote obstáculos para ponerte a prueba.
Si estás constantemente confiando, la vida empieza a abrir puertas que ni siquiera sabías que existían.
Es como este contrato silencioso que tienes con la realidad. Yo confiaré en que te desarrolles, y tú confiarás en que yo aparezca.
No te despiertas cada mañana entrando en pánico sobre cuándo y cómo pasarán tus sueños. Te despiertas emocionado porque sabes que ya están en camino.
Caminas más ligero porque el peso de necesitarlo todo ahora mismo desaparece.
Te vuelves magnético no por perseguir, sino por ser la persona que ya pertenece a esa vida más grande.
Y honestamente, ahí es donde viven los que realmente ganan. No en una carrera por controlar todo, sino en un baile con la confianza.
Confías en que los retrasos de la vida son preparaciones. Confías en que las oportunidades perdidas son protección. Confías en que lo que es para ti se está moviendo hacia ti, incluso cuando no puedes verlo todavía.
Esa es la ventaja oculta que la mayoría de la gente nunca aprovecha. Nunca se dan cuenta de que la confianza es el atajo que habían estado buscando todo el tiempo.
Y cuando confías en la vida, algo aún más loco empieza a pasar, y es que…▲▼
Dejas de forzar líneas temporales que ni siquiera están destinadas para ti.
La mayoría de la gente está obsesionada con la velocidad. “Necesito hacer que pase ahora. Si no está pasando todavía, debe estar fallando.”
Pero aquí está la realidad.
La velocidad no significa nada si estás corriendo hacia lo equivocado.
Y la confianza, la confianza real, es el arte de dejar que las cosas correctas tomen su forma natural, incluso si es más lento de lo que tu ego quiere.
Porque lo que fuerzas a menudo se rompe. Y lo que confías a menudo se construye más fuerte de lo que jamás podrías haber diseñado.
Pensadlo.
Las cosas más grandes en la vida, las que realmente te cambiaron, probablemente no llegaron en tu fecha límite que te impusiste tu personalmente. Aparecieron en su propio tiempo, de formas que nunca podrías haber planeado.
Una amistad que salió de la nada. Una oportunidad para la que ni siquiera aplicaste. Una persona o relación que no te esperabas. Una puerta que se abrió cuando ya ni siquiera estabas mirando.
Eso es lo que hace la vida cuando dejas de gritar “¿Dónde está?” y empiezas a susurrar “Estoy listo cuando tú lo estés.”
Porque hay un ritmo en tu vida que es mucho más grande que la presión que sientes ahora mismo.
Y cuando entras en la confianza, te alineas con ese ritmo. Dejas de interrumpir tus propias bendiciones con miedo. Dejas de precipitarte a lugares donde nunca debías estar. Dejas de encogerte cada vez que las cosas no van según tu guión.
Dejas que la vida te sorprenda de las mejores maneras porque confías en que las cosas invisibles trabajando a tu favor son más poderosas que las visibles trabajando en tu contra.
Lo gracioso es que cuando empiezas a vivir así, la gente lo nota. Te ven caminando diferente, hablando diferente, irradiando una paz que no pueden explicar del todo.
Y se preguntan qué cambió en ti.
Pero tú sabrás que no fue suerte. No fue magia.
Fue confianza. Confianza real.
El tipo que dice: “No persigo, me alineo. No exijo, me preparo. No entro en pánico, recibo.”
Y eso, amigo, es cuando la vida deja de ser una batalla y empieza a sentirse como una conversación bonita con la que finalmente eres lo suficientemente paciente como para escuchar.
Y aquí está el secreto silencioso que empiezas a darte cuenta una vez que confías en la vida lo suficiente, y es que…▲▼
No te estás perdiendo nada. No te estás quedando atrás. No estás perdiendo tiempo.
Simplemente te estás permitiendo respirar en un mundo que siempre está jadeando por la siguiente gran cosa.
Fijaros, los que siguen persiguiendo cada momento brillante son normalmente los que se pierden las oportunidades reales. Porque las oportunidades reales no gritan pidiendo tu atención.
Susurran.
Aparecen cuando tu mente está clara, cuando tus manos no están ya agarrando otras cinco cosas con miedo.
Confiar en la vida no es sentarse sin hacer nada. Es vivir de una manera donde tu paz se vuelve más magnética que tu pánico. Donde las personas correctas, los momentos correctos, y los caminos correctos naturalmente empiezan a conectar contigo.
No porque los forzaste, sino porque hiciste espacio para ellos.
Empiezas a notarlo en pequeñas cosas primero.
Esa llamada que dejaste de obsesionarte, de repente llega. Esa oportunidad que casi suplicaste, una mejor cruza tu camino cuando menos te lo esperas. Esa conexión que pensaste que habías perdido para siempre, encuentra su camino de vuelta en mejores términos de los que jamás podrías haber planeado.
La vida recompensa a los que están dispuestos a confiar en ella con las manos abiertas. No puños cerrados, no movimientos desesperados, sino confianza tranquila.
Es casi una paradoja.
Cuanto menos lo fuerzas, más rápido se desarrolla. Cuanto menos te obsesionas, más naturalmente te encuentra.
Porque cuando no estás anclado en el miedo, te mueves diferente. Hablas diferente. Irradias algo que la gente y las oportunidades quieren tener cerca.
Por eso lo ves en los que realmente han evolucionado. Hay una calma en ellos que no tiene sentido. No están corriendo para demostrar su valor. No están intentando ganarse lo que ya está en camino.
Y eso podrías ser tú. Esa energía podría ser tuya empezando hoy.
Si estás cansado de vivir en modo persecución, si estás listo para experimentar lo poderoso que te vuelves cuando dejas de forzar lo que no es tuyo forzar, entonces es el momento.▲
En este episodio, Pau comparte una epifanía reciente: durante años pensaba que necesitaba escribir por las mañanas para sentirse bien, centrado y creativo. Si no escribía un artículo, un guion, una escaleta o algún texto analítico, empezaba a sentir ansiedad, como si estuviera desperdiciando sus mejores horas del día.
Todas las referencias mencionadas en el episodio las tienes a continuación.
Pero las últimas semanas le han cambiado el marco. Ha pausado parte del contenido guionizado y, en lugar de escribir, se ha puesto a construir proyectos con inteligencia artificial. Y ahí se ha dado cuenta de algo importante: lo que le llenaba no era exactamente escribir. Era crear.
El episodio gira alrededor de esa idea: no soy escritor, soy creador. O, quizá mejor dicho, maker. Alguien que necesita construir cosas, ya sea con palabras, proyectos, comunidades, herramientas, relaciones o plataformas.
Este episodio no va solo de escritura ni de IA. Va de descubrir que a veces confundimos el medio con el impulso real. Pau pensaba que necesitaba escribir, pero lo que necesitaba era crear algo que no existía antes.
Pau no necesitaba escribir.
Necesitaba crear.
Durante años, la escritura fue el canal. Ahora la IA le ha abierto otros: plataformas, herramientas, colaboraciones, comunidades y proyectos que antes estaban atascados por no saber programar.
La escritura volverá.
Pero ya no como obligación.
Volverá como una forma más de lo mismo: ese impulso de construir algo, darle forma y dejar una pequeña huella donde antes no había nada.
Ninjas de la vida, definimos nuestra realidad con lo que creemos (nuestras creencias), pero ¿alguna vez os habéis planteado que no todas las creencias que elegimos tienen que ser verdad?
En muchos casos, las creencias que más nos ayudan a avanzar no son las que necesariamente se ajustan a los hechos, sino las que nos resultan útiles.
Todas las referencias mencionadas en el episodio las tienes a continuación.
Es una idea simple, pero poderosa.
Voy a poneros un ejemplo sencillo para ilustrar esta idea.
Imaginad que tenéis la tendencia a pensar que los hombres y las mujeres son muy diferentes, algo que probablemente todos habéis escuchado alguna vez.
Sin embargo, decides optar por una creencia distinta: que hombres y mujeres son iguales.
No es que realmente creas que son idénticos en todos los aspectos, porque no lo son, pero eliges esa creencia porque te ayuda a neutralizar una tendencia natural a exagerar las diferencias.
En otras palabras, no está eligiendo esta creencia porque sea completamente cierta, sino porque equilibra y ayuda a reducir prejuicios que podrían interferir en nuestra toma de decisiones y acciones.
Esta idea de utilizar creencias como herramientas para combatir sesgos se estudia mucho en la psicología cognitiva, donde se explora cómo las personas pueden cambiar sus hábitos de pensamiento para mejorar su bienestar y eficacia en la toma de decisiones.1
Es como el amigo que siempre llega tarde a todas partes.
Todos conocemos a alguien así.
Este tipo de personas tienen que adoptar medidas drásticas para contrarrestar su tendencia a la impuntualidad, y entonces empiezan a salir de casa mucho antes de lo necesario.
A simple vista, puede parecer excesivo, pero en la práctica este extremismo le ayuda a llegar a tiempo.
No se trata de lo que es «verdadero» en términos absolutos (como que no siempre hace falta salir tan pronto), sino de lo que funciona para ellos.
Este concepto tiene mucha relación con lo que se conoce como «psicología pragmática», una corriente que defiende la idea de que lo más importante no es si una creencia es verdadera, sino si es útil.
William James, uno de los fundadores del pragmatismo, argumentaba que una idea debe ser juzgada por sus efectos prácticos más que por su correspondencia con una verdad objetiva.2
Aquí entramos en un concepto que me parece fascinante y que aplico constantemente:
Lo que es literalmente falso, pero funcionalmente verdadero.
Esta frase se entenderá mejor con algunos ejemplos que generación tras generación hemos ido inculcando a los niños.
Los peques han ido creciendo con creencias literalmente falsas, pero funcionalmente verdaderas.
Un puercoespín puede lanzar sus púas. Literalmente falso. Un puercoespín no puede lanzar sus púas como si fueran dardos. No es algo que esté físicamente en su capacidad. Pero, creer que pueden hacerlo es útil. Te mantiene alejados del animal, lo que reduce el riesgo de que te acerques demasiado y acabes herido. Funcionalmente, es una creencia que te protege, aunque no sea verdad en sentido literal.
Caminar debajo de una escalera trae mala suerte. ¿Quién no ha escuchado esto alguna vez? Todos sabemos que no existe ninguna evidencia que demuestre que pasar por debajo de una escalera afecte a la suerte. Pero si evitas hacerlo, también evitas el riesgo de que caiga algo desde arriba, como una herramienta, una lata de pintura o un trabajador. Aquí vemos cómo una superstición aparentemente absurda tiene una funcionalidad práctica, un fenómeno muy común en las creencias populares que a menudo esconden alguna verdad pragmática oculta.3
Los cerdos son animales sucios y no deberíamos comerlos. Moralmente, no hay una diferencia fundamental entre comer cerdo o cualquier otro tipo de carne. Pero si evitas la carne de cerdo, en muchas culturas y contextos históricos, te estás protegiendo de ciertos patógenos que eran más comunes en la carne de cerdo, especialmente en épocas y lugares donde las condiciones sanitarias eran deficientes. Esta creencia, aunque moralmente debatible, tenía un propósito funcional. Los antropólogos culturales como Marvin Harris argumentan que muchas prohibiciones alimentarias tienen raíces en el entorno y en las condiciones higiénicas de la época en que se originaron.4
Son solo algunos ejemplos de creencias que, aunque no sean literalmente ciertas, tienen un valor práctico innegable.
Nos protegen, nos guían y nos ayudan a tomar decisiones más seguras o inteligentes, ahora bien…
También podemos encontrarnos con situaciones inversas, en las que algo es literalmente verdadero, pero funcionalmente falso.
Un ejemplo que me gusta usar aquí es la creencia de que el libre albedrío no existe.
Desde una perspectiva filosófica o incluso científica, hay argumentos que sostienen que nuestras acciones están predeterminadas por una cadena de causas y efectos que escapan a nuestro control.
Estudios en neurociencia han mostrado que las decisiones conscientes se pueden predecir basándose en la actividad cerebral antes de que la persona sea consciente de haber tomado la decisión.5
Si adoptamos esta creencia, nos estamos alineando con una visión muy racional del mundo, pero en la práctica, creer que no tenemos libre albedrío puede ser desastroso.
O sea, que sostener la idea de que nuestras decisiones y acciones no son completamente libres o independiente, nos puede llevar al infierno psicológico.
Puede hacernos sentir impotentes, apáticos, sin motivación para actuar, sin necesidad de ser disciplinados…
Simplemente porque pensaríamos que nada de lo que hagamos cambiará el resultado final.
Aquí vemos cómo una creencia que es literalmente verdadera (al menos desde una cierta perspectiva filosófica o científica) puede ser funcionalmente destructiva si la abrazamos para la vida diaria.
Llegado a este punto me gustaría compartir con vosotros una herramienta, un recurso que he encontrado increíblemente útil para hacer un cambio de creencia o de punto de vista…
Se trata del reencuadre.
Un proceso mental donde miramos una situación desde diferentes ángulos hasta encontrar una perspectiva que nos sea más útil o beneficiosa.
Imaginaros, por ejemplo, que estamos enfrentándo un problema en el trabajo.
La reacción instintiva de muchos podría ser frustrarse, sentirse atrapados o incluso enfadarse.
Pero si os tomáis un momento para hacer un reencuadre, podríais encontrar otros ángulos.
Digo como si fuera fácil hacer este cambio de perspectiva, pero a la hora de la verdad con la sangre caliente no lo es tanto.. Como el estoicismo (…).
Quizás ese problema que parece un fracaso en realidad es una oportunidad para aprender algo nuevo o mejorar un proceso.
O tal vez nos esté empujando a tomar una decisión que antes no nos habíamos planteado.
El reencuadre es una técnica que se utiliza mucho en terapias como la terapia cognitivo-conductual (TCC), donde se enseña a los pacientes a replantear sus pensamientos negativos de una manera más positiva y útil para mejorar su bienestar mental.6
El reencuadre no solo sirve para ver los problemas de manera más positiva, sino también para tomar mejores decisiones estratégicas.
Por ejemplo en los negocios, perder un cliente importante puede parecer un desastre. Pero, si hacemos un reencuadre de la situación, tal vez esa pérdida nos está liberando espacio/tiempo para captar a un cliente más alineado con nuestra visión o con quien podríamos tener una relación más productiva.
La clave del reencuadre es no quedarse con la primera interpretación de las cosas.
Cuando nos enfrentamos a una situación difícil, nos preguntamos: «¿qué otros ángulos existen? ¿De qué otras maneras puedo verlo?».
Ya digo que dicho así suena bien, pero siempre seremos más propensos a hacernos estas preguntas a posteriori. En frío. Cuando estemos con la calma.
La gracia aquí no es detenernos después de 2 o 3 opciones, sino empujar la mente a seguir buscando nuevas perspectivas, incluso si al principio parecen absurdas o radicales.
Ahí es donde reside el verdadero poder del reencuadre.
Porque muchas veces damos por sentadas ciertas reglas y normas sociales como si fueran verdades absolutas.
Pero las reglas no son más que convenciones/entendimientos que la sociedad ha establecido para facilitar la convivencia (según su criterio, claro), porque si lo pensamos fríamente todos sabemos que:
Las reglas no son leyes naturales inquebrantables.
Por esto siempre me ha sacado un poco de quicio estar en Estonia, que no venga ningún coche, y que haya una fila de 10 personas esperando cruzar pero que no lo hagan a pesar de que se ve claramente que no viene ningún coche…
Vale, si hay algún niño no lo hago porque quiero dar buen ejemplo, pero si todos somos adultos y sabemos cuál es el uso de un semáforo, me frustra un poco ver lo corderitos que somos en este sentido.
Las reglas no son leyes naturales como la gravedad. Leyes que serían iguales para ti que para un alien.
Por esto si nuestra sociedad desapareciera en 1 día y 1 noche y la civilización tuviera que volver a hacerse desde cero, lo más probable es que hubiera variaciones en el producto final de la moralidad, ética y reglas comunitarias, pero las leyes naturales (cuando las aprendiéramos) terminaríamos concluyendo lo mismo.
Los libros de física y química terminarían volviendo a esta sociedad tal y como los dejamos, pero…
¿Y lo de cruzar la calle cuando ves claramente que no hay ningún coche que vaya a venir y te estás esperando en el semáforo como un tontaina?
A veces seguimos reglas de forma automática, incluso cuando el contexto nos indica que no tienen ninguna utilidad en ese momento.
Me ha pasado muchas veces en mi vida y estoy seguro que a vosotros también.
He encontrado oportunidades que otros no veían porque aprendí a saltarme ciertas reglas cuando, en un contexto específico, no tenían sentido.
Y no os digo que ignoremos todas las reglas (lógicamente), porque muchas de ellas tienen un propósito importante para que la convivencia con los demás sea efectiva y relajante para todo el mundo…
Pero también es crucial aprender cuándo podemos doblarlas o incluso romperlas si eso nos ayuda a progresar sin perjudicar a nadie.
En este aspecto es importar recordar la frase «ojo por ojo, diente por diente», proveniente del Código de Hammurabi, un antiguo conjunto de leyes babilónicas que además también aparece en la Biblia en el libro del Éxodo, como parte de la ley del Antiguo Testamento.
Este fue seguramente de los primeros principios legales a los que se les dio el nombre de «ley del talión» que básicamente establecía que el castigo debe ser proporcional al daño causado.
¿Y qué tiene que ver esto con lo que os estoy diciendo?
Pues que si vamos a romper una regla por un contexto específico, tiene sentido pensar si me importaría que otra persona la rompiera.
Si me importaría que me pagaran con la misma moneda.
El claro caso de cruzar un paso de cebra sin coches pone en evidencia que me daría absolutamente igual que otra persona lo hiciera a su propio riesgo. A mi no me incumbe y debería importarme una santa mi3rda (ahora que hablamos de textos sagrados).
Es por esto que la psicología social ha estudiado cómo el cumplimiento ciego de las normas puede llevar a comportamientos irracionales, mientras que el cuestionamiento de las reglas a menudo está asociado con la innovación y la creatividad.7
Un ejemplo fascinante de cómo las reglas no son más que construcciones humanas es la historia de los Estados Unidos.
Cuando se redactó la Constitución, originalmente se pensaba que el país tendría varios presidentes en lugar de uno solo.
Fue solo por una votación de 7 contra 3 que se decidió tener un solo presidente, lo que saca a reflejar que muchas cosas que consideramos como «normales» o «verdades universales» son, en realidad, arbitrarias y podrían haber sido completamente diferentes si las decisiones hubieran tomado otro rumbo.8
O sea que estamos confundiendo lo que vemos con lo que es (o al revés), cuando lo cierto es que la realidad no es lo que es, sino lo que pensamos que es.
Nuestra mente selecciona ciertos fragmentos de la realidad, ignora otros y construye una narrativa que nos parece coherente, pero que no tiene porque reflejra la totalidad de los hechos.
Un ejemplo común que me viene a la mente es el de las relaciones románticas.
Imagina que alguien te deja y, en tu cabeza, estás convencido de que fue «de la nada» o «sin ninguna razón».
Pero te tomas un momento para repasar la relación desde otro ángulo y entonces quizás empiezas a recordar pequeñas señales que estaban ahí todo el tiempo, pero que tu mente ignoró porque no encajaban en la narrativa que querías contarte en ese momento.
La psicología moderna ha documentado cómo nuestro cerebro tiende a construir estas narrativas selectivas para proteger nuestra autoestima o para darle sentido a eventos complejos.9
En última instancia lo que quiero transmitir hoy es que lo más importante no es qué es verdad y qué no lo es, sino qué creencia nos ayuda a vivir mejor.
A actuar de manera más efectiva y a estar en paz con nosotros mismos.
Si una creencia nos paraliza o nos hace sentir impotentes, es hora de replanteárnosla.
Por ejemplo, si creo que «no hay oportunidades» y eso me lleva a la inacción, tiene sentido de pensarlo fríamente y intentar recordar evidencia que nos diga lo contrario para que esa creencia se convierte en «siempre hay oportunidades pero muchas veces no son tan obvias como desearía».
O algo por el estilo…
Porque tampoco nos podemos engañar diciendo que siempre hay oportunidades, pero tenemos la opción de recordar evidencia de vida que rete la creencia que ahora mismo nos está limitando una acción o que vivamos como queramos vivir.
Tiene gracia y es paradójico porque a veces podremos adoptar una de esta creencia que nos servirá y nos asistirá a tener una mejor vida, cuando la misma creencia sería negativa y mala para otra persona que la adoptara.
Es decir, que esa creencia no fuese verdad para él.
Pero da igual, porque no se trata de si tenemos razón ahora mismo, sino de lo que nos ayuda a vivir mejor.▲
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