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Mi filosofía minimalista
(qué es y cómo la aplico a mi vida)

La filosofía minimalista es saber identificar aquello que realmente necesitamos y despojarnos de todo lo demás.

Así de simple.

De hecho aún lo podemos definir con menos palabras:

Menos es más.

Sería una hipocresía por mi parte intentar definir a la filosofía con una larga explicación. En teoría con esta cita chula tendríamos suficiente…

Pero quiero ir un paso más allá y explicar porque no estoy hablando sólo de bienes materiales como cuando abro mi armario de ropa minimalista.

En esta filosofía también se incluye una especie de «minimalización» de cargas emocionales, estrés, horarios, dietas, rutinas de entrenamiento, carteras de inversión…

Todo con lo que nos encontremos en el día a día.

De hecho, aún no he encontrado ningún ámbito de la vida en el que haciéndolo gravitar hacia el minimalismo me haga sentir peor.

Simplificándolo… Todo parece mejorar.

Pero sea el ámbito que sea, separar el «necesitar» de «querer» y «desear» para vivir con menos, es un reto que es más fácil de decir que de practicar.

Es por esto que iremos por partes.

Hoy quiero cubrir la parte más filosófica o teórica, y más adelante quiero quedarme colgado en las arenas movedizas de tomar acción en el minimalismo para vivir con menos.

¿Por qué a alguien le debería interesar algo que suena tan hippie?

Minimiza tus otras lecturas para maximizar tus conocimientos.

Qué es la filosofía minimalista

El minimalismo es una corriente filosófica que ha ido creciendo recientemente. Este estilo de vida proporciona más foco, libertad de movimiento, comodidad y más calidad de vida. Para conseguirlo se minimizanlas posesiones tanto materiales como espirituales.

Pero déjame que te de un poco de contexto.

Viajé durante años sólo con una mochila.

Ni siquiera era de esas mochilas de adolescentes que se van de interrail, pero una normal y corriente de medidas de cabina de avión.

A día de hoy sigo llevándome a la cafetería o a la biblioteca cuando toca trabajar o escribir un rato.

comic arrastra mochila

No me la llevé por todo Europa y Oceanía con la frase en mente de «voy a ser minimalista», si no que fue una consecuencia natural de querer empaquetar poquito y ahorrar en maletas facturadas.

Iba a seguir el verano y primavera, así que sin preocuparme por llevarme chaquetas o ropa gorda, me centré en enrollar la ropa a modo de tubo hasta ocupar los 7 o 10kg mandatorios de las políticas de la compañía de vuelo.

En una situación como esta, no hay más huevos que llevar lo que realmente es necesario.

No tiene porque ser sólo en los viajes.

¿No te ha ocurrido nunca que cuando vas a mudarte de casa te das cuenta de toda las patrañas que has comprado?

Cuando nos encontramos en una situación en la que sólo podemos llevarnos con nosotros unas cuantas cosas, es cuando vemos que tenemos demasiadas.

Y llega un momento en el que nos damos cuenta de que nos pasa lo mismo a nivel mental. No queremos cargar con nosotros tanto estrés, pensamientos o preocupaciones y necesitamos simplificar tanto lo que llevamos a nuestras espaldas, como en la cabeza.

Pero a esto, ya llegaremos.

De dónde viene esta filosofía

La palabra «minimalismo» fue asociada durante mucho tiempo a una manera de decorar una vivienda. Poniendo sólo los muebles más básicos, con poca decoración, y unos colores muy neutrales.

Tal vez vino de aquellos que tienen apartamentos más pequeños que sus cuentas bancarias. Tal vez se encontraron con la necesidad de aprovechar el espacio sí o sí, y…

Bualá.

Cóctel de minimalismos sin saberlo y ya tienes un hogar bien «cozy» como dicen en inglés. O «hygge» como dicen en danés. Que en español vendría a ser la traducción de hogareño, cómodo… Bueno no hay mucha traducción de esta palabra.

Se dice que tal vez viniera de aquí, pero creo que se debe remontar de aún más atrás porque vivir con poco no es nada nuevo.

Al fin y al cabo los que no tienen nada porque no tienen medios para comprarlo también seguirían la filosofía minimalista, ¿no?

Hay pobreza desde los inicios de las civilizaciones, ¿por qué no los podríamos etiquetar entonces de «minimalistas»?

Para qué sirve el minimalismo en la vida diaria

Pues porque el reto de esta filosofía está en querer poco cuando tenemos abundancia para tener lo que deseamos, pero aún así decidimos tener lo mínimo posible.

¿Y por qué querríamos hacer algo así?

Por pura paz mental.

dibujo meditando

Entiendo que decir simplemente «paz mental» suena a muy abstracto, así que me he decidido a hacer una lista un poco más completa de los usos que puede tener esto de vivir con menos cargas.

Aclarar nuestros objetivos y priorizar

Verás.

Por una vez los medios de comunicación han hecho bien su trabajo y por eso ya sabemos de sobra el daño que nos hacen las redes sociales en nuestro foco a las cosas que nos importan.

De hecho ya se han empezado a ver los resultados que puede tener esto a largo plazo. No estoy hablando sólo de nuestra atención, si no de nuestra salud.

En los últimos años se ha desarrollado unos síntomas que me parece que tengo actualmente y que estoy intentando solucionar.

Se llama «apnea del email».

A todos nos suena la apnea del sueño, en la que uno deja de respirar involuntariamente porque se le tapan las vías cuando se le relajan los músculos.

Pues bien, la apnea del email es el resultado de pasar horas y horas delante de un ordenador, con mil pestañas abiertas, con música de fondo, con el móvil al lado vibrando con mensajes nuevos al mismo ritmo que las palpitaciones de mi corazón intentando manejar todos esos estímulos.

He terminado con dejar de respirar a ratos mientras estoy en el ordenador, y tengo que pensar conscientemente de tomar aire, de lo contrario de pronto me desfocalizo del trabajo y me doy cuenta de que me estoy ahogando.

En este ejemplo, identificar cómo se aplicaría el minimalismo está más que claro, ¿no?

Dejar el móvil a la habitación, ser «minimalista» en el número de pestañas que tenemos abiertas, acciones que tomamos en un mismo tiempo, o hasta tirar hacia un ritmo de música que estamos escuchando mientras tecleamos a toda pastilla.

Ya te he dicho que este tipo de filosofía no aplicaba sólo a objetos, pero a un estilo de vida que como ves te puedes llevar a algo en lo que pasamos unas 8 horas diarias, el trabajo.

Pero veamos cóomo lo aplicamos también en nuestras posesiones.

Retar al materialismo

A ver. El capitalismo y los objetos en si mismos no son malos. Lo que hace daño es comprar cosas de forma indiscriminada y eso también lo sabemos de sobra.

Es fácil verse envuelto en una espiral de shopping sin darse cuenta. Aquí la función de la filosofía minimalista me incita a preguntarme si lo que estoy apunto de comprar me aportará algún valor real.

Minimalismo práctico: Vivir con menos para "ser más"
Si te gusta el minimalismo tanto como leer, disfrutarás del ebook que he publicado en el que recopilo todo lo que sé sobre una vida más simple.

Pero cuando estamos a un clic de comprar esa lámpara de Son Goku haciendo un Kamehameha, es difícil decirnos a nosotros mismos que la queremos hasta casi «necesitarla».

No es hasta que ha pasado una semana y ya ni nos acordábamos has que nos llega el repartidor que nos damos cuenta que era una compra compulsiva.

Para dar algún consejo práctico, puedo decir que nada que no sea comida es tan urgente para comprarlo al mismo día.

Para eso una buena técnica es dejarlo apuntado en una libreta y esperar al menos 24 horas antes de comprar.

De hecho si realmente es necesario o me hace un montón de ilusión no hará falta apuntarlo a ningún sitio, pero me quiero centrar en eso de dejar pasar unas horas.

Si pueden ser cinco días o una semana mucho mejor, pero me he demostrado una y otra vez que normalmente acostumbra a bastar con dejar 1 día para sacudirme el consumismo compulsivo de la misma manera que Amazon me quería sacudir la cartera.

Si cuando han pasado 24 horas lo sigo queriendo comprar, dejo pasar algunos días más y si entonces aún lo quiero pues lo compro.

Comprar más calidad

Puestos a necesitarlo, que haga bien su función. La idea es no prestar atención en su valor monetario de las cosas pero en su valor funcional.

Con esto en mente, suena tonto pensar que alguien pueda chulear de su coche por lo bien que gira en rotondas. Si nos los paramos a pensar, la gente chulea más de coche por lo caro, lujoso y bonito que es más que por los aspectos técnicos.

Algo que no aporta ninguna funcionalidad.

Pongo el ejemplo del coche porque es de las compras más obvias que se acostumbran a hacer para enseñar estatus social, y que al mismo tiempo sea un producto de primera necesidad para aquellos que tengan el trabajo lejos, tengan que ir a buscar a los críos y un largo etc.

Por esto en el ejemplo del coche es tan obvio ver si realmente es necesario o no.

Vemos pues si aportan un valor real, pero se puede extrapolar a adquisiciones mucho más pequeñas. Si vamos a tener poco, al menos que lo que sumemos a nuestra lista lo compraremos de más calidad por compensar la falta de cantidad.

Yo tengo limitadas mis camisetas de manga corta a unas siete. Es lógico que si una se me rompe o se me mancha del café mañanero que utilizo de gasolina para escribir y relatar sobre filosofía minimalista, pues entonces a la hora de comprar otra miraré que sea del mejor tejido, sostenible y me dure más años que el reloj de la comunión.

Y no tienes porque sólo tener camisetas blancas y negras.

mi ropa minimalista

Como todo, hay distintos grados de practicar el minimalismo, pero no tiene porque ser sinónimo de aburrido. En mi caso es cierto que últimamente sólo he vestido en blanco y negro a modo de prueba, pero se trata de la cantidad más que del estilo.

A mí personalmente me da un poquito más de paz mental no pasar mucho tiempo eligiendo la ropa, pero para otra persona eso le puede gustar o dar absolutamente igual.

Porque de nuevo, el minimalismo no es todo consumismo, también es paz mental que de alguna manera se acaba conectando con lo que poseemos.

Tener más claro quienes somos

Y es que todos conocemos a personas que se definen por las cosas que tienen. Un amigo que tiene un coche guapíssimo y es «el tío que conduce a todos los sitios» que nos lleva a todas partes. Un primo con una casa enorme con piscina y es «el primo de la piscina» al que vamos a pasar los veranos.

Ligar nuestra personalidad a cosas que poseemos es mucho más sencillo de lo que nos imaginamos.

Por eso escuchamos tanto eso de:

Al final las cosas te terminan poseyendo a ti.

No porque necesariamente pensemos en todas estos bienes constantemente, pero porque ligamos el tipo de personas que somos con eso.

Yo mismo tengo bastante parte de mi personalidad atada a un ordenador portátil, y te aseguro que de bueno tiene poco.

Una vez se me estropeó y lo pasé francamente mal durante una semana hasta que llegó el nuevo. Ahí me di cuenta de que tocaba hacer otras cosas con mi vida porque todas las horas que me chupaba la pantalla terminaban traduciéndose en la persona que yo era.

Si un día había hecho mil cosas en el ordenador, entonces era una persona productiva. Si otro día no lo toco pero en cambio me lo paso con amigos, haciendo actividades y demás, tengo la sensación que me falta algo.

Como digo, atar nuestra personalidad a algo que nos acostumbramos a hacer de forma repetida es mucho más fácil de lo que pensamos.

Pero el caso es que a parte de atar personalidades a bienes materiales, también podemos ligar recuerdos.

Prestar más atención a lo que importa

Una figurita de Doraemon me puede recordar a mi primo, pero sólo mis recuerdos importan, no la figura.

A ver como lo explico de otro modo…

Si le saco una foto a esta figura, y después miro la foto, ¿verdad que me acordaré de mi primo? Entonces ¿por qué debería seguir con la figura?

Este pequeño método también es extrapolable a lo que no podemos tocar, por ejemplo ¿y si lo hiciera con cuentas de instagram?

Por ejemplo en mi cuenta de Instagram o Twitter no sigo a nadie. Algo que cuando viajo con mi amigo Luis me acostumbra a hacer broma. Me dice «¡eso es de chulo importante que se cree alguien!» y entiendo que externamente lo pueda parecer, pero mis razones son otras.

Sin seguir a nadie en las redes sociales minimizo mucho más el tiempo que paso en ellas.

No veo lo que han publicado perfiles que potencialmente me parecerían interesantes pero que por experiencia se que no me llevarían a ningún sitio más que al abismo del tiempo perdido.

Otra opción sería eliminármelas por completo, y esto aunque sería un buen movimiento hacia una filosofía minimalista, sería malo en cuanto a negocio, pues al fin y al cabo utilizo las redes como si fueran boletines de email en los que los seguidores están mucho más atentos, pero esto ya es otro tema.

Entender qué me hace feliz

Y finalmente, cada una de las razones anteriores que constituyen la filosofía minimalista a mi entender, siempre vuelven al centro de todas nuestras vidas. A ser felices.

Cuando no necesito lo último, lo mejor que mi vecino o la perfección, entonces me siento suficiente.

Cuando tenemos abundancia tenemos libertad para escoger lo que nos apetezca. Pero no es en la abundancia de cantidad de cosas que ya tenemos, pero en abundancia de opciones.

Por ejemplo, tengo la opción de comprar un Tesla de 100.000 euros, pero decido comprar uno de 6.000€ o incluso de tener una bici eléctrica.

Como decía Sócrates: La felicidad queda en la capacidad de disfrutar con menos, y no en buscar más.

Personalmente no estoy interesado en rellenar listas, de esas que nunca se pueden rellenar del todo.

Pero como siempre, en la teoría queda todo muy bonito, pero es en la práctica que se demuestran las cosas. Las ideas no pasan al subconsciente hasta que se toma acción para una asimilación verdadera, y en el caso de la filosofía minimalista, no deja de ser un trabajo constante del día a día.

Los beneficios de ser minimalista

Realmente creo que en la abundancia está la clave para sobresalir en cualquier ámbito y que como herramienta, la filosofía minimalista ayuda a tener más de ella.

Me explico.

Ser abundante

Imaginemos a un hombre que no acostumbra a ligar. El tío no sabe, o es muy feo, o simplemente porque es malo con las mujeres.

Las probabilidades de que termine con novia son superiores a las del hombre seductor con un montón de mujeres en su vida.

¿Por qué?

Pues porque el que no liga, a la que empiece a tontear con alguna y la cosa empiece a ir bien, intentará establecer una relación con ella cueste lo que cueste.

Pero un momento, ¿no sería al revés? Pues no, porque la mentalidad de escasez del hombre que no liga hace que piense continuamente que no encontrará a ninguna otra mujer en su vida.

O sea que incluso si piensa que esa mujer no es del todo su tipo, tiene una personalidad bastante mejorable, y realmente no está enamorado, terminará concluyendo que no encontrará nada mejor porque no tiene abundancia.

Mientras sea lo suficiente atractiva, lo suficiente buena persona y lo suficiente lo que sea, entonces tirará adelante con una relación así que se le presente la oportunidad.

La mujer le será suficiente para una relación porque él no cree ser suficiente como persona o como hombre porque no tiene opciones.

¿Para qué vas a trabajar en algo mejor si crees que no te mereces más o que aunque te lo merezcas no lo vas a conseguir por mucho que te lo trabajes?

Con esta primera parte, seguro que has pensado en alguien que conoces que piensa así y que etiquetarás automáticamente de «perdedor», pero espera que ahora te vendrán a la mente más conocidos.

Y es que al lado opuesto tenemos a los «fuck boys», que es el nombre americano que se le da a los hombres seductores que tienen decenas de encuentros fortuitos y que no acaban emparejándose nunca. ¿Por qué? Pues porque tienen mentalidad de abundancia.

Al contrario que el perdedor, el seductor piensa «buah, puedo tener las mujeres que quiera, seguro que encuentro a una mejor que esta». Y así en cada uno de sus encuentros.

Aunque este personaje suene al claro ganador de los dos tipo de hombre, también encontramos una parte negativa muy real que no se ve al ojo del hombre desentrenado.

Entre la abundancia y escasez, con estos ejemplos lógicamente todo elegimos la abundancia, pero hay el peligro de siempre querer más y nunca contentarse.

Aquí está la clave.

No en el hecho de adquirir y tomar acción sobre esta abundancia, pero de ser abundante. Es decir, de tener opciones, pero no ejercer todas estas opciones.

Una persona con un millón de euros y mentalidad abundante, no tiene porque gastárselo todo. En esta categoría encontramos a emprendedores, empresarios, gente que trabaja duro, que aprende continuamente y demás.

Otra persona la misma cantidad de dinero pero con mentalidad de escasez se lo gastará en un momento. Precisamente por esto el 70% de las personas que ganan la lotería lo termina perdiendo todo en menos de 5 años. Porque no han salido de su mentalidad de escasez.

Exacto. El problema no estaba en el dinero que no tenían, pero en que no tenían una mentalidad de abundancia y precisamente por esto no tenían dinero en primera instancia.

¿Y el minimalismo da abundancia? Suena a todo lo opuesto porque suena a «mínimo» a «poco».

Minimalismo práctico: Vivir con menos para "ser más"
Si te gusta el minimalismo tanto como leer, disfrutarás del ebook que he publicado en el que recopilo todo lo que sé sobre una vida más simple.

Aquí hay que recordar lo que he comentado anteriormente. No se trata de ejercer la abundancia, pero de tenerla para poder escoger la mejor opción o la que más nos convenga en cualquier ocasión.

Así podemos utilizar el resto de recursos y energías en enfocarlo hacia otros ámbitos de la vida donde podamos desarrollar.

Por esto, el minimalismo nos brinda unos beneficios que vamos a ver hoy y que nos acercan un poco más a esta mentalidad de abundancia.

Tener espacio para lo que importa

Imaginemos un calendario casi vacío. Si está libre, pues genial, seguro que no me estresaré, pero corro el riesgo de tal vez aburrirme o no saber qué hacer por culpa de no haber planeado absolutamente nada.

¿Cuál sería la solución?

Sin duda no sería llenar este calendario a más no poder.

Si está solapado de eventos y actividades que tengo que hacer nos puede pasar todo lo contrario, que sea demasiado estresante.

La persona responsable con su mente hará lo mismo que la persona que aprecia su tiempo. Intentar buscar ese balance de pocas cosas o eventos.

Si soy responsable con mi tiempo, procuraré de no llenar el calendario con un montón de patrañas, tampoco de tenerlo vacío pero poner cosas importantes y aún así dejar un poco de espacio para lo que importa.

Si por otro lado soy responsable con mi mente, intentaré no llenarme de cosas o bienes que me distraigan de lo que realmente importa.

La analogía del calendario nos ayudan a poner en perspectiva el espacio que ocupan ciertos pensamientos y preocupaciones en nuestra cabeza, porque como ya comenté, el minimalismo no sólo hace referencia a posesiones materiales.

Si una maleta está llena, simplemente no podemos hacerle caber nada más. Lo misma pasa con nuestros pensamientos.

Puedo tener la capacidad de comprar montones de objetos, o de hacer montones de planes, en tener abundancia, pero es en la elección de unas pocas cosas importantes que nos damos la posibilidad de ejercer el máximo foco posible.

Sólo recomendaría dar palos de ciego a propósito en ciertas ocasiones, y es en una persona multipotencial que tiene mil pasiones e intereses por el simple hecho de experimentarlas, que es lo que he estado haciendo yo bastante tiempo.

Pero ninguna actividad ha sido nunca excusa suficiente para saltarme un par de horas de trabajo por la mañana con un buen café. Porque sé cuál es el foco al que dedicarle el 80% de la energía y la atención, y dedicarle así el 20% restante a otras cosas.

Aquí está la gracia. El hecho de liberar este espacio de tiempo para nosotros, no sólo nos ayuda a poder elegir mejor, también nos da más posibilidades.

Obtener más experiencias

A ver. No nos vamos a engañar. Casi todo en esta vida cuesta dinero.

Aún así lo que nos pasa por alto es que normalmente aquellas cosas que nos quedan grabadas en los recuerdos durante mucho tiempo, acostumbran a ser más baratas que todo aquello que adquirimos y que no nos acordaremos al cabo de un tiempo.

Es muy fácil de verlo.

El precio de ese smartphone que tanto queremos cuesta 800€… Pero resulta que unas vacaciones a cualquier sitio de Europa cuesta menos de la mitad que esto, y encima nos sobre para un teléfono de 200€.

¿Te acuerdas de las vacaciones que hiciste hace 5 años con tus amigos? Apuesto a que sí.

Ahora bien, ¿recuerdas el smartphone que tenías hace 5 años? Yo no, y no creo que me acuerde del que tengo ahora al cabo de 5 años.

De lo que si me acordaré es que te estoy diciendo todo esto desde un café de Viena y de la gente con quien hice este viaje.

Aquí también me gustaría hacer un apunte, y es que el hecho de «crear experiencias» no tiene porque traducirse a viajes ni mucho menos.

Los viajes es una de estas cosas que entre todos hemos prostituido con el tiempo por culpa de Instagram. Básicamente porque son la herramienta perfecta para hacer ver que tenemos una vida más molona de la que realmente llevamos.

Aquí no hace falta que te explique nada. Todo lo sabemos. Es más fácil transmitir una imagen de vida alucinante poniendo una foto de un culo en una isla con mil filtros en Instagram, que poner una de la quedada que hicimos la tarde pasada con amigos.

Lo que no sabemos es que tal vez quien está detrás de la foto del culo está depresivo a más no poder y encima se ha dejado todos los ahorros en llegar a esa destinación para ganar unos cuantos miles de seguidores pensando que cuando por fin llegue al millón entonces su vida cobrará sentido.

Pero bueno. Como has podido ver, me encantan las analogías para transmitir lo que quiero decir, y en el caso de los viajes era lo más fácil para transmitir una idea, pero este ejemplo también se podría aplicar a cualquier actividad que te guste hacer. Me da igual cuál sea. Si te gusta hacer ganchillo también aplica aquí.

En vez de todo el dinero en ese teléfono, puedes destinar el 60% a comprar más lana.

O si te va el kayaking.

Estoy seguro que no es necesario que compres el kayak de gama alta si lo haces como hobby. Compra el de gama media, el segundo más barato y el resto de dinero lo puedes usar para transporte a remar en ríos en los que nunca antes has estado.

Porque sí. Las nuevas experiencias casi nunca son gratis, pero son más provechosas que las cosas que obtenemos. Porque comprar algo nuevo nos mantiene en el mismo sitio de siempre, literalmente y figuradamente.

Por su lado, una nueva experiencia nos hace salir de esa burbuja en la que llevábamos semanas para descubrir algo nuevo sobre nosotros.

No vas a descubrir que te asustan las alturas si no pruebas la escalada. No vas a saber si eres más de mar que de montaña quedándote en la ciudad. No puedes entender los huevos que tienes si no le entras nunca a una desconocida que te parece atractiva por la calle.

Y en cada una de las cosas que hagas, descubres el tipo de persona que eres.

No sólo para darte cuenta de ello, pero tal vez para cambiar. Tal vez descubres que tienes miedo a hacer algo pero que te gustaría ser el tipo de persona que no lo tienes.

Pero si dirigimos nuestros ingresos de experiencias a «las cosas» no nos hace crecer.

Nos morimos con lo que hemos vivido, no con lo que hemos comprado.

Pero lógicamente no hacemos lo que hacemos por cómo llegaremos a nuestro día final, si no por como viviremos el día a día. ¿Y cómo vamos a vivir bien gastando tiempo con elecciones triviales que nos sacan de nuestro foco?

Ganar en libertad y felicidad

Una persona tiene que comprarse una camiseta nueva. Quien tardará a elegir y sufrirá más, la que tiene que elegir un color que quede bien a diez pares de pantalones… ¿O la que tiene que comprar pensando en combinar sólo con uno o dos colores?

Seamos un poco más extremos, que ahí es donde todo se ve mejor.

A dos personas se les quema la casa. Una tiene 500 objetos y otra 50. ¿Quién ha tenido más perdidas?

O a ver quién es más propensa a estresarse. ¿El que tiene que pensar en 500 cosas o el que tiene 50 en la cabeza?

¿Qué tiene que ver esto con la libertad?

La libertad es el hecho de tener el mínimo de cargas posibles.

Si nos lo paramos a pensar, lo opuesto a una persona libre sería un esclavo, y ¿qué crea a un esclavo? La carga total por las condiciones de su amo. El hecho de tener dueño implica precisamente que eres una extensión a esa persona.

Por eso es mucho más fácil que una persona con 10 muebles en su casa se sienta más libre que una que tiene 50.

Pero como no, esto también aplica a la parte más psicológica de todo esto.

Si nos lo paramos a pensar, la felicidad es el producto de un estilo de vida que disfrutamos.

Cuando nos gusta lo que hacemos en nuestro día a día, somos felices.

Ya nos han repetido mil y una veces que la felicidad no era una destinación, si no el propio camino. Pero muchos han fallado en definirlo de este modo.

¿Por qué te crees que hay tantas personas que no se definen como felices? Según estudios, en algunos países más del 70% de las personas odian su trabajo.

Es normal entonces que los porcentajes de personas que no se sienten felices concuerden con esto. Al fin y al cabo, si pasamos 40 horas o más a la semana trabajando, esto representa la mayor parte de nuestro día haciendo algo que no nos gusta.

Vamos que tenemos una rutina, un día a día, que no disfrutamos. ¿Cómo vamos a sentirnos felices así?

Ya dije anteriormente que el problema no son las rutinas. Las rutinas ayudan a cumplir objetivos

Pero cuando hacemos algo que odiamos de forma repetida la mayor parte de nuestro día, ¿nos quedaría otra opción que odiar nuestra vida? Esto sin importar lo que hubiéramos hecho con anterioridad. Aunque hubiera salvado al mundo, me da igual. Lo que nos alimenta y nos nutre es lo que hacemos en nuestro día a día.

Por esto entra el minimalismo y otro de sus beneficios: intentar liberar cargas para:

Necesitar menos > gastar menos > trabajar menos horas o trabajar igual pero tener la libertad de elegir en qué > tener más tiempo.

El objetivo aquí no sería dejar de trabajar del todo, porque ya hemos visto al principio cuando la agenda está demasiado libre. Al final terminando no haciendo nada productivo.

Se trata de minimizar, no de eliminar.

Soy de esos que piensa que la cultura del esfuerzo es mentira.

Porque si. Es necesario un esfuerzo, pero una vez el foco queda claro, tenemos que interpretar qué es lo que es más productivo y empezar por allí en vez de dar palos de ciego.

O no necesariamente lo más productivo, también puede ser lo que nos hace más contentos de pasar tiempo: ya sea en la familia, jugando al ping pong, o programando apps.

Al liberar espacio en nuestro calendario, descubrimos que ahora podemos añadir varias veces a la semana aquellas actividades que nos gustan, o si más no, probar aquellas que siempre habíamos querido experimentar.

Hace unos años incorporé 12 hobbies en 12 meses gracias a haberme quedado un poco más libre.

Pero todo esto no dejan de ser aspectos teóricos de los beneficios del minimalismo, a ver si os preparo algo un poquito más práctico para lo que viene.

Otras filosofías también hablan del minimalismo

Lo mismo pasa con el resto de corrientes de pensamiento que sigo. Teorías que encajan con lo que pienso, pero no tanto con mis acciones y eso no deja de ser un trabajo constante.

Antes comentaba una cita del filósofo Sócrates, hay similitudes en el estoicismo y lo mismo con el taoísmo, pero uno que me ha marcado fue Thoreau con su libro Walden.

Ha sido uno de mis libros favoritos desde que tenía 19 años. Para no ser hipócrita, lo decía de forma simple.

«¡Simplicidad, simplicidad, simplicidad! Somos felices en proporción con las cosas que no necesitamos».

Por su lado Leonardo Da Vinci lo hacia público con su «la simplicidad es la máxima sofisticación».

Lo más importante es que hoy en día estos personajes no son conocidos por su filosofía minimalista, sino porque la vivieron.

Thoreau escribió Walden cuándo se fue a vivir a los bosques durante años y los estoicos se retaban cada día y vivían con sólo una pequeña bolsa con sus posesiones.

Simplificar la vida es sinónimo de acción. Una filosofía que no se piensa y posteriormente se deja ir por la boca, al contrario. Se basa en llevar una vida práctica con lo que se predica.

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Pau

Investigo, experimento y divulgo. Multipotencial con curiosidad intelectual "secuencial": mis pasiones e intereses van a épocas. Como una mamá pájaro, engullo información y la vomito en pedazos coherentes de contenido vía blog y podcast para otros ninjas de la vida.

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