No seré el mejor en expresarme, el tipo más literario y tampoco tendré buena ortografía. Pero joder si me siento para picar tecla, Zeus sabe que no levanto el culo hasta que tecleo mis (casi) 400 caracteres por minuto.

Estoy un poco harto de estar haciendo otras tareas, y de pronto verme escribiendo. Y cuando quiero teclear, entonces no sale nada.

Quiero documentar mi inspiración para escribir que me ayuda a entrar en trance. Así puedo volver a ese estado cuando quiero salir de las pestañas de gatitos tocando el piano.

Leerme a mi mismo me inspira ponerme vamos a la obra.

No sé si esto es ser narcisista o no, pero ya te digo si es útil.

A veces sólo hago escritos sobre escribir. Pues sí. Estar en blanco es peor que teclear gilipolleces, y esto es lo que empiezo a hacer para entrar en momentum.

Los ejemplos al final, pero primero, un resumen de dónde saco mi inspiración para escribir cuando no tengo ganas:

  • leer a otros autores
  • escribir divagaciones
  • escuchar música
  • caminar o ir en tren
  • viajar

Leyendo los que me inspiran

Si quiero escribir sobre productividad, leo quince minutos libros de autoayuda.

Cuando tengo ganas de picar teclas y que salga algo más creativo, leo poemas o fantasía.

inspiración para escribir

Poemas de Bukowski
Simples, cortos y sobretodo: que puedo entender. Me encanta la escritura directa aunque a veces tenga poco sentido.

A Murakami, Bukowski, Kerouac, Thoreau o Emerson.

Cada uno de estos autores han publicado un libro que cambió mi vida en menor o mayor medida. La idea es tirar leer algo relacionado con la misma temática. Hacerlo me dan ganas de ponerme en las manos del autor.

Con unos 10-15 minutos tengo suficiente para saltar de la cama y volver a picar, pero es importante bloquearlo todo. Nada de distracciones.

Escribir 100 palabras de mierda

Esta es una de las técnicas para conseguir inspiración para escribir que más me gusta. Es lo que he hecho con mis 100 microrrelatos de 100 palabras.

Se trata de empezar con un par de palabras sin buscar un objetivo concreto. No quiero explicar una historia, sólo divagar hasta que ya tengo suficiente.

Escuchar música que inspira

Estar en la naturaleza, en silencio. Hay algo mágico que sólo sale cuando estoy en contacto con mi “ser”. Lo que nunca me pasa sólo caminando por la ciudad.

A veces ni siquiera hace falta que esté sentado bajo un árbol. Tan solo me imagino en un día de primavera, a veinte grados, con un gato salvaje que viene a acurrucarse a mi lado.

Yo con mi libreta y pluma anoto estas sensaciones… pero que cojones. Si sólo escribo en portátil.

Pero me dejo ir, y todo fluye. Las ramas, los bigotes del animal, mi imaginación pero también las palabras.

A veces enchufo un poco de jazz lento o música clásica y no necesito más que esto para tener inspiración para escribir.

Con mis auriculares favoritos, me puedo hacer llegar la inspiración para escribir incluso en cafeterías ruidosas. No oigo nada, y no me importa cerrar los ojos para dejar que los dedos vayan solos.

Ojalá me pasara lo mismo con las mujeres, pero siempre hacen mala cara cuando alargo la mano.

Caminar o ir en tren

Nada de música, podcast, móviles o libretas. Sólo observar mis alrededores, dejar que el pensamiento fluya y aprovechar que no estoy conectado durante un rato.

El tren es alienante para mis ideas. Especialmente cuando hay una puesta de sol, pasa un poco de calor por los cristales, y yo estoy sentado con los pies en el asiento de delante.

El pensamiento de que puede pasar el segurata a tocarme los huevos se ha esfumado, al igual que mis distracciones.

La mente divaga y no la juzgo. Que haga lo que quiera hacer.

Meditar

Tengo algunas aplicaciones como HeadSpace. Meditación guiada para dejar que la mente esté conectada todo el rato.

¿Y para qué querría desenchufarme un rato? porque la mayoría de veces, no me sale escribir nada por culpa de estar rodeado de demasiada información.

Viajar

Es la actividad en la que me ha salido más inspiración para escribir. No me refiero a ir a Berlín a ver los monumentos, si no a coger una mochila con todas mis cosas para viajar, e ir sin rumbo.

Solo con mi mochilita.

Hubo une época en la que estuve divagando por los Balcanes y era muy infeliz. A decir verdad, sólo tenía ganas de volver a casa y ahí es cuando salió una de las historias de las que estoy más orgulloso.

No es precisamente el tipo de narración que le enseñaría a mis padres, pero lo hago con ganas cuando les paso o dejo el libro a mis amigos o conocidos.

También pasé por las tierras de Austria y Bratislava con uno de mis mejores amigos del mundo que conocí a Canadá.

Cuento los días para volver a repetirlo porque los dos hemos leído mucho Kerouac y su prosa espontánea. Teníamos una libreta, bebíamos whisky en un barco con desconocidos y bailábamos con chicas saladas.

Volvíamos y empezábamos a gritarnos borrachos sobre la vida. Y yo lo anotaba en mi libreta de papel amarillo.

Esas de las series americanas.

De dónde se puede sacar más inspiración para escribir que en situaciones así.

Inspiración para escribir escribiendo sobre escribir

De alguna forma, cuando estoy en blanco tanto si tengo que redactar sobre algo más serio o quiero ser un poco más “artístico”, lo que hago es escribir sobre escribir.

Parece un poco tontería, pero incluso cuando estos pequeños textos espontáneos no me salen, entonces leo los que ya he escrito y me sirven de inspiración para escribir.

Se me da mal y por esto lo hago

Recordando cuando tengo esa necesidad de escribir. Ni siquiera sé de lo que quiero hablar. Sólo pongo pensamientos y papel para empezar a divagar. Estoy en flow. Imparable. Lo que escribo no es bueno, pero me encanta. Siento que hablo sin parar con alguien con el que estoy cómodo. Me pasa no sólo con boli y papel pero de noche, con el portátil. Perdóname si no soy tan retro para ser dueño de una máquina de escribir. Sólo tengo mis palabras y el jodido Hank Moddy.

El primer escritor que me viene a la mente cada vez que tengo estas pequeñas sesiones es Jack Kerouac. Prosa espontánea y un par de cojones. Sólo puntos, sin espacios. No me gustan los ídolos, pero si admirar. Las inspiraciones a través de acciones me ayudan a mantenerme en movimiento. Me hacen viajar millas y millas, y usar esta medida métrica cuando nací en Barcelona.

Siento que lo que dejaré atrás no es suficiente. Sin suficiente cantidad, sin suficiente calidad. Me desconcierta intentar entender porque quiero dejar algo atrás. Tal vez tenga que ser más expresivo. Pero, ¿cómo hacer espejos de lo que pienso si mi mente siempre cambia?

Como esas personas grabando vídeos para hablar con ellos mismos en el futuro. Yo dejo palabras y me gusta leerlas, y sinceramente no me imagino a nadie revisando estas lineas dentro de cien años. Puede ser una herramientas de evasión de todos los negocios que me encantaban, pero que me han empezado a pesar en los hombros. Ahí llevo la mochila con mi portátil.

Hasta aquí es cuando me digo que ya basta. Que no hace falta estresarme por cosas que no tienen fin. Afortunadamente esta divagación si tiene.

Agua con limón

De la cama salía a las cinco cincuenta en punto. De las sábanas rodaba y se masturbaba durante dos minutos antes de limpiarse la jazzada. Le gustaba poner nombres musicales a sus jugos porque siempre ponía música de trompeta y piano cuando se la meneaba. Los ojos se le ponían en blanco pero ya no sentía el placer que una vez lo había poseído. Lo hacía de todos modos porque es lo que siempre hacía.

Le gustaba estar de pie a las seis en punto. Sabía que a esas horas la mayoría de gilipollas del mundo aún no estaban despiertos, algo que le daba un morbo extraño, casi sexual.

La primera cosa que hacía al levantarse era tragar más de un litro de agua con limón, porque su madre decía que era bueno para su salud. En la terraza se encendía un cigarrillo liado a mano mientras estrujaba el pelo negro del gato. No le importaba que lo ignoraba porque ya estaba acostumbrado a que todo el mundo lo hiciese.

Sin comer nada, se sentaba en frente del pupitre, demacrado por marcas circulares de su única taza, y se ponía a escribir pensamientos tórridos que le pasaban por la cabeza durante una décima de segundo.

Cada media hora se quedaba en blanco, pero entonces se levantaba para liar y fumar otro rulo. Más agua con más limón, y un poco más de escritura.

En estado de flow la mente le divagaba y sus manos se movían sin pausa, imaginando que tocaba las partes más flácidas de una mujer. Cuando tocaba a una mujer, se imaginaba que estaba escribiendo. Con la imaginación a otro lado, nunca disfrutaba el presente.

La mayoría de veces las palabras no salían con facilidad. Para sentirse un poco mejor, ponía un poco de música en un tocadiscos que le había dejado su tío al morir y jugaba con el gato que pasaba de él. Intentaba olvidarse del mundo exterior, que igualmente no le interesaba. Se quedaba encerrado en un apartamento de 20 metros cuadrados que le encantaba. Sabía que moriría solo y no le importaba. Sólo quería hacer deambular su imaginación en el presente, y en ese preciso momento sólo quería más palabras en su cabeza y más agua con limón en su boca.

Dile al escritor

Lo que hago, para muchos serviría como castigo en un infierno eterno gobernado por demonios, pero para mi sabría a cielo. Seguid preocupados por terminar vuestras tareas y asegurar el sueldo de fin de mes. Yo no lo quiero así.

Dile al pintor que podrá ser rico si no hunde el pincel en acuarela, y trazará otra línea.

Dile al compositor que miles de personas cantarán sus canciones si no escribe otra nota, y se cerrará en una habitación oscura para verter su alma en otra melodía una y otra vez.

Dile al escritor que adquirirá fama, gloria y sus novelas se llevarán a la gran pantalla si no acompaña otra línea con su mano, y seguirá vertiendo tinta en una página en blanco cada vez que sienta pena.

Comentarios, opiniones y valoración

¿Qué te ha parecido esta faceta de mí? tal vez tengas una similar y me quieres comentar por las redes sociales lo que usas tú para tener inspiración para escribir.

Inspiración para escribir: qué hago para entrar en trance
5 (100%) 15 votes

¿Te ha gustado mucho? ❤

No hagas ninguna donación. Sé que tienes muchas ganas, pero hay una manera mejor de dar soporte al blog.

Preferiría que compraras cualquiera de mis libros que te parezcan interesantes y dejes una reseña verificada objetiva.

Parece una manera de dar soporte a lo que escribo más acorde con lo que hago, ¿no?