La gran mentira
Desvelando las propiedades del dinero

Siempre nos han dicho que el dinero no crece de los árboles. Pero yo hasta hace poco siempre me había preguntado, «¿cómo que no?» al fin y al cabo los Euros están hechos de papel, y el papel sí crece de los árboles, ¿no?

Nunca había querido dedicar energía a responder este pregunta hasta que en plena crisis de la pandemia, la Reserva Federal de Estados Unidos imprimió de la nada 3 trillones de dólares (billones en español) para inyectarlos en su economía.

El Banco Central Europeo no se quedó atrás dándole también a la maquinita y creando por arte de magia 700 mil millones para que se repartieran en la economía y mercados.

Si lo pensamos fríamente nos encontramos que en plena crisis… una institución se puso delante de su ordenador, puso un número en la pantallita, pulsó un botón y… puf.

Ya tenemos dinero.

Es normal pues que mi pregunta de si el dinero crecía de los árboles se transformara en: «entonces, ¿sale el dinero de los ordenadores?».

No es tan sencillo de contestar con un rotundo sí/no pero hoy, vamos a aprender cómo responder a este enigma. ¿Por qué querríamos contestar a algo así en primera instancia?

Bueno.

Pasamos la mayor parte de nuestra vida adulta trabajando. Intercambiando nuestro tiempo por dinero, para después intercambiarlo por más tiempo. Pagar servicios y productos a posteriori para no tener que producirlos nosotros mismos.

O sea, que utilizamos el dinero para almacenar y encapsular nuestra energía vital.

Precisamente porque el uso del dinero está tan ligado a nuestro tiempo y vida, os voy a pedir llegar al final de lo que vamos a ver hoy.

Las características del dinero

Cuando nos damos cuenta que estas instituciones tienen el poder de imprimir el dinero que les da la gana, más de un ciudadano entonces dirá: «joder, pues que impriman más dinero, nos los den a todos y así todos seremos ricos, ¿no?»

¿Por qué se esperan a que hayan crisis económicas para hacerlo? ¿por qué sólo ponen en las arcas públicas y en los mercados?

Vale. Yo tengo mi blog Pau Ninja. Ahí llevo escribiendo desde 2017 y gracias a la audiencia y fidelización que he conseguido me han llegado algunas oportunidades.

Ahora imaginad que cuando alguien crea una web el tráfico viniera sin apenas trabajo. Todo dios tendría una. Si esto pasara, absolutamente nadie me llamaría para colaborar porque soy igual de bueno (o malo) que el vecino. Pero no os engañéis, porque a vosotros tampoco os saldrían oportunidades.

¿Por qué? pues por el mismo motivo. Porque todo el mundo tendría un blog con audiencia; ergo, ha dejado de ser algo especial.

Con el dinero pasa exactamente lo mismo.

Si yo tengo 500€ en el bolsillo tienen mucho valor porque no es una cantidad fácil de conseguir, pero si por arte de magia (o por pulsar el botón) de pronto existe más dinero en el mundo, esos 500€ ya no son tan especiales. Han pasado a valer menos en el momento que se ha creado más.

Escaso

Por eso una de las características principales del dinero es que es escaso. Lo valoramos por su propiedad de escasez.

Ponemos este pilar como el primero porque sólo con esta base se eliminan de la lista un montón de potenciales candidatos a ser usados como dinero. De lo contrario todo dios podría crearlo.

Algo que llevamos haciendo de hace décadas: crearlo de la nada.

Especialmente desde 1971 cuando Nixon desligó el patrón oro del dólar firmando un nuevo tratado de Bretton Woods con el único fin de ir a la Guerra de Vietnam. Guerra que posteriormente EEUU perdió.

Es verdad que los ciudadanos de a pie lo tenemos difícil, pero mientras terceros como los gobiernos, o Estados en este caso, puedan mandar a crearlo, esta propiedad no se cumple.

He visto webs de varias Reservas Federales y Bancos Centrales donde publican artículos de explicación de las propiedades del dinero.

En uno de estos artículos oficiales, en el punto de la escasez, no ponían «escasez» sino que en su lugar, enumeraban esta característica con «producción limitada».

Y tienen cojones porque en la definición de esta ponían que:

Las Reservas Federales se encargan de salvaguardar el valor del dinero controlando su producción.

Esto es mentira.

Se lleva usando dinero muchos años más de los que existen los Bancos Centrales.

Con una definición así nos están diciendo que el dinero no existe si no existe una Reserva Federal en este caso, porque de lo contrario no hay nadie que controle su escasez.

Hay bienes que son escasos sin que un banco o Estado intervenga.

En otras palabras: la propiedad de escasez, de ser limitado, tiene que venir por sus propiedades naturales. No porque alguien controla lo que se crea o deja de crear.

Pero no sólo lo crean los bancos centrales cuando les sale del chumino pulsar el botón. Sin darnos cuenta también lo crean cada vez que ingresamos pasta a nuestra cuenta corriente.

¿No os suena eso de que menos del 10% del dinero del mundo existe en efectivo? pues sí. Y todo lo demás son numeritos en una pantalla.

Me explico.

Los bancos sólo están obligados a mantener un 10% del dinero que ponemos en nuestras cuentas. ¿Por qué? pues porque se supone que no todo el mundo irá de golpe a sacar todo su efectivo. Así que tienen un 90% de margen para moverlo y hacer sus maldades nazis.

A groso modo funciona de la siguiente manera:

  • Vamos al banco a ingresar 1.000€. Nos los ponen a nuestra cuenta corriente pero ellos sólo están obligados a mantener un 10%, en este caso 100€.
  • En nuestra cuenta vemos los 1.000€ ingresados, pero la realidad es que de pronto se crean 900€ ficticios que no es que precisamente se vayan a usar para crear polvo en los libros contables. Ni mucho menos. Se usarán para dejárselos a clientes que piden préstamos, invertirlo o lo que sea.
  • Estos clientes que han pedido pasta a cambio de interés (sí sí, se les cobra interés de un dinero creado de la nada), pues compran un producto o servicio y cuando el vendedor vaya a depositar lo que ha ganado de este cliente en el banco… Puf. Se ha vuelto a crear el 90% de este dinero de la nada.

Pero tiene gracias la cosa porque este porcentaje, de hace años que incluso es menor del 10%. Desde Marzo de 1971, la Reserva Federal en EEUU dictaminó que ahora ese 10% (en realidad en EEUU era un 6%) pasaría a ser un 0%.

Pero el porcentaje específico no importa porque los bancos no están obligados a tener la totalidad de todo el dinero. Eso es lo único que debería importar.

Estamos sumergidos en una espiral de creación de números infinita digna de que la tachemos de timo.

Por esto me hace gracia ver estas querellas contra estafas piramidales pero nadie se querella de un sistema que crea divisa ilimitada y que funciona exactamente igual que estos negocios ilegítimos.

definición estafa piramidal
De hecho la definición de estafa piramidal se alinea bastante con esto. Leemos…

Pero claro, algunos dirán…

No pasa nada porque como la mayoría de las veces pagamos de forma digital no irá todo el mundo a sacar su pasta de golpe, ¿no?

En teoría no…

Hasta que sucede.

Que se lo digan a la Argentina de 2001, cuando la restricción de sacar efectivo duró 1 año entero. Normal que sintiéndose enjaulados bautizaran esa restricción del Estado como «corralito«.

Y es que los ciudadanos no somos tontos del todo. Si pensamos que se viene una gorda, nos olemos la tostada y queremos nuestros ahorros cerca. Pero si todos quisiéramos sacar nuestro dinero a la vez, el Estado y los bancos saben que se destaparía este entramado que todos aceptamos como «normal».

Es lo que tiene dar el poder a terceros. Nos descargamos responsabilidad… pero a cambio cuando traspasamos esta responsabilidad a otro también le estamos dando el poder de hacer con nuestra responsabilidad (nuestro dinero) lo que les plazca.

¿Los podemos culpar a ellos? ¿o es nuestra culpa por ceder este poder?

Pero los euros y dólares no sólo están entre la espada y la pared en la propiedad de escasez.

Durable

Porque otra característica del dinero es que sea durable. Y ni los tulipanes ni el papel se pueden conservar por largos periodos de tiempo.

Pero aquí es cuando aparecen de nuevo las instituciones a salvarnos sin que se lo hayamos pedido.

Siempre podemos ir a un banco a intercambiar un billete dañado y esto es cierto que da cierta tranquilidad en caso de que les pase algo a nuestros preciados billetes.

Pero de nuevo, es sólo un miraje. Una ilusión a un problema que no tendríamos en primera instancia si utilizáramos un dinero que tiene estas propiedades de una forma indiscutible.

No es una propiedad orgánica del papel que sea durable. Hay una intervención, así que al igual que la escasez, no le podemos dar el «tic» al dinero que usamos en nuestro día a día.

Divisible

Y al igual que los días, que se pueden dividir en unidades de tiempo cada vez más pequeñas, pasa lo mismo con la siguiente propiedad del dinero real: que es divisible.

Tal vez en la clase de inglés del cole te preguntan «¿el dinero es divisible o indivisible?», porque claro no puedes contar «un dinero, dos dineros». Los famosos «contables» e «incontables».

Pero en este caso decimos que el dinero es divisible aunque no lo partimos en el sentido físico de la palabra, sino en el numérico. Un billete de 10€ se puede dividir en dos de 5€, o en monedas más pequeñas.

Es por esto que no utilizamos cabras para pagar. No sería muy bonito ni para el animal ni para nosotros verlas divididas y sería una manera mucho menos exacta de poderlo contar.

Fungible

A la hora de dividir y contar, también tenemos que procurar que el dinero sea fungible. Es decir, que un billete de 5€ en mi bolsillo o banco vale exactamente lo mismo que el tuyo.

Intrínseco

La última propiedad es que el dinero tiene valor intrínseco. Si os digo la verdad yo nunca había escuchado esta palabra tan chula hasta que me empecé a ver documentales y leer libros sobre el sistema monetario.

¿Qué significa esto?

El significado de «intrínseco» es que tiene valor en sí mismo.

Una definición un tanto vaga y objetiva porque, ¿quién le da este valor? ¿Nosotros? ¿La naturaleza? ¿La economía?

Para ir sobre seguro vamos a decir que el valor intrínseco del dinero es el valor que el mercado le da. Pero a la vez, añadiremos que este valor tiene que ser valioso «por él mismo».

Un ejemplo muy claro sería el oro. Valorar el oro por su valor intrínseco significa valorarlo por lo que vale como metal, como dinero y como medio de intercambio. No por lo que vale en euros los gramos que estamos sujetando.

Me refiero a que si tenemos un lingote en nuestras manos, podemos hacer cálculos mentales de lo que vale en otra divisa, pero lo valoraremos por eso que estamos sujetando en nuestras manos.

Esta es la propiedad más difícil de interiorizar bajo mi punto de vista, pero se ve claramente cuando vamos al mercado del pueblo y compramos una manzana.

Sólo nos ha preocupado el valor «euros» cuando la hemos comprado. Cuando la tenemos en la mano ya no pensamos en lo que nos ha costado, pero en el valor que tiene por ella misma. Por cuanto nos hace salivar. Por las ganas que tenemos de comérnosla. Por lo sana que es.

Este es el valor intrínseco de la manzana.

Las tres funciones del dinero en la economía

Como veis las características del dinero no son pocas, pero es normal porque, si no, cualquier cosa podría colgarse la medalla. Pero a parte de esto también tiene que cumplir tres funciones principales.

En la última volveremos a poner en evidencia el sistema monetario actual en el que estamos inmersos de hace décadas, y por fin entraremos a ver las consecuencias y soluciones de esta gran mentira.

Medio de cambio

La primera de las funciones del dinero duro es que sea un medio de intercambio. Por ejemplo, dos civilizaciones pueden usar rocas o pieles de castor para intercambiárselas entre ellos.

Si eso de las pieles de castor o rocas os ha sonado raro, es precisamente porque se tienen que cumplir todas las otras características. No sólo la de ser «medio de intercambio», lógico. Como en todas las demás.

Pero precisamente por esto es la primera función, porque es la más, no importante, pero deseable. Por eso, a lo largo de la historia se han usado todo tipo de bienes como dinero, porque se requería alguna substancia intermedia para que se pudiera intercambiar.

Unidad de cuenta

Más adelante se vio que el dinero también necesitaba ser contable, lo que significa que puede ser numerado y por lo tanto tiene una función de una unidad de cuenta.

Si comerciáramos con tulipanes, sería un poco más difícil porque tal vez tus zapatos cuestan un tulipán entero, pero tendríamos que ver cómo pagamos un café. Tal vez con un trocito de pétalo, pero es un engorro llevar la balanza de los miligramos encima.

En el caso de nuestro papel moneda esto es lo más fácil del mundo porque usamos los dígitos en nuestra cuenta bancaria o con billetes y monedas.

Que sí, que sí.

Que los euros son tanto medio de cambio como unidad de cuenta y en este aspecto cumplen su función, pero ¿qué tal con la tercera función?

Es aquí donde volvemos a poner a pillar por los huevos y poner en evidencia el sistema monetario actual y el llamado «dinero» que estamos usando.

Depósito de valor

Y es que el dinero real, el dinero duro necesita cumplir la labor de ser depósito de valor.

Es decir, necesita conservar su valor en largos periodos de tiempo.

Es por esto que no utilizamos los kiwis como medio de intercambio. Porque aunque sea una de las frutas más nutricionales, a la que dejamos el kiwi guardado unos días se nos arruga más que nuestro cuerpo serrano después de pasar horas en una piscina pública.

Ya veis.

Con este punto, al igual que con la escasez, desbancamos a cualquiera de las divisas, como euros o dólares, como depósitos para refugiar valor. Y es que no mantiene su valor a lo largo del tiempo.

Si no me creéis, podéis dejar 1.000€ en el banco y a ver si siguen tendiendo el mismo valor al cabo de 10 años.

Es verdad que seguiremos viendo el número «mil» en nuestra cuenta corriente, pero el precio de las cosas va subiendo una media de 2-3% cada año. Es lo que llamamos «inflación» con la que muchos ya estáis familiarizados.

combatiendo inflación

Por esto nuestros padres y abuelos siempre nos han dicho eso de «en mi época, el cine costaba 30 céntimos». Y podría ser que nosotros también tengamos que decir algo similar a nuestros descendientes.

Aunque no estoy totalmente convencido de que ese día llegue, porque la historia ha demostrado una y otra vez, que vivir con el mal llamado «dinero», que sólo se basa en la confianza de la sociedad pero no cumple con las propiedades y funciones que hemos visto hoy, ha llevado a las civilizaciones que lo han usado al colapso.

La gran mentira del dinero

Pero… un momento Pau. Si ni los euros ni los dólares son escasos o son depósitos de valor, entonces… ¿no son dinero?

Exactamente.

Ya podemos responder a la pregunta que nos hemos hecho al principio de si el dinero crece de los árboles o los ordenadores.

La respuesta: una cosa es el dinero fiduciario y otra muy distinta es el dinero duro.

  • El dinero fiduciario es aquel respaldado por los gobiernos y la sociedad pero que no cumple con las propiedades de dinero duro. Este dinero fiat sí crece de los árboles cuando los bancos centrales lo quieren en efectivo. Y sí. También sale de los ordenadores cuando les sale del sobaco.
  • El dinero no. Una de las características más importantes del dinero duro es que es limitado precisamente porque nadie pueda manipular su valor aumentando su volumen.

Si os fijáis, si viajamos a Croacia y en el aeropuerto decidimos cambiar euros a kunas croatas, no vamos a una ventanilla de «cambio de dinero» si no que vamos a una empresa de «cambio de divisa».

Así que respondemos:

El dinero duro de verdad no crece de los árboles ni los ordenadores. Pero el dinero fiduciario sí.

Llegados a este punto, podemos dejar de llamar a los euros y dólares «dinero» y usar el nombre de lo que realmente son:

  • Dinero fiduciario (o fiat en inglés)
  • Divisa
  • Papel moneda

La gran mentira del dinero es que no estamos usando dinero. No lo estamos usando para intercambiar bienes y servicios. Estamos usando una especie de «dinero de Monopoly» que se puede crear de la nada y va perdiendo valor con el tiempo.

La estafa de las inversiones

El dinero fiduciario es el responsable que dentro de nuestras mentes creamos que necesitamos invertir nuestros ahorros para que no nos pierda valor. Para batir a la inflación.

No es bueno tener mucho dinero en el banco porque el precio de las cosas va subiendo año tras año y por lo tanto el poder de compra con la misma liquidez se va reduciendo anualmente.

Así que el sistema monetario actual castiga al ahorrador y premia al inversor.

Aquellos que, como yo, sólo queríamos ahorrar nos vemos arrastrados a meter dinero en el mercado, la bolsa. En invertir en empresas de todo el mundo, a inyectar dinero en eso para que nuestros ahorros como mínimo batan al 3% anualizado de la inflación.

Los ahorradores inyectamos este dinero al sistema (de vuelta de donde ha venido) y nos convertimos automáticamente en inversores.

Ya sabéis que yo mismo había invertido en indexados a largo plazo durante muchos años. No me malinterpretéis. Sigo pensando que era una estrategia ganadora, pero sólo si jugamos bajo las reglas del sistema monetario al que todos hemos estado regidos en las últimas décadas.

Si hacemos un zoom out, y nuestra perspectiva se aleja más y más, nos damos cuenta de algo.

¿El qué?

Pues que la historia ha demostrado que con el uso de dinero de verdad como por ejemplo el oro, virtualmente no había inflación.

Lecciones de la historia del sistema monetario

Que las más de 50 culturas y sociedades que en el pasado han usado el dinero fiduciario, todas (sin excepción), han terminado colapsando.

Por no utilizar dinero duro.

Es como el socialismo. A nivel teórico suena muy bonito si te lo explican con buenas palabras, pero si de las más de 40 veces que se ha intentado también ha fallado, es un buen indicador de que hay que mirárselo con otros ojos.

En el caso del sistema monetario actual es lo mismo. Ya se ha intentado vivir con dinero fiduciario decenas de veces. Desde la época de los romanos, recortando pedacitos de las monedas de oro de sus ciudadanos para crear más monedas y poder pagar así las guerras del imperio. Creando sin saberlo una inflación desmesurada.

Pasando por la impresión de dinero en las Guerras Mundiales, para financiar proyecto militares. Llegando incluso a casos extremos más actuales como Venezuela o Argentina.

Nuestra civilización parece que tiene unos cimientos más sólidos… hasta que ves la cantidad de dinero que se ha imprimido en poco tiempo.

estudiando historia

Como nuestro predecesores, podemos seguir décadas o hasta algún siglo con este sistema, pero la historia nos asegura que repetiremos el mismo plato para cenar.

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Pau Ninja

Investigo, experimento y divulgo. Multipotencial con curiosidad intelectual "secuencial": mis pasiones e intereses van a épocas. Como una mamá pájaro, engullo información y la vomito en pedazos coherentes de contenido vía blog y podcast para otros ninjas de la vida.

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