Estudié ciclos formativos, un grado y un master pero aún así no creo que haya aprendido nada que me interese de verdad. Lo que me han dado es credibilidad y consistencia en hacer algo.

Mira, tengo un grado de cuatro años, ¿crees ahora lo que te estoy diciendo sobre este tema?

La verdad es una lástima, porque aunque una persona pueda decir que ha leído todo lo que hay que leer en internet, nadie lo tomará en serio porque no son “estudios oficiales”.

Por desgracia, incluso la educación tradicional está más anticuada.

Cuando la educación nos hace esclavos

Fui a la escuela y me contaron todo lo que hay que saber sobre la evolución humana, aún así, siguen saliendo constantemente nuevos descubrimientos que tambalean todas esas enseñanzas.

¿Qué hacemos al respecto?

Adaptarnos y aprender más rápido que la velocidad del sistema. Esto nos da independencia, un poder que puede quedar demasiado grande para muchos.

En democracia, el voto individual tiene el mismo valor que el de otra persona, sin embargo no todas estas personas tienen la misma educación.

Si hay diez personas que se han estudiado detenidamente las propuestas de un partido político votan, pero resulta que hay cientos que no lo han hecho, lo que quiere la mayoría, gana por encima de los intelectuales y lo que han aprendido.

Por esto pienso que sólo la educación puede dar la libertad verdadera. Si resulta que yo soy el único que entiendo lo que realmente está pasando en mi país, pero la mayoría no me apoya o no comparten los conocimientos que yo tengo, sigo teniendo la libertad de elegir qué hacer.

Cuando la educación nos hace libres

Lo que sé hoy, me ha dado alas para desarrollarme en los campos que más me han interesado, ya sea aprender idiomas o incluso en cómo generar ingresos pasivos de forma práctica.

Vivimos en un momento histórico, en el que todo lo que queremos aprender está a nuestro alcance. Sólo a un clic. Pero está en nuestras manos y de nadie más saber usar el pensamiento crítico y poder comprar las fuentes de lo que estamos aprendiendo.

Doy gracias a haber aprendido por mi cuenta lo que hoy sé. Por esto estoy escribiendo estas líneas desde Australia, porque las herramientas mentales que tengo me han permitido crear empresas en el extranjero y poder vivir sólo con mi portátil junto con una mochila con cosas para viajar.

El saber también libera

Descubrí que existían montones de bancos sin comisiones gracias a informarme por internet. Incluso a cómo crear una empresa en otro país o llegar a no pagar impuestos.

Tal vez no lo pueda considerar educación así como así, pero es la práctica de querer aprender cosas que nos lleva a conocimientos y herramientas que nos liberan.

El siguiente paso de la educación: la práctica

No dudo que la educación me ha hecho libre, pero considero que se trata de una arma de doble filo. Por un lado, puede que tenga esta capacidad, pero por otra tengo la obligación de seguir aprendiendo para mantener mi libertad.

Por esto mismo, conceptos como la filosofía estoica es una educación constante que debe convertirse en práctica. De nada me sirve si sólo leo la teórica y después cuando toca aplicarla paso olímpicamente.

Nunca me canso de repetirlo en cualquier ámbito. Puedo leer lo que quiera a nivel consciente, pero no es hasta que el subconsciente lo aprende que podré decir que he asimilado cualquier concepto.

Hay que entender que educarse sobre cualquier cosa, no es sólo leerlo.

Por esto, cuando algo nos motiva, hay esa sensación de libertad cuando lo aprendemos, porque estamos satisfaciendo nuestras ansias y dejamos que la mente vuele.

Pero, ¿cómo puedo llevar a la práctica conceptos abstractos como por ejemplo la historia? es mi caso. Me encantan las civilizaciones antiguas y aunque no pueda volver al pasado, lo que sí puedo hacer es empaparme de esta teoría y realizar mapas mentales.

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#2. La educación como práctica de la libertad
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