Tomando café con mi primo salió el tema de que vende bien eso de la “narrativa de vida”. Esa historia de emprendedor online que ilumina el camino a miles de usuarios.

Ah, ya.

Lo que queda bien en los libros y entrevistas, acostumbrando a empezar con una de las siguientes experiencias vitales:

  1. alguien trabajaba en un sitio y se dijo a si mismo que “ya no podía más”
  2. hizo un viaje que “le cambió la vida para siempre”
  3. una persona cercana murió y esto le “cambió la perspectiva de todo”
  4. un accidente que casi le cuesta la vida y se dio cuenta de que “la vida era demasiado corta”

No es que vayan de falsos gurús, pero la mayoría sigue algún tipo de guión que no tiene porque ser conscientemente premeditado.

Las historias de emprender siguen esta misma línea porque nadie se levanta un día con el negocio hecho.

¿Con cuál de estos puntos se asemeja la mía?

Ahora la gente que me lee esperaría un “ninguno porque soy muy especial” o alguna explicación super chula o que sale completamente de esa lista.

Pues no. En verdad es el número 2, el del viaje que me cambió.

Por suerte o desgracia no tuve un accidente molón haciendo paracaidismo porque me dan miedo las alturas (lo paso fatal en cada vuelo), pero aquí “estoy yo por lo que he venido”.

No importa tanto como llegué a hacer 6 cifras en 10 meses trabajando una media hora al día en la época más dorada, si no más bien cuál es la psicología y mentalidad que me hizo cambiar.

Todo empezó con los idiomas

Con 21 años no podía ver películas y leer en inglés sin esfuerzo, así que me dije: pues me voy a Canadá a estudiarlo.

Me apunté a un curso intensivo que me costó 10.000€ con comidas y alojamiento en una casa de estudiantes durante medio año.

Algo caro pero que volvería a pagar porque me dio mucho más que conocimientos de métodos para aprender idiomas.

En esa época trabajaba en un almacén de una marca francesa de deportes que todo el mundo conoce.

Levantaba cajas y hacía inventario algunas tardes mientras “por la noche me sacaba el graduado”. Ah no que esto es del Príncipe de Bel Air.

En verdad estudiaba por las mañanas.

Al cabo de un par de años pedí una excedencia para irme a vivir lo más lejos posible. Quería salir de lo esperado en los españoles: ir a Londres.

Lo más a tomar por el culo que me podía ir era Nueva Zelanda pero el dinero no tiraba para tanto y con rollos de visados no me tiraba mucho para delante.

Canadá había sido mi sueño desde que escuchaba Sum 41 y viendo documentales como buen admirador de la naturaleza, se había convertido en el país de mis sueños.

Una vez en Vancouver no tenía que preocuparme por el dinero (al menos durante 6 meses), podía ir dónde quería, alquilar una furgoneta para ir a Whistler con Jan, hablar idiomas y conocer a gente increíble de todo el mundo.

Así que después de una temporada en California antes de volver a casa, ya había decidido que quería vivir de esa manera el resto de mi vida.

Joder, pues emprendo en internet

Después de que ese medio año se acabara regresé a mi pueblo catalán pensando cómo extender ese tipo de independencia financiera infinitamente.

Busqué en mi portátil y en él encontré tanto la herramienta (porque la estaba tocando…) como la información que quería.

Podía trabajar online y crear negocios pasivos.

Pero espera Pau…

Esto significaría trabajar para alguien. Aunque sea con total independencia de lugar no quería depender de un horario de trabajo o de un jefe.

Empecé a buscar, pensar y terminé encontrando mi respuesta. Emprender en internet y hacerme una taza para beber el café con un best boss ever.

¿Blog de nómada digital? No gracias

Lo primero que se me pasó por la cabeza es lo típico: un blog de viajes y de inspiración, o en otras palabras: de una vida que aún no tenía.

Esos que van con sus portátiles y se hacen llamar “nómadas digitales”. Hacen una web y después hacen tutorías y coaching.

No quería que mi historia de emprendedor online fuera identificada con este concepto gastado por los americanos.

No voy a molestarme a leer el de una pareja que se van por dónde no me interesa. Para inspirarme a estas cosas ya está National Geographic, con fotos y documentales increíbles.

Eso si me da ganas de viajar.

Además, como me di cuenta más tarde no me gusta viajar sin parar o un propósito en cada destino.

Buscar audiencia en vez de clientes

Muchas veces el concepto de emprendedor online hace referencia a la innovación. Aquellos que “hacen el mundo un lugar mejor” (o es lo que dicen), pero al final hacemos lo mismo que todo el mundo. Sólo contamos otra historia diferente.

Decidí no salirme de la multitud en este sentido. Siempre me había gustado la idea de llegar a la gente. Por lo que me metí de pleno en el concepto del SEO (Search Engine Optimization).

Para ponerlo de manera simple, SEO es tener un blog y posicionarlo en los primeros lugares de Google. O lo más arriba posible.

Cuando busco algo siempre se pulsa en los primeros resultados. Así que estas páginas son las que se llevan todo el tráfico. Básicamente el concepto de SEO es el hecho de trabajar este pódium virtual.

Esto cambió mi visión y representó poder conseguir el trabajo perfecto: sin jefes, pero tampoco clientes.

Si podía hacer que una página llegara a las primeras posiciones de unos términos buscados por un volumen importante de gente, podría hacer dinero sin trabajar y conseguir la libertad financiera que siempre había buscado.

Aprendiendo por un tubo

Lo primero que hice fue leer montones de blogs y libros. Terminé en sitios en los que de hecho enseñaban (con pruebas) cuánto dinero se podía hacer. Cuál era la mejor forma de monetizar y automatizar para que el negocio funcionara solo.

Durante varios meses no hice otra cosa que escuchar podcasts, leer, mirar vídeos…

Obtuve toda la información que necesitaba sin pagar más que libros. Me ceñí a los blogs de confianza, sin comprar ningún curso.

Usé Google a más no poder y me di cuenta de que pagar algo no equivale a resultados asegurados.

Es fácil sentirme mejor mentalmente si compro cualquier curso o programa, porque tengo la sensación que pongo a invertir mi dinero de forma segura. Pero para aprender alguna cosa, lo mejor que puedo hacer es invertir tiempo en desarrollarme a mí mismo. En obtener abundancia.

Tomar acción = crear y probar

Mientras trabajaba en el almacén por las tardes, estudiaba y aprendía por la mañana (algunas veces me obligaba a mi mismo a salir de la  a las 5 o 6).

Era hora de probar en mis carnes si podía posicionar un blog en Google para conseguir la libertad e independencia financiera que estaba buscando.

Empecé con un par de blogs.

Lo primero que hice fue buscar un nicho de mercado. Uno que aún no tuviera mucha competencia, incluso si esto significaba pocas ganancias.

Posicionarse en Google (sin tonterías): Guía SEO...
He publicado este libro en el que resumo los pilares que utilizo para posicionar mis blogs.

Lo que quería era hacer mi primeros céntimos en la red para obtener esa inspiración y motivación que buscaba.

Necesitaba demostrarme que podía hacerlo.

No tenía a nadie a mi alrededor con este tipo de experiencias y conocimientos, y una cosa que había leído resonaba en mi cerebro de mosquito.

Somos la media de las 5 personas con las que pasamos más tiempo

Así que hice de los podcasts, libros y cada historia de emprendedor online que escuchaba mis compañeros. Libros como La Semana Laboral de 4 horas pasaron a ser mis Biblias.

Creé un par de blogs que aún no estaban explotados sobre gadgets tecnológicos.

Cuál fue mi plan a seguir

Pedí en el almacén que me redujeran las horas e incrementé mi jornada laboral en casa.

Empecé a escribir contenido en español mismo porque sabia que esto no estaba muy explotado.

Levantaba cajas cinco días a la semana así que dedicaba mis días libres a los dos blogs. Salía de la cama cuando los pájaros justos empezaban a cantar, y “destrozaba” el teclado como si fuera un instrumento.

Qué gusto.

Cuando me sentía cansado, cogía algún libro sobre emprender en internet. Así me inspiraba para volver al portátil al cabo de 15 minutos de descanso.

Cada mañana era más o menos lo mismo. Me encantaba. Salir de las sábanas, usar mi cafetera italiana, un poquito de leche de soja y me sentaba junto a mi portátil tocho.

Todos en mi casa dormían y yo seguía viendo el contador de cero euros. Era lo primero que miraba en la pantalla.

Así fueron los primeros dos meses. Podría decir que dediqué mi verano de aquel año a crear artículos y aprender cosas básicas de la temática. Emprender online es chulo, pero también frustrante y sin nada que perder, seguí con ello.

La motivación de vivir la vida que quería me daba una hambre insaciable.

Y la bola de nieve empezó a rodar.

Primeros ingresos de emprender online

Un día mágico de septiembre, estaba tomando mis primeros sorbos de café cuando miré los estados de mi cuenta de afiliado. Ahí vi 2 euros y algunos céntimos.

Dios mío.

Empecé a saltar por toda la habitación con la boca abierta y con ganas de chillar, pero no quería despertar a mi familia. Claro que cuando lo hicieron fue lo primero que les conté.

Gracias a esos pocos euros me di cuenta de que tenía que continuar. Ese mismo mes terminé haciendo 10€. El siguiente 50€. Y como si no fuera lo suficiente para motivarme, noviembre y diciembre fueron de oro.

Entre navidades y Black Friday todo se disparó. Hice 200€ y 1.000€ respectivamente.

Sabía que por temas comerciales ese dinero era sólo estacional, así que necesitaba actuar según ello.

¿Qué hice?

Después de ver esos 1.000€ en diciembre decidí dejar mi trabajo. Sabía que enero y febrero serían duros económicamente. Acabaría “sólo” haciendo algunos cientos, pero el dinero me dio la prueba de que la independencia y libertad que buscaban gracias a los negocios online era real.

Después de dejar mi trabajo

Lo que hice justo después fue aislarme en una vieja casa de mi familia. No podía pensar en nada más que en emprender online y hacer crecer mi negocio que justo estaba en pañales. Pero estos ya tenían popó dentro.

¿Cómo tenía intención de crecer?

Soy bastante malo en matemáticas, pero para mi no era más que un juego de números. La idea era que si un blog puede hacer 1.000€ en un mes, entonces 10 blogs tendrían que generar 10.000€. ¿Tiene sentido?

Así que me senté y empecé a crear blogs hasta que llegué a un número con el que me sentía cómodo. Era importante poderlas manejar apropiadamente.

Busqué nichos de mercado sin explotar y fui a por ello. Siempre siguiente el mismo modelo de negocios.

Expansión

Contraté freelancers e invertí el 80% del dinero que obtenía de las páginas. El objetivo era puro crecimiento para quedarme tranquilo y saber que podía vivir de esto.

Poca idea tenía que al cabo de un par de años terminaría haciendo cinco cifras mensuales durante varios meses.

Al poder vivir con poco empecé a invertir la mayoría en expandir el negocio, a comprar otras webs pero también en estar actualizado sobre en qué invertir dinero hoy en día.

Aunque en esa época estaba viviendo solo y tranquilamente en esa casa familiar, era el tiempo perfecto para forzarme y centrarme en lo que era importante.

Algo así no se crea saliendo de fiesta con los amigos. Esto lo tenía claro. En esos tiempos sólo tenía ojos para mi negocio, mi empresa, mi meta. Libertad de localización y de finanzas personales.

Automatización

Una vez los sitios empezaron a crecer gracias al plan de expansión me centré en ser efectivo y eficiente en cada aspecto del trabajo. Decidí en que parte de los sitios me enfocaría y abandoné la búsqueda de la perfección y el detallismo.

Instalé herramientas de marketing digital capando todas las redes sociales en horas de trabajo y me centré sin espacio a procrastinar.

Vale, de vez en cuando miré algún video de gatitos.

Lo perfecto es lo enemigo de lo bueno, así que aplique el Principio de Pareto. La famosa regla 20/80 que me dice que el 80% de los resultados vienen del 20% de las acciones que se toman.

Las primeras páginas que creé eran las que aportaban más y las nuevas crecían rápido. No pasaba tiempo en Foros o interactuando con otros profesionales.

Exacto. Me salté la palabrería esa del Networking y me centré en lo esencial.

Disfrutaba de mi tiempo libres, pero cada vez pasaba más horas en el ordenador. Sabía que era una inversión arriesgada. Si me salía bien podría trabajar muy pocas horas y dedicar el tiempo restante a otros proyectos y actividades sociales.

Vivir en otros países… E impuestos

Cuando llegué a un mínimo constante de 800€ al mes, pasaron dos cosas. Primero tenía que registrarme como empresa para empezar a pagar impuestos. Algo que puede parecer poco alentador, para mi eran buenas noticias. Quería decir que estaba generando ingresos constantes.

Y la otra cosa es que… ¡Me iba a viajar con mi portátil!

Empaqueté todas mis cosas en una mochila de 10kg y me fui a vivir y visitar a todos los países que siempre había tenido en mi cabeza. Suecia, Estados Unidos, Croacia, Rumanía, Macedonia, Bulgaria, Serbia, Tailandia, Hungría…

Para entonces ya había pasado algo más de un año y trabajaba menos horas al poder automatizar muchas acciones. Hacía 4-5 horas diarias, de este modo podía pasar las tardes socializándome, probando nuevos hobbies, aprendiendo idiomas y mucho más.

Paré de crear sitios nuevos y me centré en hacer crecer aquellos que ya estaban en las mejores posiciones. Y así, después de mucho trabajo, cuando me relajé y pasé a trabajar 1 hora a la semana mirando emails y haciendo facturas, me di cuenta de que en menos de 10 meses había generado 6 cifras de forma automática.

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Mi historia de emprendedor online (de un almacén a un portátil)
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