En mi día perfecto me levanto entre las 7 y las 8. Ella dice algo en su idioma nativo. Lo entiendo porque incluí su lengua materna en mi lista. Lanza una broma y finge estar enfadada. Acto seguido se pregunta a sí misma como puede estar con un hombre que se levanta tan pronto. “Con este cuerpo podría estar con cualquiera que le gustase dormir más” dice en inglés. Contesto con sarcasmo en catalán. Lo entiende pero no dice nada porque vuelve a estar dormida.

Me siento a la silla de meditación. Cierro mi mente durante unos minutos antes de que el perro de tres patas venga a por su ración mañanera de caricias. Me levanto, hago un poco de café y vierto algo de leche de la cabra o el mercado local. Cojo el portátil y me dirijo a la mesa de trabajo.

Tengo mi propio negocio online desde hace unos años y me encanta. Mi sueldo es de más de 3.000€ mensuales pero nadie que no me conozca no lo pensaría. Vivo siempre, con sólo algunas prendas de ropa de calidad, y actuo según mis valores.

Mientras escribo u grabo lo planificado por el día, disfruto de mi bebida al ritmo de música Chill sin voz. A veces me vuelvo un poco loco con los bailoteos. Afortunadamente nadie me ve porque no tengo vecinos.

Vivo en una casa de madera. Es un hogar acogedor con estructuras y trucos para tomar ventaja del espacio. Es un poco Lego. Está cerca de la montaña y del océano, a los que puedo ir caminando o tomando la bicicleta. Quizá se trate de un sitio “portable” como una furgoneta.

Al cabo de unas 3 horas de trabajar y repasar idiomas, me intenta asustar por detrás. Caigo casi cada día. No me quejo porque camina con esos shorts que adoro, así que decido que es un buen momento para descansar un rato.

Uno de nosotros cocina un plato vegetariano o vegano. Más densidad de proteínas y grasas que de carbohidratos. Gastamos más dinero en comida de calidad que la mayoría, pero no tenemos dudas de que vale la pena.

Después de comer, me entra el sueñecito. Es momento de tomar una siesta. Me voy a la cama durante 20 minutos y me levanto con una cara que parece que haya dormido 6 horas. Son aproximadamente las dos. Repaso un poco más las lenguas o administro el negocio. Hago el segundo y último café del día antes de trabajar las 2 últimas horas para posteriormente disfrutar de la tarde.

A partir de esta hora acostumbro a pasar el resto de mi día perfecto con variaciones. Siendo social con amigos y conocidos, planificando nuevos proyectos, tocando algún instrumento, bailando, aprendiendo idiomas, yendo a caminar, escribiendo, haciendo pesas, en bici, a la playa dejando espacio para la espontaneidad.

Vuelvo a casa alrededor de las ocho. Estoy con ella de nuevo. Bromeamos y hablamos de nuestro día mientras cocinamos. Comemos mientras miramos una de nuestras series favoritas. Me relajo un poco escribiendo cuatro tonterías o navegando por la red con un té negro en mi mano en una de las esquinas del sofá. Ella se ríe desde el otro lado mientras mira su móvil. “Shhht!” digo tomándole el pelo. De forma suave pero decisa me abofetea la pierna.

Al cabo de dos minutos de tranquilidad me intenta enseñar un meme en el móvil. Decido que es una buena idea sacarme el calcetín e intentar ponerselo en la boca. “Stooop!” me dice mientras se intenta defender. Acabamos llegando a un estado más físico y termino encima de ella intentando de dominar sus extremidades. “I hate you!” grita, aunque ambos sabemos que en realidad siente lo contrario.

Qué es un día perfecto

Antes de escribir esto, pregunté a unos cuantos amigos cómo sería su día perfecto. Lo que me pareció interesante es que la mayoría tienen un poco de idea, pero nunca lo han pensado a fondo antes.

Cuando me puse a redactar mi día perfecto, tenía claro cómo NO quiero que sea. Pero me empecé a preguntar lo que realmente me importa.

Algunas veces cuando me levanto por la mañana y voy a correr, aprender idiomas o al gimnasio, intento visualizar cómo sería. Intento que esta bonita escena me aparezca en la cabeza una y otra vez. De hecho es bastante potente, y se hace más lo que quiero.

Por qué escribir mi día perfecto

Gracias a tener mi día perfecto bien marcado, me ha ayudado a redactar mis objetivos de una forma más precisa. Describirlo, escribirlo y visualizarlo es un fantástico ejercicio para encontrar y cristalizar estos sueños.

Se trata de una visión. Con esto tengo mucho más claro si las cosas que hago hoy en día se acercan a como veo mi día perfecto.

De hecho hice este ejercicio hace más de un año y creo que es muy potente.

El vídeo es una genialidad y me parece increíble que no sea mucho más conocido. O tal vez sólo soy un romántico de la vida.

perro de tres patas

Esta es la pinta que tendrá mi pequeño. Aunque tal vez no le harán falta los calcetines o que sea ciego de los dos ojos.

Creo que es importante escribir cómo sería mi día perfecto. Más que nada porque una serie de objetivos se ponen en frente, haciendo que me esfuerce más para conseguirlo. Hace mucho más claras las acciones y los planes para llegar al final de cada pequeño ciclo.

Algunas veces hay que estar incómodo, salir de la zona de confort para hacer los cambios necesarios. Pero esto es algo que viene de la mano con abundancia y prosperidad.

¿Cómo de genial sería vivir mi día perfecto cada semana? Creo que es totalmente posible si realmente uno es verdadero con él mismo.

Antes tenía una lista de sueños por cumplir demasiado grande, y terminé reduciéndolo en un puñado mucho más esenciales. Creo que escribir sobre esta rutina hace que quede mucho más claros que el ego domina lo que uno hace.

Cómo escribir un día perfecto

Se trata simplemente de pensar en qué pinta tiene mi día perfecto. Se tiene que escribir con el máximo detalle posible, para hacerlo lo más vívido que se pueda. Siendo específico y claro.

No hay que dejar que nada me tire hacia atrás para visualizar cada segundo desde que me levanto hasta que me voy a dormir.

Lo que me pregunto cuando escribo algo similar a esto es, en el caso de tener toda la libertad (tiempo y dinero) del mundo, qué querría.

Me ha sorprendido más de una vez encontrarme que no quiero cosas que cuando era un adolescente me pensaba que quería.

No quiero cambiar el mundo o la historia, ni siquiera ser recordado por desconocidos, sólo por un puñado. Por esto salió la idea no sólo de escribir mi día perfecto, pero también de estos textos que ahora, alguien que no soy yo están leyendo.

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Mi día perfecto
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