Al principio de leer sobre la filosofía estoica, pensaba que se trataba de gente sin sentimientos. Que pasara lo que le pasara, sudaban completamente de los eventos de su alrededor.

No fue hasta que empecé a leer el diario Meditations de Marcus Aurelius que me di cuenta de que estaba equivocado.

Esta corriente de pensamiento trata de (como lo pone Seneca) controlar y separar. Saber identificar aquellos sucesos de los que tengo cero poder con los que realmente puedo tomar decisiones de la vida.

Pero saber identificar lo que no puedo controlar, ¿me lleva a poder tomar mejores decisiones de la vida?

Supongo que con tanto pensamiento abstracto, hemos perdido el norte y un instinto tan natural como el presente se nos ha nublado pensando siempre en el futuro.

vaca estoica

Al parecer, las vacas siguen las recomendaciones de Seneca cuando llueve…

Cuando pierdo un trabajo, no apruebo el examen, me deja mi pareja o discuto con alguien, viene esa sensación de tristeza, rabia o cualquier pensamiento “negativo”. ¿Puedo realmente decidir si no quiero sentirme así?

Mi madre y la herencia

Mi madre decidió usar el dinero de una herencia para ponerlo a invertir en algo que le había recomendado mi tío.

En esas épocas yo no estaba metido en fondos indexados ni en ningún tipo de educación financiera, si no, le hubiera dicho que no lo hiciera…

El caso, es que durante más de un año que tubo el dinero ahí. Perdió un 8%.

Algo que mi madre hacía muy bien era no mirar lo que había en el fondo, por lo que no tenía ni idea de si su inversión subía o bajaba. Pero cuando decidió que iba a usar esos euros para pagar parte de una casa y tubo que sacarlos, no pudo dormir en dos días.

Ese porcentaje que perdió no fue tanto, ¿no? además, era un dinero que ella “no había ganado”, si no que le había venido “de regalo”.

Aún así, no pudo evitar preocuparse y arrepentirse de esa acción que alguien le había recomendado, pero… ¿Hubiera podido sentirse mejor de alguna forma?

Si hubiera leído a Seneca o el hecho de que yo no parara de decirle que ya no podía hacer nada al respecto, ¿realmente hubiera podido controlar lo que sentía?

Yo, aviones y el problema de decidir

He volado en estos pájaros metálicos decenas de veces. Aunque me digan que es el transporte más seguro que existe, no puedo evitar asustarme tanto en el despegue como en el aterrizaje.

Me agarro al asiento delantero intentando no parecer un loco que está rezando a Zeus que no nos estrellemos.

Tal vez ahora lo que me da más rabia de todo es el hecho de no ser yo quien pilote el avión. Como cuando vamos en el coche de un amigo y desearíamos que fuéramos nosotros los que conduciremos.

Necesitamos ese control en nuestra día a día, pero nos falta saber identificar qué decisiones de la vida podemos tomar.

Lo tengo presente. Ya estoy dentro y no puedo controlar lo que le pasa al avión, es cosa del piloto, los controladores y algún que otro factor al que yo no hacer más que rezar a algún Dios de los que hay.

no tienes poder

El problema es que mi cabeza lo sabe, pero no se lo termina de creer.

No sé si habrá algún día en que caeré en picado, y entonces mi cerebro me dirá “vale, pues tenías razón, no podemos hacer nada”. Tal vez entonces me callaré, cerraré los ojos y aceptaré mi destino.

Pero para entonces, ¿cómo puedo demostrarme que algunas decisiones de la vida son incontrolables por mi parte?

El problema con ese tipo de dilemas y hechos abstractos que suenan tan bien en nuestras mentes, es que por mucho que leamos al respecto, no pueden cambiar lo que sentimos.

Dicen que si nos ponemos un lápiz en la boca, inmediatamente nos sentimos más felices. Puede que sea verdad, pero tal vez sí me lo pongo cuando estoy triste o enfadado, no haría otra cosa que romperlo con los dientes. O en el mejor de los casos, que esto no me haga sentir mejor.

Vivir más = tomar mejores decisiones de la vida

Normal que Marco Aurelio tuviera una voluntad de hierro y realmente creyera todo lo que escribía en su diario sobre las decisiones de la vida. Al hombre se le murieron hijos en batalla, lucho contra Germania y vivió lo que cualquier hombre de hoy no nos podemos imaginar.

Por esto hay documentales y libros sobre él.

Si mi avión se cae del cielo pero me salvo, tal vez entonces experimentaré por completo la falta de control y la aceptaré.

Hasta entonces, lo que puedo hacer es alegrarme cada vez que aterrizo, pero he comprobado que el miedo y la inquietud al subirme no lo acabo de controlar por muchos billetes que compre.

No hacer nada “es lo fácil”

Cuando el tren viene una hora más tarde de lo que sale en el horario, grito aunque mi voz no cambiará que yo vaya a llegar tarde. Cuando me miro en el espejo y me digo que ojalá fuera más guapo, cuando esto es lo que se me ha dado. Cuando alguno de mis nuevos negocios pasivos fallan, me desespero

Este sólo es el camino más fácil. Los que tiran hacia adelante son los que entienden (a nivel consciente o subconsciente) que cubrirnos la cabeza o taparnos los ojos no hará que lo que ha pasado, hecho queda.

La decisión más importante: identificar

Y si vivirlo es difícil, un primer paso que si intento aplicar diariamente, es al menos identificar qué siento y si tengo control sobre ello.

El tren viene tarde y llegaré tarde: me sigue dando rabia pero sé a ciencia exacta que es algo que no podía predecir. Me siento frustrado. Es algo en lo que no tengo control. Pero joder, qué rabia.

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#1. Decisiones de la vida
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