Deshacerse de las cosas innecesarias

Hay muchas personas que escuchan mis episodios del podcast sobre minimalismo y me comentan que les encanta lo que es la teoría o la mentalidad.

Pero claro, cuando toca ponerse en ello cuesta lo suyo porque no sabes por dónde empezar.

Digamos que hay dos fases en el estilo de vida minimalista.

  • La primera es cuando decides deshacerte de toda tu mierda.
  • Y la segunda es mantenerlo… al largo plazo. Como en todo, esto es lo difícil.

Hoy vamos a indagar en este primer paso. En el que dices, joder, tengo demasiado. Como diantre empiezo a tirar las cosas que no necesito.

Trucos para deshacerse de cosas innecesarias

Lo primero que determino antes de ponerme a tirar cosas, es preguntarme en qué pongo valor.

¿En el dinero que cuesta? ¿en la estética? ¿los sentimientos y recuerdos del objeto? ¿su utilidad?

Sin preguntarnos este tipo de cosas, si nos pongamos a desprendernos de objetos indiscriminadamente, lo más probable es que nos arrepintamos así que nos demos cuenta de que de hecho lo necesitamos.

Intentar recordar lo que tenemos

Para la primera prueba de fuego va bien empezar por un extremo.

Cerramos los ojos, e intentamos decir de memoria aquellas cosas que tenemos y que vayamos a utilizar. A poder ser esto lo hacemos cuando llevamos unos días fuera de casa, porque si no nos vendrá a la mente las últimas cosas que hemos visto.

Esta pequeña técnica va muy bien porque podemos visualizar uno de nuestros días enteros, e imaginar los objetos que usamos según la rutina va avanzando.

Similar a cuando vamos al supermercado a hacer la compra.

Imaginamos lo que queremos comer, y si tienes una dieta tan aburrida como la mía ya sabes lo que comerás al día siguiente.

Empaquetar la maleta

Para los que tienen problemas de memoria, pues podemos ir un poquito más al extremo y hacernos una pregunta.

Si me fuera de viaje a otro país, ¿qué pondría en la maleta?

Os digo más. En vez de sólo hacer la pregunta, saca la maleta y hazla de verdad.

En el momento de contaros todo esto, llevo ya 1 año fuera de casa. He pasado primaveras, inviernos, veranos y otoños en otros países. O sea que en cuanto a la ropa minimalista podemos decir que estoy cubierto.

mi ropa minimalista

Todo lo que me he llevado conmigo es porque son cosas que voy a necesitar.

Claro que estoy viviendo en Airbnbs o pisos de alquiler, y cuando vuelve a casa pues utilizaré otras cosas. Pero en lo que hace a mis posesiones más ligadas a mí, gracias a cada viaje que he hecho, he ido reduciendo cada vez más la lista.

Del mismo modo cuando me fui a viajar por Europa con una mochila de 10kg, me fue perfecto poner lo más importante en perspectiva. Tenía que hacer entrar la ropa de una semana. En este caso lo lavaría y secaría todo el domingo.

El resto se quedaron en casa y no me hicieron falta en ningún momento.

Otra manera de hacerlo sin tener que ponerlo todo en una maleta específicamente, es hacer una packing party. Se trata de ponerlo todo en cajas e ir sacando cosas sólo cuando se necesite durante varias semanas.

En vez de hacer la maleta, la packing party nos sirve pues para esto. Para incluir también no sólo temas de ropa y esenciales, pero también los objetos del hogar.

Usar la regla del 7×7

Otro truco interesante para aprender a deshacerse de las cosas innecesarias, es uno que me he inventado yo y como no, le he dado un nombre chulo.

Bueno no me extrañaría que alguien hubiera hecho algo similar pero he llamado al truco de una manera molona. Se trata de la regla del 7×7.

Aquí faltaría música épica pero no tengo presupuesto para post producción.

Se trata de que durante una semana. Durante 7 días, vamos a estar activamente preguntarnos si el objeto que estemos usando en ese momento lo hemos usado durante los últimos 7 días.

Si la respuesta es que no… Al carrer. Lo sacamos a la calle.

Minimalismo práctico: Vivir con menos para "ser más"
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Preguntarnos si añade valor

Si volvemos un poco más a lo abstracto, vemos que al tirar cosas hay algunas que simplemente nos parecen bonitas pero que no tienen ninguna utilidad real o significado emocional.

Al querer un estilo de vida para vivir con menos, ya se da por sentado que la utilidad se pone por encima de todo. Incluso por delante de las emociones como la nostalgia.

Si una lámpara me recuerda a tal cosa, le hago una foto y lo empaqueto. Lo sacaré sólo si necesito la función por la que ha sido designada.

Tal vez tenga una taza que me gusta porque es roja. Me encanta este color pero no dejo que esta sea la única razón para mantener algo. Mejor me quedo aquella que Susana me regaló porque me recuerda a ella cada vez que bebo.

Y es que con estos objetos materiales y emocionales, os debe pasar como a mí, ¿no?

¿No os pasa que no te acuerdas de ese objeto y las emociones que te genera hasta que lo ves?

Es decir. No es que estemos levantando hierro en el gimnasio y de pronto nos venga la lámpara, la taza o el dildo a la memoria y nos pongamos melancólicos.

No.

Simplemente nos acordamos cuando nos cruzamos con él.

Así que esto es un buen indicador de que se tiene que ir a la calle.

No usar la frase de «por si acaso»

Otro tipo de mentalidad que podemos mantener en mente es que cuando se trata de tirar cosas, el «por si acaso» no existe.

¿Cuántas chaquetas necesito? Si vivo en Barcelona es más que probable que con una (dos como mucho) pase.

La expresión de «por si acaso» es muy engañosa. Puede parecer que no, pero la ropa es lo más peligroso para terminar comprando de forma compulsiva. La famosa mentira que nos decimos todos «necesito otros pantalones».

¿De verdad? Porque yo llevo usando sólo dos pantalones de toda la vida. Según un estudio no lavar unos pantalones tejanos durante 450 días no tiene consecuencias higiénicas.

Tampoco hace falta llevar un contador para lavarlos cuándo pase del año y medio, pero ya me entendéis. Se trata de ponerlo en perspectiva.

Y es que aquí también entra en juego mi buen amigo Pareto y su principio. El principio de Pareto. Porque resulta que en la ropa también pasa lo mismo. Usamos el 20% de nuestras prendas el 80% de las veces que nos vestimos.

armario al deshacerse de ropa
Armario minimalista después de tirar algo de ropa. Los colores «aburridos» son comunes porque así es más fácil combinar.

Es posible que este «por si acaso» nos haya hecho gastar mucho más de lo que necesitamos.

En casa de mis padres siempre hemos tenido dos coches y os puedo asegurar que el segundo lo hemos usado el 20% de las veces del total de situaciones en la que hemos usado un coche.

Usar más tecnología

Pero es verdad que la maquinaria y tecnología en general ayudan mucho a mantenernos minimalistas y a desprendernos de las cosas en este arrebato de iniciación a la secta.

En mi caso me gusta leer algo de ficción por la noche. Oler libros y sentarme a disfrutarlos con un buen té con leche de avena. Pero ya sabéis que menos es más.

En el caso de los modelos Kindle antiguos esto es totalmente cierto.

Libros electrónicos infinitos. Es verdad que no voy a poder olerlos… Pero siempre hay la opción de ir a la biblioteca.

Y en serio, que si en los libros en papel tienes el olor y el «cogerlo», pienso que Kindle tiene otro encanto por sí mismo también. Unas sensaciones nuevas de lectura que no puedes tener con los paperback.

Y bueno, si no quiero desprenderme del papel, siempre puedo limitar mi posesión a sólo un libro físico. Cuando lo termino, lo vendo (o doy) y compro otro. Todos conocemos el día de «por si quiero volver a leerlo» que nunca llega.

Otro ejemplo puede ser usar un teléfono en vez de una cámara mucho más tocha.

La tecnología cada vez se vuele más pequeña, pero la trampa es que se crean dispositivos que muchos no necesitamos.

Yo trabajo con el portátil. Me había empezado a poner a la cabeza de que me haría falta una tablet para consumir información. Cuando estaba a punto de comprarla…

No lo hice. En vez de esto, me compré un móvil con una pantalla ligeramente más grande. Con él veo vídeos y trabajo en el portátil, de forma que no necesito un gadget intermedio y puedo tirar cosas similares.

La de cantidad de personas que he conocido que se han comprado este tipo de dispositivos que se dicen que van a usar, y después los encuentras en Wallapop.

La de iPads que hay en estas plataformas que en la descripción tienen el típico «sin apenas uso».

Tener objetos con varias funciones

Lo que si entiendo son esas cosas a las que les podemos dar más de un uso. Que pagamos un poco más y tiene múltiples funcionalidades. Pero tampoco hay que ir con el maldito boli ese cuatro en uno de cuatro colores.

escaleras cajones

Por ejemplo, un móvil con una buena cámara. Se paga más por este «lujo» pero esto hace que tirar cosas sea mucho más fácil, porque una cámara de fotos o vídeo ya no será necesaria.

Esto no sólo pasa con los gadgets porque siempre podemos dejar que nuestra imaginación vuele un poco.

  • Unas escaleras pueden ser unos cajones.
  • Un reposapiés también puede almacenar libros o utilidades.
  •  O una funda para el móvil puede ser también una cartera si casi siempre se paga con tarjeta.

Algo que ya se ha visto muchas veces pero a lo que se ha prestado poca atención.

Ordenar la ropa por temporadas

A quienes dejamos de prestar atención es a nuestra ropa de temporada que sabemos que sí necesitaremos pero que tiene que estar hibernando un tiempo.

Cuando estamos usando todas las prendas constantemente, es difícil poner en perspectiva lo que vamos a usar y lo que no, pero cuando estamos de lleno, por ejemplo en verano, puede ser un buen momento para hacer un análisis de la ropa de invierno que tenemos.

Así lo miramos desde una perspectiva mucho más objetiva.

Para hacerlo lo que recomiendo es poner la ropa de la temporada a la que no estemos, otra vez, en una maleta. Como si nos fuéramos de viaje.

Seguro que alguna prenda se quedará fuera.

Primar la calidad a la cantidad

La que seguro que no se queda fuera es la que tenga más calidad. Algo que no sólo sucede con las prendas.

Si tengo dos objetos que cumplen la misma función, puedo venderlas para comprarme sólo uno que sea más bueno que ambos.

Antes tenía unos siete pantalones de esos de 20 euros del mercado que se van rompiendo cada pocos meses. Ahora sólo tengo dos de 50€ que llevan años en mi cajón y parecen nuevos.

comic arrastra mochila

Bueno, confieso que se me van deshilando por la cagadera. Pero mi tía abuela que es un sol siempre me los va cosiendo y eso aguanta más que yo la toxicidad de mi ex.

Tirar una cosa cada día

A parte de estas bromas que se quedan antiguas, nos encontramos igual con las toallas. Un tipo de producto que dura años y que encontramos con volúmenes monstruosos. Lo mismo con las sábanas. Con un par tendría que haber más que suficiente.

En casa mantenemos la misma temperatura. Grados arriba, grados abajo pero siempre con la misma ropa minimalista sea la estación del año que sea. La misma manta que uso para ver Netflix, la puedo usar para convertir mis sábanas en el vestido de invierno de mi cama cuando haga falta.

Si vemos que tenemos mucho de algo, un buen truco puede ser simplemente tirar una cosa cada día. Los americanos The Minimalist van un poco más a cuchillo, y tienen un método que es tirar una cosa más cada día que pasa en este proceso de «limpieza».

Por ejemplo, el primer día tiras una cosa. El segundo dos cosas. El tercero tres cosas. Y vamos incrementándolo hasta que ya no puedas más.

Se trata de hacer como una especie de competición contigo mismo a ver cuánta cantidad puedes tirar.

Pagarte a ti primero

Pero sea como sea, creo que la mayoría de estos problemas vienen dados precisamente porque tenemos cierta cantidad de excedentes en nuestro patrimonio.

Es decir, si queremos irnos de viaje, la planificación tipo compra de billetes y la estancia queda a muchos años luz, en cambio la compra del nuevo objeto reluciente en Amazon está sólo alejado de nosotros con un par de clics.

Por esto creo que es muy importante establecer una mentalidad de ahorro e inversión inicial. Que nuestra primera acción al recibir un sueldo debería ser pagarnos a nosotros mismos.

Esta es la regla nº 1 de la educación financiera.

Con la tontería veremos que nos quedará mucho más con el tiempo, y podremos ver nuestros ahorros desde una perspectiva mucho más objetiva. Podremos hacer zoom out y entonces si poder utilizar lo ahorrado por experiencias o compras mucho más significativas con cosas que no terminarán en una especie de carrito de la compra virtual.

Por qué tirar cosas

Si un objeto lleva mucho tiempo en el mismo lugar, es seguramente porque no lo necesito y se acerca la hora de aprender a deshacerse de las cosas.

Cualquier persona con garaje o trastero sabe perfectamente la de burradas que se acaban almacenando para nada.

Bueno, sí que tienen una utilidad. Coleccionar polvo y que pesen mentalmente en la parte trasera de nuestra cabeza.

Las razones por las que tirar cosas se convierte en una actividad olvidada, es precisamente porque todo lo inútil se guarda fuera de nuestra vista.

Si lo guardo, no lo necesito

Una regla general que se tendría que aplicar en muchas casas para aprender a deshacerse de las cosas, es el de si lo guardo, no lo necesito.

Si hay una caja con un poco de polvo, es que lleva mucho tiempo ahí y toca tirarlo. Apostaría que no hace falta ni abrirla porque entonces empieza el «oooh, pero ¡esto no!».

Al intentar hacer memoria de lo que hay dentro seguro que no nos acordaríamos. Tan importante no será.

Si hace tiempo que hay que repararlo, es basura

Pero a parte de actuar como trasteros, muchos garajes se han convertido en los quirófanos de la maquinaria. Algo se tiene que reparar pero puede esperar, pues se pone ahí.

Si lleva mucho tiempo esperando un transplante, apuesto por tirarlo porque señal que no lo he necesitado.

En nuestras generaciones acostumbramos a comprar algo nuevo en vez de intentar repararlo. Es uno de nuestros comportamiento sociales más odiosos porque solucionar el problema puede salir más barato. Muchas veces simplemente pasamos de hacerlo porque nos da palo pero sobretodo porque queremos un modelo nuevo.

Si algo se puede reparar, mejor hacerlo antes que ponernos a tirar cosas necesarias. Pero en el caso de tener 2 TV y una se estropea y se queda en el garaje esperando ser reparada… es una buena señal de que no es necesaria.

Ya veis que muchas de estos trucos que os mencionaba, son de sentido común. Pero nos pasa igual que con esos objetos que hacía tiempo que no veíamos.

Abrimos la caja, y decimos «oooh, ¡pero esto no lo puedo tirar!».

Con esto de tirar cosas pasa igual. Nos decimos, ¿pero como puede ser que no lo pensara antes? Que es exactamente la misma pregunta que nos haremos cuando hayamos tirado el 80% de cosas que no necesitamos.

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Pau Ninja

Ninja de la vida, multipotencial y calvo desenfadado. En la senda hacia una vida con propósito mi armadura es la curiosidad intelectual de los que me siguen y mi podcast es la katana que corta el descontento.

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